Opinión

Los nueve errores de Netanyahu

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Nazanin Armanian

Por Nazanin Armanian

Analista política y traductora persa y dari

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Realizar un acto de campaña electoral en un país extranjero repitiendo una y otra vez el mismo discurso paranoico (en palabras de algunos ex jefes del Mossad) sobre Irán, en vez de ocuparse de los graves problemas de la población israelí: al regresar de Washington, la veintena de ovaciones que recibió Netanyahu en el Congreso estadounidense se habían convertido en manifestaciones de miles de ciudadanos que le criticaban ya no solo por querer correr una cortina de humo sobre problemas como la vivienda, la subida de los precios, el desempleo, la situación de pobreza de los habitantes de las urbes periféricas, los asuntos de paz con los países vecinos, sino también por haber destrozado las relaciones estratégicas con el presidente de su principal valedor económico, militar y diplomático por fines partidistas. Mirad la respuesta del primer ministro israelí: “Cuando hablamos de la carestía de la vida, no olvido por un momento la vida misma. El desafío más grande a nuestras vidas es que Irán no posea armas nucleares". La campaña del miedo no funciona. Los trabajadores israelís son el nuevo actor que ha entrado en el escenario ante el asombro de los actuales dirigentes del país. La oposición, que acusa a Netanyahu de ser responsable del aislamiento internacional de Israel, de alarmista y de exagerar con el peligro iraní (en palabras del ex general Kulanu Yoav Galant), le recordaba con ironía que ahora que no ha conseguido participar en las negociaciones internacionales con Irán y si realmente "el objetivo está en Teherán" ¿por qué ha ido a Washington, teniendo bajo su mando a uno de los ejércitos más mortíferos del mundo?

Netanyahu, que podría haber ido al Congreso para agradecerle sus favores incondicionales y conseguir los vítores que buscaba, se empleó a fondo para meter el dedo en el ojo a Obama (hace tres años, en otro error, el primer ministro israelí apostó públicamente por el candidato Mitt Romney en las presidenciales de EEUU), aparentemente, por el acuerdo que está a punto de cerrarse con Irán. En vez de dirigir las mismas descalificaciones al grupo negociador 5+1 (Francia, China, Rusia, Gran Bretaña y Alemania), que posiblemente hubiese provocado una crisis diplomática mundial, se lanzó a la yugular de la víctima atrapada y débil. Atrapada por el hecho de que los presidentes de EEUU (y del resto del Occidente) se han convertido en rehenes de Israel y no pueden devolverle el golpe; y débil porque estaba jugando en su terreno: el Congreso y el Senado están bajo el control del Likud estadounidense, quienes pensaban que agredir a Obama iba a ser muy rentable para ambos.

Si pensaba que el apoyo militar de los republicanos a una agresión israelí a Irán es automático e incondicional, es que Netanyahu no se acordaba que hasta el propio George Bush rechazó en mayo del 2008 la solicitud de Ehud Olmert para tal osadía.

No ha valorado que Obama, pese a sus discrepancias, sigue manteniendo el paraguas diplomático y militar valorado en 3.000 millones de dólares anuales. ¿Y si, de repente, el jefe de la superpotencia reconoce la existencia de las bombas atómicas  de Israel? Tel Aviv perdería por las leyes estadounidenses las ayudas que recibe, tendría que firmar el nuevo Tratado de No Proliferación Nuclear y, lo que es peor, no podría exigir a los países de la región, incluido Irán, mantenerse lejos de las bombas hongo.

No contó con la astucia de Obama para dejarle en evidencia. Si el acuerdo con Teherán es malo, ¿cuál es la alternativa de Netanyahu? Ya que el primer ministro de Israel en ningún momento pidió al Congreso aumentar las sanciones contra Irán, obviamente se refería a convertir Irán en otro Irak, Libia o Siria, sin atreverse a pronunciar la palabra maldita: guerra. ¿No estará pidiendo el político judío una Die Endlösung ─solución final─ para Irán? En víspera de las elecciones presidenciales del 2016 y ante una opinión pública estadounidense que apoya la política de Obama respecto a Irán (incluida la mayoría de los judíos, quienes incluso están en favor de la creación de un Estado palestino), muchos republicanos, ante la incertidumbre de la reacción de no solo del Gobierno de Teherán sino de toda la nación iraní, prefieren seguir con la guerra económica y la ciberguerra para reducir a esta potencia regional.

Netanhayu ha conseguido poner en riesgo el sólido apoyo bipartidista estadounidense a Israel, con la mala idea de forzar a los demócratas a elegir entre Obama e Israel, estrategia que motivó el desplante de unos 50 diputados demócratas al jefe del Ejecutivo israelí, enfurecidos por romper el protocolo, insultar al presidente del país y por mentir sobre el acuerdo. Además, según las encuestas, la base demócrata que cada vez es menos blanca y más joven, muestran simpatía hacia la causa palestina.

Tampoco esperaba que Irán, después de su provocativo discurso, anunciara más flexibilidad en los detalles técnicos del acuerdo, que sí legitima su programa nuclear. Netanyahu fracasa en sabotear el acuerdo, cuya firma podría ser inminente, y también en impedir que se ponga fin a demonizar a Irán. Las empresas occidentales están ansiosas por volver a su codicioso mercado.

El líder hebreo se equivoca sobre las intenciones de Obama respecto Irán: él no busca en Irán un aliado, sino un cliente y, por ello, la opción militar seguirá encima de la mesa.

Sabe que Irán no puede fabricar bombas nucleares: carece de tecnología, conocimiento y materiales necesarios, bajo el dominio exclusivo de los países del club nuclear (a los que a ninguno le interesa colaborar con Irán). Varios expertos nucleares iraníes fueron asesinados, una de sus centrales fue atacado por el cibervirus Stuxne, los precios politizados del petróleo siguen por los suelos. Además, las sanciones económicas y financieras impuestas por EEUU y la ONU han reducido sus fondos y han cambiado sus prioridades y, por ultimo, las amenazas militares, la destrucción de Irak, Libia y Siria, y su pedagogía del terror a diario. Es más, aunque puedan fabricar una primera bomba nuclear, las autoridades del país son conscientes de que también podría ser la última: Irán está rodeado de bases militares de la OTAN y por cientos de bombas nucleares por todos sus costados. Por lo que, entre otros motivos de naturaleza interna, ha decidido junto con las potencias mundiales evitar la guerra.

Nazanin Armanian

Analista política y traductora persa y dari

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