Opinión
Pedro Sánchez y sus espías 'wasaperos'
Por Anibal Malvar
Periodista
El mundo del espionaje es fascinante hasta que conoces a unos cuantos espías. En mi disparatada trayectoria literaria y periodística he conocido a unos cuantos, casi todos militares o exmilitares. Una vez, hasta me infiltraron en un acto clandestino de Grapo junto a mi compañera de batallas narco-reporteras Elisa Lois (la periodista que difundió en El País las fotos de Alberto Núñez Feijóo con Marcial Dorado). Una de nuestras fuentes en la Guardia Civil nos pidió que buscáramos la forma de meternos en el acto de recepción del que fuera jefe de la comisión militar del Grapo, Fernando Hierro Chomón, que acababa de cumplir veinte años de cárcel. Nos resultó fácil, porque yo había hecho amistad con varios ex grapo por una novela que andaba preparando y algunos reportajes. Era Vigo y 1998, y nos pareció enormemente divertido el hecho de que ni inteligencia ni Guardia Civil tuvieran infiltrados en una de las cunas de la banda terrorista. Dejó de parecernos tan divertido apenas dos años después, cuando Grapo asesinó en la misma ciudad a dos conductores de un furgón blindado en espectacular atraco. Hierro Chomón, en aquella recepción, se había mostrado dispuesto a “echarse otra vez al monte”, como bien informamos tras nuestra misión de espías subcontratados sin paga.
Vuelvo a estos recuerdos ahora que conocemos que el Centro Nacional de Inteligencia informó por wasap a la Delegación del Gobierno en Ceuta de la posible arribada de 80.000 personas con un balance de 80 muertos, según prudentes estimaciones. Por wasap se citan los adolescentes para un botellón. Me parece impropio de un espía informar de una posible avalancha mortal de seres humanos a través de tan poco discreto vehículo comunicacional. Vaya espías. Ni siquiera los amantes infieles usan ya el wasap, pues los pillan seguro.
No sabe uno discernir si estos espías wasaperos actuaron así por inepcia o mala fe, pues es evidente que el gran damnificado por la imagen del CNI es el máximo responsable de algo tan sensible como la inteligencia patria: o sea, Pedro Sánchez.
Periodistas malicieros andan propalando por ahí que el CNI, junto a Policía y Guardia Civil, está infestado de agentes entusiasmados por derrocar el sanchismo e instaurar en España un gobierno fascio-popular cuanto antes. Se sienten impunes, como los jueces. De momento, por la crisis de los wasaps solo ha caído un cargo político: el dimisionario o dimisionado Gonzalo Sanz, jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno que recibió los mensajes. A los espías que mandaron los mensajitos –esperemos que sin simpáticos emoticonos- nadie les ha pedido responsabilidades.
Con una sofisticada arma de espionaje israelí bautizada como Pegasus, el Reino de Marruecos sustrajo información confidencial de los teléfonos de Pedro Sánchez, según apuntan todos los indicios, avalados incluso por un grupo de investigación del Parlamento Europeo en 2023. Sin embargo, el Gobierno de Pedro Sánchez insiste en exculpar al sátrapa Mohamed VI de connivencia con esta invasión de vulnerables desarmados. Y, contra Pegasus, utiliza el wasap. Fascinante.
Insinúan las derechas mediáticas y políticas que, gracias a Pegasus, el monarca marroquí compiló información sobre nuestro presidente con la que le está chantajeando. Podría ser. Pero me sorprende, como aprendiz de espía, que nadie haya reparado en lo que pueda saber Mohamed VI sobre nuestros adorados borbones.
El maniobrero, no convicto pero confeso, Juan Carlos I llamaba hermano a Hassan II, anterior monarca marroquí. Y Felipe VI –segundo beneficiario de la opaca cuenta Lucum en el banco suizo Mirabaud- hace lo mismo con Mohamed VI. Cuesta creer que estas dos hermanadas y nada ejemplares dinastías no hayan compartido algún negociete. ¿Será eso lo que está protegiendo Pedro Sánchez? A lo mejor el CNI debería intentar investigarlo vía wasap, como tiene por costumbre. Sería divertido si no fuera por los muertos. Por las terribles víctimas de esta invasión de carne vulnerable. Como dicen los ingenios de las redes, qué pena de mundo le estamos dejando a la inteligencia artificial.
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