Opinión
Los ocho motivos por los que Irán vincula al Líbano al acuerdo con EEUU

Por Nazanin Armanian
Analista política y traductora persa y dari
¿Por qué la Teocracia Chiita de Irán (TCHI), duramente golpeada durante la guerra, arriesga el Memorando de Entendimiento (Mou) con EEUU, condicionandolo en su primero punto a la paz en el Líbano, que se encuentra bajo intensos ataques del régimen fascista de Israel? ¿Por qué no incluyó también a Gaza y Cisjordania donde el genocidio palestino continúa? ¿Es porque los gazatíes son sunnitas y no le incumbe? ¿O pretende salvar a millón y medio de chiitas libaneses sacrificando a los 75 millones de iraníes chiitas?
¡No, aquí no se trata ni de solidaridad ni de religión! Se trata de Hezbolá y no de los libaneses, ni siquiera de sus chiítas.
La Caquistocracia chiíta es el principal opresor y asesino de los chiítas del mundo: desde 1978 ha detenido y torturado a cientos de miles de personas de esta corriente del islam en el propio Irán y ha ejecutado de todas las maneras posibles a decenas de miles
Todo el mundo sabe que Netanyahu no respeta ningún acuerdo: entre noviembre de 2024 y 2025, la fuerza de paz de Naciones Unidas en Líbano, FINUL documentó más de 10.000 violaciones israelíes del alto el fuego que había firmado con Hezbolá.
Por otro lado, que Donald Trump haya aceptado esta condición se debe a: 1) la "diplomacia de emergencia", es decir, la necesidad de salir pitando del pantano del Golfo Pérsico en la víspera del mundial de fútbol; 2) a los elevados precios de los hidrocarburos para su electorado y 3) a que "ahora todo el mundo odia a Israel" por la matanza de los libaneses, como había reprochado al propio Netanyahu en una conversación telefónica. Y la solución que propone al problema libanés no puede ser más trumpiana: que sea el presidente alqaedista de Siria quien le haga el trabajo sucio a Israel, acabando con Hezbolá.
Los motivos de Irán
En el marco del choque entre la facción Pro Acuerdo y la Anti Acuerdo de la teocracia, el debate gira alrededor de lo que debe ser la prioridad del régimen para salvar sus restos: ¿apaciguar el enorme descontento popular mejorando la economía con la paz con EEUU, o mantener a los grupos armados en la región como garantía de la supervivencia de la TCHI, a pesar del fracaso del anillo del fuego o el "eje de resistencia" creado alrededor de Israel para que hiciera de carne de cañón distrayendo al Estado judío, para proteger a los ayatolás en Teherán?
Aunque el Líbano fue una de las decenas de satrapías ("gobiernos autónomos" en persa) del imperio Aquemendia entre 550 y 330 a.C., y una de sus rutas comerciales por el Mediterráneo, en los tiempos de Pahlavi los capitalistas iraníes invertían en Beirut, apodado "La Novia del Oriente", y la izquierda iraní pudo aprender de sus colegas palestinos las técnicas de la guerra de guerrilla.
A 1.600 kilómetros al noroeste del estrecho de Ormuz (nombre de la divinidad de la religión de Zaratustra), y un año después de que Jimmy Carter instalara en 1978 al yihadismo anticomunista chiíta en Irán y su versión sunnita en Afganistán, ambos vecinos de la Unión Soviética, el ayatolá Jomeini se puso a eliminar a las fuerzas progresistas, no sólo de Irán sino donde pudo en toda la región: en el Líbano patrocinó al movimiento chiita de Amal y creó a Hezbolá (que es la rama libanesa del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica, el CGRI), para borrar del mapa a los comunistas y nacionalistas palestinos, e islamizar la causa de este pueblo, desviándola hacia la liberación de la mezquita, Al Quds, del yugo de los judíos, con la vida de civiles palestinos y libaneses como ofrenda.
Hoy, con los líderes del llamado "eje de resistencia" (Siria, Hamas, Hezbolá e Irán) fugados o asesinados por Israel y EEUU, el escenario ha cambiado radicalmente.
Bagher Ghalibaf, el negociador de la TCHI con EEUU y un veterano agente de las fuerzas de represión del fascismo islámico, al que el caudillo Ali Jamenei impidió una y otra vez que cumpliera con su sueño de ser el presidente de la teocracia, y que ahora prácticamente ha sustituido a aquel déspota. Ha encontrado una solución salomónica para reducir la presión de los ultras que le acusan de negociar con el asesino de su Líder Supremo: hablar de la paz en el Líbano e ignorar los ataques de Israel.
Los pro acuerdo creen que los costes de mantener a Hezbolá ya superan los beneficios. Pues la guerra de la TCHI contra Israel es religiosa y el Líbano forma parte del proyecto del “imperio chiíta”, del que también hizo participar a los hutíes (talibanes) yemeníes, para hacerse con este estratégico país árabe que estaba bajo el dominio de los jeques sunnitas de Arabia saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Tras la guerra contra Irán, vuelve a ser su patio trasero absoluto. Por cierto, durante los ataques a Irán, esos hutíes oportunistas “del eje de resistencia”, al ver el hundimiento de los ayatolás, pactaron con los saudíes para mantenerse al margen.
Los anti acuerdos, por su parte, siguen intentando salvar a Hezbolá, para:
Utilizarlo como el último bastión de la TCHI en el Mediterráneo oriental, ahora que ha perdido a Siria y Gaza.
Desde el Líbano, un Estado fallido, poder presentarse como la autoridad que decide el destino de toda la región.
Aumentar el costo de las futuras acciones militares de Israel o de EEUU contra la TCHI. Los Sun Tzu del CGRI creen que pueden derribar los cazas F-22 Raptor y F-35 Lightning II estadounidenses con un ritual de vudú y la venia de Dios.
Mantener las inmensas inversiones de los ayatolás y los generales corruptos del CGRI en el Líbano en sus negocios particulares. La entidad financiera "Gharz al-Hasaneh", de la familia de Don Alí Jamenei, es el dueño de hospitales y escuelas afiliadas a Hezbolá, varios centros culturales, una escuela teológica, el periódico "Al-Akhbar" y los canales televisivos "Al-Manar" y "Al-Mayadeen", así como la gestión del aeropuerto internacional de Beirut. La táctica caridad- asistencialismo (utilizada también por el Opus Dei y la Hermandad Musulmana) forma parte de las políticas populistas de la extrema derecha islámica para impedir un Estado democrático y social. Obviamente, los ayatolás no podían crear un estado chiita (con el velo, latigazos, lapidación y la horca y prohibir sindicatos y partidos) en el Líbano donde esta comunidad es una más de las 18 confesiones legales y frente a una contundente presencia de Francia, Israel y los países sunnitas.
Preservar la credibilidad regional de la TCHI para que no le acusen de abandonar a sus aliados. Un sector de Hamas aun no ha encontrado explicación a por qué el CGRI no les prestó logística durante el ataque de Tormenta Al Aqsa del 7 de octubre de 2024 a Israel, y después de la dura respuesta de Netanyahu no abrió un frente desde el Líbano y desde Irán para proteger a los palestinos: simplemente desapareció del mapa.
A pesar de que no le ha servido para impedir los ataques de Israel contra Irán, la TCHI sigue considerando al Líbano su "profundidad estratégica".
Presionar a EEUU y Francia para satisfacer sus demandas, utilizando a los grupos chiítas del Líbano a sueldo del CGRI. En toda la región, cerca de medio millón de hombres lumpen, de extrema derecha, fundamentalista y armados, trabajan de mercenarios al servicio del mejor postor, sin abandonar su forma de financiación autónoma, con el contrabando del petróleo y otros productos, inmunes a las sanciones que sí sufren los trabajadores.
Cambios drásticos en el Líbano
El gobierno libanés, tras la desaparición de la cúpula del poder de la TCHI en Teherán, ahora sí que se atreve a condenar la injerencia de los ayatolás en los asuntos de su país, protestando contra la exigencia de Irán de la retirada israelí del Líbano en el MoU. Ahora, se acerca a Tel Aviv con la velocidad de la luz, y hasta se ha negado a acreditar al nuevo embajador de Irán en Beirut.
Hezbolá, mientras, no explica que si es, como afirma, un partido nacional, que no al servicio de una potencia extranjera, ¿por qué el día del asesinato de Jamenei lanzó misiles a Israel, provocando la invasión y el bombardeo del régimen criminal de Netanyahu, que causó la muerte de cerca de cuatro mil civiles y el desplazamiento forzado de más de un millón de libaneses? No hubo ni pizca de inteligencia en esta acción, sino una simple venganza ciega y tribal propia de las guerras religiosas del medievo.
Lo que busca Israel
Netanyahu está encantado con el regalo de Ghalibaf: su plan en el Líbano, en estos momentos, no es conquistar territorio, sino sabotear el MoU. Desea que los anti acuerdo ultras y radicalizados de Irán lo rompan por el Líbano. Este sector, ni siquiera durante la guerra de 12 días (junio del 2025), de cuando Jamenei aún estaba vivo, se atrevió ni atacar Israel ni cerrar el estrecho de Ormuz, provocando el bloqueo de todos los puertos sureños de Irán y causando un daño mortal a la economía agonizante del país.
El Estado de Israel ha pasado de la disuasión de Hezbolá a destruir Irán. Ante la propuesta del gobierno libanés, del desarme de este grupo y su conversión en un partido político, Israel exige su disolución, con la vista puesta en un nuevo y mortal ataque a Irán ya preparado bajo el santo y seña de la “Operación Blanco y Azul”, como revela el ministro de Defensa de Israel Katz, para derrocar al régimen islámico.
Aún está en la memoria el atentado con dos camiones bomba contra los cuarteles de EEUU en Beirut en octubre de 1983 matando a 307 militares estadounidenses, franceses y decenas de civiles, atribuido a los islamistas. Según el exagente del Mossad Victor John Ostrovsky, su agencia tenía información precisa sobre el lugar y el momento en el cual se produciría el atentado, pero la ocultó a EEUU. Luego, el 8 de marzo de 1985, la CIA, en colaboración con los saudíes, hizo estallar un coche con 200 kilos de dinamita para asesinar al jeque Mohammad Hussein Fadlallah, el líder de Hezbolá. Dejó unas 360 víctimas entre muertos y heridos, incluido niños. Actores sin escrúpulos que muestran cómo la extrema derecha islámica y judía se retroalimentan.
Líbano ha sido el laboratorio de todo tipo de atrocidades, incluidos "atentados electrónicos". En septiembre de 2024, la teocracia medieval de Israel, equipado con la última generación de material bélico, hizo estallar miles de bípers, buscas y walkie-talkies de los simpatizantes de Hezbolá en Líbano y Siria, dejando al menos 3000 víctimas, entre muertos, mutilados y heridos.
Oriente Próximo necesita apartar a los grupos y movimientos religiosos, todos reaccionarios, clasistas, misóginos y belicistas, del escenario político, promover los lazos de solidaridad entre sus pueblos y formar un movimiento antimilitarista para pacificar la región.


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