Opinión
La piscina de Aitor Esteban

Periodista
El mundo de la tecnología avanza a toda velocidad. Hace poco más de tres años, un usuario de Reddit viralizó un vídeo generado con inteligencia artificial en el que Will Smith engullía un plato de espaguetis. Aquellas imágenes balbucientes nos parecieron el aperitivo de un futuro tan peligroso como prometedor. Ese futuro ya está aquí. Hoy la IA ha alcanzado tales cumbres de perfección que Palantir amenaza con pulverizar nuestras democracias y el Partido Socialista de Euskadi amenaza con desmantelar nuestros gobiernos. Si alguien cree que exagero, es porque no conoce las dimensiones del #memegate.
Como todo el mundo sabe, el PNV y el PSE gobiernan la Comunidad Autónoma Vasca desde hace ya un porrón de años. En su día, Iñigo Urkullu e Idoia Mendia formaron un matrimonio bien avenido. Tuvieron sus más y sus menos, es cierto, pero nada que hiciera pensar en una separación, un divorcio, que te zurzan, ahí te quedas. Con el tiempo, Eneko Andueza se hizo cargo del PSE e Imanol Pradales tomó las riendas del Gobierno vasco. Y claro. Es difícil heredar un matrimonio sin que parezca una transacción de conveniencia. Las peleas se volvieron cada vez más estridentes. Y no hay peor dinamita que los celos.
Primero fueron celos madrileños. Allá por 2020, el PSOE firmó con EH Bildu un acuerdo para la derogación de la reforma laboral. Los líderes de Sabin Etxea se agarraron un cabreo morrocotudo. Andoni Ortuzar, que aún oficiaba como presidente del PNV, acusó a Pedro Sánchez de haber cambiado de caballo en mitad del río. Las suspicacias se repitieron año tras año durante las negociaciones presupuestarias. Mientras el PNV reivindicaba su estatus de socio preferente, Sánchez negociaba las cuentas con quien buenamente se prestara a negociarlas. También con EH Bildu. En la sala de prensa del Congreso, los periodistas preguntaban a Aitor Esteban si se sentía relegado.
En tierras vascas, sin embargo, los celos operan en dirección inversa. Pensemos por un momento en la reforma estatutaria. Tras la tentativa de Ibarretxe, abortada en 2005, Iñigo Urkullu prometió un nuevo estatus que debería haber sido sometido a consulta en 2015. Llevamos once años de rodeos y dilaciones. El PNV asume que no puede superar el Estatuto sin el concurso de EH Bildu, pero sabe también que el PSE va a bloquear cualquier referencia al "derecho a decidir". Es verdad que el PSOE defendió la libre determinación vasca durante la Transición. También es cierto que Ramón Rubial y Nicolás Redondo pasearon por Bilbao bajo el lema "autodeterminación". Aquellos maravillosos años.
Ahora los tiempos son otros. Por eso, cada vez que Imanol Pradales se sienta en la misma mesa que Pello Otxandiano, Eneko Andueza ahueca sus manos en la boca y grita que viene el lobo. Últimamente el lobo es el euskera. En los últimos años, los tribunales han emitido una cadena de fallos contrarios a los requisitos de conocimiento de la lengua vasca en las ofertas de empleo público. Euskalgintzaren Kontseilua lo llama "ofensiva judicial". El asunto ha tomado tal cariz de emergencia pública, que PNV y EH Bildu han llamado a reformar la ley de empleo para garantizar el blindaje del euskera de acuerdo con las demandas del Consejo de Europa.
Cuando el asunto parecía no admitir más controversias, la revista Argia publicó una investigación que vinculaba a algunos miembros de CCOO con el sabotaje de una OPE en el Ayuntamiento de Errenteria. CCOO Euskadi negó la mayor pero el conflicto se extendió a Korrika, la carrera bienal que este año ha congregado a cerca de un millón de defensores del euskera. Total, que el PSE se desmarcó oficialmente del evento aunque sus cinco alcaldes guipuzcoanos terminaron corriendo con el testigo, es decir, llevando un mensaje que llamaba a defender la lengua vasca de los viejos monstruos del pasado.
El otro día, Aitor Esteban acudió a una entrevista en Euskadi Irratia con un mensaje esperanzado sobre el nuevo estatus político: "Hemos avanzado, ya hay base". Fue entonces cuando el PSE consideró una buena idea utilizar su cuenta oficial de X para responder con una gracieta gráfica. El meme de la discordia, armado con el imaginario más chabacano de la inteligencia artificial, representa a Esteban tirándose en plancha a una piscina. Desde la orilla, un coro de aduladores aplaude entre sonrisas. Allá por el mes de febrero, Esteban había explicado sus negociaciones con EH Bildu recurriendo a una metáfora piscinística. El PSE no ha hecho más que estirar la referencia.
Como era de esperar, se ha armado la de San Quintín. El PNV, que hace apenas una semana presumía de sus buenas relaciones con el ejecutivo de Sánchez, anunció que cancelaba una reunión inminente con Moncloa. Los socialistas responden que no había ningún encuentro relacionado con el Gobierno español sino una visita ordinaria del secretario de Organización del PSOE a la sede del PNV en Bilbao. Ayer, en el Congreso, Pedro Sánchez pasó de puntillas por el incidente, encareciendo la fidelidad de los jeltzales. El PSE tampoco parece arrepentido de su ocurrencia: "Qué le vamos a hacer si se ha enfadado".
Es improbable que Sánchez pierda sus alianzas por culpa de un meme. Lo mismo cabe decir de Imanol Pradales, que en alguna otra ocasión ha desvelado su receta para lidiar con las crisis de su gobierno: paracetamol y reposo. Es cierto que Eneko Andueza no lo pone fácil. Igual que el talante de un director de orquesta se refleja en su música, el PSE se ha ido deslizando por el barranco de la palabra gruesa y la salida de tono. Ahora ChatGPT se suma a la fiesta. Quién nos lo iba a decir. La distopía cyberpunk no era una megaurbe de neones cegadores habitada por androides, sino un infierno de políticos sin talento jugando a sobrepasar los límites del diseño gráfico.
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