Opinión
El partido que no mira a las mujeres

Periodista y escritora
-Actualizado a
A estas alturas, ya nos ha quedado suficientemente claro a todas quiénes eran los amigos de Sánchez que se sentían "incómodos" con un feminismo que el presidente llegó a calificar "de la confrontación". Esos amigos, con los que el presidente se llegó a identificar, son los que purgaron el partido de todo lo que oliera a feminismo en lo referente a personas, ideas y maneras, sobre todo maneras. Ese mismo presidente es quien lidera ahora una "respuesta" a la crisis en la que no presenta ni una sola medida que corrija la deriva machista y violenta de un PSOE al que muchas mujeres ya no reconocen. Entre otras, aquellas que creyeron que la Ley de Igualdad impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero marcaba un hito después del cual solo cabría avanzar en derechos e igualdad.
Los amigos de Sánchez, con Sánchez a la cabeza, se ocuparon de eliminar dichas esperanzas. Aquellas palabras del presidente sobre sus "amigos de 40 y 50", que para algunas se quedaron en un chiste, marcaban un camino a la ruina. Era evidente, pero hubo quien se negó a darle la importancia que tenía, porque andaban persiguiendo algo que les parecía más urgente: aquello coincidió en el tiempo, y qué poco nos acordamos, con el anuncio al veto de Irene Montero en la coalición de Sumar. Nada es casual en política. Se trataba de dar un portazo a las políticas feministas del anterior Ministerio de Igualdad desde todos los frentes. Se hizo, y en aquel séquito en el que avanzaban del brazo Sánchez y Yolanda Díaz, las damas de honor eran Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Koldo García e Íñigo Errejón. Ay, qué clara queda esa foto a estas alturas.
El pasado miércoles, escuché con atención la comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados. Con atención y curiosidad, porque estaba convencida de que Sánchez se sacaría del sombrero una nueva fantasía que mantuviera a los medios, al menos durante unos días, debatiendo sobre qué había sucedido. Esa había sido hasta ahora probablemente la mayor habilidad de Sánchez y su equipo: la sorpresa con un toque de excentricidad, como el tour en coche por las Españas o el retiro de meditación. Son cosas que gustan, porque la política, para la izquierda, se ha convertido en una sucesión monótona de pequeñas decepciones, y esos gestos aportan una dosis de extravagancia que nos permite recordar lo que era la imaginación.
Pero a medida que Sánchez iba detallando su tedioso rosario de medidas contra la corrupción —que sonaban a conocidas, a viejas, a brindis al sol y a nunca jamás—, me di cuenta de que esta vez iba a ser diferente. Que Sánchez no se iba a sacar ningún conejo de la chistera porque ni tenía conejos ni se había traído el sombrero. Nada. Fue una comparecencia donde no había nada que solucionar porque nadie había querido mirar el problema a la cara. Sigo estupefacta.
El pasado 17 de junio, el presidente del Gobierno anunciaba que comparecería en el Congreso el 9 de julio, es decir, que se iba a tomar su tiempo, nada menos que tres semanas, para dar respuesta a la crisis abierta en el PSOE y el Gobierno por el caso del trío Koldo, Ábalos, Cerdán. Sin duda era mucho tiempo, pero quién sabe si de ahí iba a nacer una nueva estrategia para mantener a raya a la extrema derecha o que al menos nos tuviera entretenidas una temporada. Así que esperamos pacientemente, con un ligero picor de curiosidad —el silencio en la pista de circo antes de la salida del equilibrista— a que llegara el día 9. Y el día 9 llegó, y para nuestro pasmo las tres semanas que el presidente nos había tenido sentadas mirando a la pista vacía no dieron su fruto. Ni bueno, ni malo, ni regular: ninguno.
Claro que el presidente enumeró algunas "medidas contra la corrupción", pero es que el verdadero problema del PSOE, al menos por ahora, no es la corrupción, sino el machismo. La sangría de votos no le vendrá al partido por la parte de la corrupción, sino por la de las mujeres. ¿Qué no han entendido de esto? ¿Por qué en las tres semanas que el presidente se ha tomado para responder nadie se lo ha contado? ¿Dónde están las mujeres del PSOE que no le pegan una buena sacudida a este desastre? Pues muchas de ellas, purgadas por Cerdán, ante la pasividad de Sánchez y, dicho sea de paso, de Carmen Calvo.
Lo primero que tiene que hacer un partido cuando se le abre una brecha es frenar la hemorragia. De primero de política. Pero sucede que, cuando la hemorragia tiene que ver con las mujeres, siempre es mejor no mirar, algo que en el Partido Socialista empieza a resultar muy preocupante. El mayor escándalo ligado al caso Koldo-Ábalos-Cerdán tiene que ver con las mujeres, con "la Ariatna", "la Colombiana" y Carlota, que "se enrolla que te cagas". Y también con el nombramiento —que finalmente no fue— de Paco Salazar como adjunto a la Secretaría de Organización, cuyas prácticas machistas y de acoso sexual eran "un secreto a voces", según las propias socialistas.
A la hora de sentarse para preparar la comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso, a su equipo le pudieron pasar tres cosas: que no fueran conscientes de lo anterior, que no supieran cómo afrontarlo o que renunciaran a hacerlo. Las tres son lo suficientemente graves como para diagnosticarle al PSOE una convalecencia crítica.
Seríamos idiotas si creyéramos que el equipo del presidente no se enteró del grave problema que se le ha abierto con las mujeres del partido, las militantes y, por encima de todo, las votantes en general. Demasiado putero, demasiada misoginia, demasiada mujer cesada por Cerdán y muchos cientos de titulares. No deberíamos ser ni parecer idiotas, así que partiremos de la base de que sí, en el equipo de Sánchez eran conscientes de la brecha que se les ha abierto por la parte femenina. Entonces quedan solo dos posibilidades: no saber cómo atajarlo o renunciar a hacerlo. Me inclino por la segunda.
Cuando la tradición secular es no escuchar a las mujeres, resulta difícil cambiarlo de un plumazo, reaccionar como la situación merece. Estos días he hablado con varios hombres del PSOE, y solo puedo ofrecer una triste conclusión: no serán ellos quienes miren a las mujeres, quienes las escuchen o quienes tomen medidas. En fin, lo mismo que viene haciendo Pedro Sánchez, entonces acompañado de sus amigos de 40 y 50 y ahora ya en soledad. Alguien podría decir que no saben, cosa que puede ser cierta. Pues si no saben, que aprendan o se aparten. Nos va mucho en ello, nada menos que un Gobierno de extrema derecha. No debería fiarse la construcción de nada a quien se ha ocupado de su destrucción.
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