Opinión
Plegarias atendidas

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
Los últimos tres meses hubo ruegos sincréticos en las capillas monclovitas para que un revulsivo a su favor tachara de las agendas mediáticas la crisis de Ceuta, las joyas en la caja fuerte y las burdas operetas de cloaca en beneficio del todavía presidente, y ese revulsivo les llegó, o creen que les llegó la semana anterior, cuando el Sindicato de Inquilinas pateó las agendas de los medios de masas y consiguió aupar uno de los muchos desahucios diarios del paraíso ibérico a la indiscutible primera plana de la atención colectiva: el inhumano desalojo de Maricarmen se convirtió en portada y germinó gloriosamente un movimiento antirrentista que ha echado raíces hidratadas, sin visos de secarse, en una multitudinaria acampada en la Puerta de Sol que los más despistados comparan con el 15-M sin dimensionar que en todo caso sería el 15-M el movimiento secundario al que buscar parecidos con el actual. Y Sánchez, después de varios días de observación lejana, ha decidido que el momento ha llegado y ha revulsionado el revulsivo – epanalepsis permitida – adelantando las elecciones a lo más hondo del noviembre otoñal; un nuevo encuadre en clave narrativa que los coristas trovan como ejercicio político de olfato privilegiado.
Pero el olfato siempre falla, pregúnteselo ustedes a nuestros ancestros, y el presi ha desplegado una operación electoral sobre las aguas de un movimiento por la vivienda que cree cristalino y surfeable cuando en verdad se asienta sobre unas capas freáticas tan profundas que ni uno de los muchachines del edificio Semillas que le informan de lo roneado por las calles se ha atrevido a espeleologar; la acampada de Sol y el movimiento contra los rentistas, al contrario de lo pensado por los truferos de oportunidades que cogen la línea 83, no es el desemboque de la rabia esporádica levantada por el caso Maricarmen, sino un acuartelamiento militante fríamente pensado, organizado y monitorizado por organizaciones rebosantes de energía revolucionaria y antisanchista que no pinta que vayan a dejar que el movimiento popular sea canalizado por una izquierda institucional que al momento de redactar esta columna ni siquiera tiene candidato, y mucho menos por el PSOE, ni qué decir tiene – como apunté más arriba, esto es muy, muy diferente al 15-M –.
Contra el relato más cercano al Gobierno, que dibuja unas acampadas por la vivienda aparecidas vía Espíritu Santo de Maricarmen, la realidad nos dice que lo visto en los últimos días es principalmente fruto del trabajo militante, asambleario y de fondo de dos organizaciones – aunque, por supuesto, haya muchas más –; un Sindicato de Inquilinas que dio el pistoletazo inicial a los movimientos freáticos y desencadenó, hace al menos dos años, unas poderosísimas aguas organizativas contra un Gobierno sin ninguna voluntad política y un capital improductivo convertido en rentista, y una CJS – Coordinadora Juvenil Socialista – que porta actualmente la batuta de las marchas por la vivienda desde unos postulados revolucionarios que no son precisamente los de aceptar la vicepresidencia tercera en un gobierno del PSOE.
Lo que quiero decir es que el revulsivo por el que clamaba Sánchez ha resultado no ser ni espontáneo ni apropiable, sino la desembocadura de unas aguas subterráneas y antigubernamentales – especialmente, anti-PSOE – que el trilerismo del presidente en materia de vivienda, quien parece que se ha dado cuenta de que hay una emergencia residencial solo cuando le han montado un motín en la capital de España, ha bombeado involuntariamente. El movimiento en favor de la vivienda no es canalizable desde un partido como el PSOE porque en su misma esencia nace contra él; es un movimiento de repulsa contra el rentismo, pero también contra un Gobierno que se ha burlado hasta hace cuatro días de quienes no pueden permitirse una casa. Quizá desde el edificio Semillas no lo sepan, pero el votante no es imbécil y recuerda a la perfección a José Luis Ábalos aclamando la vivienda como bien de mercado, a Óscar Puente celebrando fanáticamente el despliegue de BlackRock en nuestro país o a Isabel Rodríguez haciendo… bueno, a Isabel Rodríguez haciendo nada; ninguno de estos grandes momentos del partido más pelotillero con el rentismo amateur serán olvidados, al menos en este momento de efusividad colectiva, con dos compungimientos decretales aprobados en Diputación Permanente. Como dijo Truman Capote, atribuyendo apócrifamente el verso a nuestra Santa Teresa de Jesús, se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas; y como digo yo, todos esos acampados a los que ahora se busca seducir para reeditar el gobierno de Pedro Sánchez serán criminalizados por irresponsables y cómplices cuando el Partido Popular y Vox lleguen al gobierno. Que el tiempo reparta juego.

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