Opinión
Omertá para Mariano
Por David Torres
Escritor
La clave de la reunión a puerta cerrada entre Mariano, lo que queda de gobierno y los presidentes autonómicos socialistas es que no ha pasado nada. "No se ha hablado de política" han comentado a la prensa algunos de ellos tras unirse al resto de invitados en la recepción del Palacio Real. El hecho de que estuvieran, por un lado, Susana Díaz, Francina Armengol, Guillermo Fernández Vara y Javier Lambán, y por el otro los funcionarios en funciones da bastante credibilidad a la hipótesis del silencio. Es difícil pensar que toda esta gente tuviera algo nuevo que decirse, cuando ya se lo han dicho todo. Corrían el riesgo de que cualquiera de ellos desbaratase la posibilidad de la investidura mariana apenas uno abriera la boca.
"Lo mejor que puedo hacer es estar callado" ha dicho Mariano, un sincero reconocimiento de sus limitaciones que llega unos cincuenta años tarde. "No debo hablar" insistió, y por un instante los asesores le hacían señas de todo tipo, cortándose y cosiéndose los labios, advirtiéndole del peligro que corre. Después de media hora en completo mutismo, los líderes de ambos partidos comprendieron no sólo que había muchas posibilidades de colaborar en perfecta armonía, sino que llevaban varias décadas haciéndolo.
A lo largo de los años, la relación entre el PP y el PSOE ha sido igual que una de esas amistades inglesas que, como explicaba Borges, "empiezan por excluir las confidencias y muy pronto omiten el diálogo". A menudo el amor empieza así, con una belleza imponente o un tipo musculoso apalancados en la barra del bar, irresistibles a la vista pero que la pifian en cuanto dice dos palabras. Una amiga mía me contó que el secreto de la longevidad de su matrimonio es que a su marido no le hace ni caso. Ni siquiera reconoce su voz por teléfono. "El día de la boda" puntualizó, "le aconsejé que en vez de decir sí, moviera la cabeza".
"Tengo la sensación de que me entienden más fuera que dentro", dijo alguien después de la reunión. Es una observación que unos medios atribuyen a Francina Armengol, la presidenta de Baleares, y otros a Javier Fernández, el ilustre fontanero mayor de Ferraz, pero la verdad es que ayer la podía haber dicho cualquiera, incluidos el presidente en funciones de maniquí, Susana Díaz, la reina Letizia y el monarca Felipe VI. Especialmente cuando los adverbios ("fuera" y "dentro") pueden referirse tanto al PSOE como al PP, que son lugares que cada día cuesta más diferenciar uno de otro. Lo que al parecer sí que dijo el fontanero Fernández fue esto: "No he hablado con Rajoy. Hay mucha gente. Mi esperanza ahora mismo es poder irme". Pedro Sánchez también comentó más o menos lo mismo.
En cualquier caso tiene mucho mérito decir lo otro, eso de que le entienden a uno o a una más fuera que dentro, después de permanecer treinta minutos callados como puertas. Ya sabíamos que en el PP la omertá es una forma de vida, pero en el PSOE también se les va la mano con la ley del silencio. De seguir esta sana costumbre de no hablar nada de política y dar la callada por respuesta, el próximo congreso psocialista podría celebrarse por señas en un submarino nuclear y las sesiones parlamentarias tener lugar en un convento de clausura. De lo que no se puede hablar, hay que callar, decía Wittgenstein. Yo, como el PSOE, me abstengo.
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