Opinión
Pensarnos o no pensarnos
Por Marta Nebot
Periodista
Querido lector:
Imagíname tecleando a ciegas. Escribo sin ver para los que ya habréis visto. Cuando leas esto tendrás las respuestas a mis preguntas. Habrá empezado ya la tempestad o seguirá amenazando la tormenta.
No sé si votaremos dentro de 54 días. Sí, que Maricarmen y la movilización en las calles nos han obligado a pensarnos mejor, a mirar a este país rico con otros ojos, a exigir más a la política.
Pase lo que pase es el momento de la rabia. Salisteis a la calle y conseguisteis unos decretos de emergencia, un torniquete para la hemorragia. El abuso es tan brutal que os apoyaron a derecha y a izquierda. El Gobierno en minoría respondió a la exigencia y en el Congreso la apoyaron a diestra y siniestra los unos y los otros ¿con más cabeza?, ¿con más corazón?, ¿con más sentido de Estado?, ¿con una idea más esperanzadora sobre su electorado?
Sin olvidar que la competencia en vivienda es autonómica, que la ley de vivienda que destensa el mercado inmobiliario del alquiler solo la disfruta el 20% del territorio porque el PP simplemente no la aplica, que desde que el PSOE llegó al Gobierno los desahucios han bajado a la mitad –aunque sigan siendo demasiados–, que lo que el Gobierno progresista hizo en pandemia para proteger a los vulnerables no lo hubiera hecho ningún otro Gobierno, que ya se había intentado aprobar el escudo antidesahucios en el Congreso en febrero y en abril de este año, sin olvidar nada de todo lo sucedido, lo cierto es que este Consejo de Ministros podía hacer más y in extremis volvió a intentarlo.
No hemos conseguido el escudo antidesahucios para que no haya más Maricármenes al menos hasta 2030, ni el parche de dos años de prórroga para los alquileres, ni parar la jungla del arrendamiento de temporada y de habitaciones, ni poner algún freno a los fondos buitre que infectan este mercado crucial, ni la entrada de 50.000 euros sin intereses a 30 años para la compra del primer piso para quienes sus padres no pueden financiarlo, ni la bajada del 10% del alquiler para las rentas medias y bajas – hasta 33.000 euros– vía IRPF, ni las renovaciones de los contratos automáticas, ni otras muchas cosas embutidas en dos decretos, que suman más de cien páginas, por las prisas para aprovechar la presión social que debía conseguir lo que hasta ahora había sido imposible: una mayoría en este asunto.
Hemos estado a punto. La emergencia habitacional nos pesa a todos por más que la derecha más grande, PPVox, haya decidido jugárselo todo al antisanchismo. Junts, que consiguió en el último minuto que el Consejo de Ministros introdujera la última de sus exigencias con la reunión ya empezada, decidió después ¿hacer caer este gobierno? ¿Hacer coincidir las elecciones generales con la vuelta a España de su amado líder?
Da igual a qué juegue un partido político en caída libre. Debería dar igual si es o no Puigdemont quien decide cuando hay que convocar elecciones.
La cuestión debería ser si este Gobierno puede o no dar soluciones a un problema concreto que se lleva por delante los avances económicos y sociales. Si no puede, habrá llegado el momento de pedir a los españoles que piensen y repiensen qué España quieren y voten.
El discurso de Pablo Bustinduy defendiendo los decretos desde el estrado del Congreso de los Diputados es un buen esquema para los que nos consideramos clase media y clase trabajadora, de izquierdas. Ahí hay una España posible, una que hemos rozado con los dedos estos días, una que podría ser si hubiera políticos a su altura y los votáramos. Una que ponga el derecho a la vivienda por delante del derecho a forrarse, una que dé un salto al futuro social en el que no te puedan echar de tu casa sin motivo como no nos pueden echar del trabajo sin indemnizarnos, una que arranque a las oligarquías un avance en un derecho tan necesario, un nuevo avance de clase, una con menos desigualdad flagrante, una menos injusta y más de tod@s.
Desde la oscuridad me pregunto si esta crisis servirá para sacarnos del pronóstico oscuro de la derrota segura, si nos dará fuerzas para repensarnos, para que recuperemos la esperanza en que nosotros hacemos la política y no lo contrario.
Y mientras termino estas líneas me sigo preguntando si habrá elecciones pronto. Tú probablemente ya lo sabes. Dime, ¿votaremos pronto? ¿Nos dará tiempo a repensarnos?
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