Opinión
'Perrismo' al cuadrado

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
-Actualizado a
Pedro Sánchez tiene una fama ganada a pulso durante muchos años de ser una persona más racional que emocional, no digamos, que pasional. Más allá de que, en general, se esté de acuerdo o no, se vote o no, o mitad y mitad con el PSOE y su muy tibia socialdemocracia, el presidente ha cometido errores garrafales con asuntos que después se le han vuelto en contra sin ser él muy consciente de por dónde le soplaba el aire: el de los "amigos" de 40 a 50 "incómodos" con los reproches del feminismo es de los que le perseguirán toda la vida. El propio Sánchez confirma cuando se trata de errores o medidas tomadas con conocimiento de causa, ya que en el primer caso se intenta recular o tratar de explicarse bien al poco tiempo y en el segundo, ni se explica, como en el caso de la entrega del Sáhara a Marruecos cuyos motivos nunca confirmados podemos adivinar teniendo en cuenta el grano infectado en el culo de España en el que se ha convertido un Mohamed VI cada vez más compinche de EEUU e Israel.
Pedro Sánchez es famoso por sus giros de guion en función de las circunstancias, tanto liderando la oposición como en sus legislaturas de Gobierno. Algunas decimos que Sánchez tiene varias versiones y cuando nos preguntan algo sobre el presidente, pedimos concreción sobre el Pedro Sánchez al que se refiere nuestro interlocutor: ¿Al que hacía mítines con una macrobandera española detrás y Ciudadanos en el rabillo del ojo? ¿Al que pactó un Gobierno de coalición con Unidas Podemos conjurando sus pesadillas con Pablo Iglesias? ¿Al que ha puesto a Margarita Robles de número dos para el 29N? ¿Al de la ley de amnistía contra toda la casta del poder judicial y otras o al que no ha derogado la ley mordaza en sus dos legislaturas y un poquito de gobierno?
Con la perspectiva que da el tiempo, los años y este oficio, no obstante, hay que recordar que Pedro Sánchez ha hecho exactamente lo mismo que otros presidentes y líderes políticos desde Adolfo Suárez -y cómo se ensañaron los propios con él...- para mantenerse en el poder o alcanzarlo, aunque el jefe del Ejecutivo se haya saltado los límites impuestos por el encorsetado régimen del 78 y el resto, no; el resto han hecho cosas mucho peores, pero dentro de la permisividad de ese régimen, como meternos en una guerra ilegal en Irak, mentir sobre un atentado islamista durante años o utilizar el Ministerio del Interior para montar una cloaca parapolicial capitaneada por Villarejo con el objetivo de reventar a adversarios políticos incómodos y salvar al PP de sus causas de corrupción.
Nada de lo que ha hecho Sánchez y que le echa en cara la (ultra)derecha está fuera de la legalidad ni de la democracia (la ley mordaza no se la reprochan), pero es verdad que el presidente se ha alejado en ocasiones del marco construido durante la sacrosanta Transición para pactar investidura con los independentistas catalanes, indultarlos y amnistiarlos. Los poderes conservadores, por cierto, no son únicamente el PP y, ahora, Vox, sino que van del rey a la élite judicial pasando por los poderes fácticos, jerarquía eclesiástica, medios de comunicación y patronal; el PP, y un sector del PSOE no menor. Aunque sobre giros de guion de líderes políticos, también tenemos el ejemplo más mundano: el de un Alberto Núñez Feijóo que llegó de Galicia bajo palio, asesinando a Pablo Casado a la vista de todo el mundo por denunciar la corrupción de los Ayuso S.L. y diciendo de forma muy solemne: "No vengo a insultar a Sánchez, vengo a ganar a Sánchez". Poco más les tengo que decir si han seguido la trayectoria del presidente del PP en la oposición, aunque las gallegas ya viniéramos avisando décadas ha de estas cositas del expresidente de la Xunta. Y eso, si no entramos en las dos campañas electorales de Feijóo -las dos únicas estatales en las que ha concurrido- con el ingrediente que nunca falla... a la izquierda: las pensiones, esa estrategia del PP que tan bien nos explicó Eduardo Inda, y esto no es retranca.
Ahora, Sánchez se enfrenta a su quinta convocatoria como candidato a la Presidencia del Gobierno tras haberse subido de nuevo a la ola más alta que han traído unas movilizaciones sociales sin precedentes desde el 15M con el adelanto electoral al 29 de noviembre. Sánchez vuelve a ser El Perro desacomplejado de julio de 2023 y el perrismo vuelve a ser la estrategia populista, sí, del hombre que si tiene que ser de izquierdas, va a intentar parecer el más de izquierdas de todos/as, contra la ultraderecha, contra la casta conservadora de los tribunales y contra los especuladores que hacen plata improductiva con tu derecho a la vivienda. La declaración de amor a Begoña Gómez, imputada y procesada por el trilero juez Peinado, en pleno arranque de la precampaña del 29N ha dejado ojipláticos a propios y a ajenos, con distintas opiniones pero, sin duda, con enorme éxito de portadas y efecto sorpresa; perrismo desatado mientras Feijóo lucha con sus demonios internos de campaña. Al menos (y a pesar de Vox), nos estamos riendo mucho y dicen que eso, con el amor, es la salsa de la vida, ¿o no?
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