Opinión
Un poco de amor

Por Lucila Rodríguez-Alarcón
Acabamos de pasar una semana horrible en cuanto al debate público se refiere. Las noticias sobre las consecuencias de la DANA ya eran espantosas cuando saltaban las agresiones a las autoridades durante su visita a las zonas afectadas. Las redes echaban humo, los bots movían la foto del coche del presidente del Gobierno con la luna rota, dejando claro que ese era el reflejo de un malestar popular generalizado. Mientras Abascal recogía barro en una magnífica cobertura que llegó a todos los teléfonos de las personas adolescentes de mi entorno. Se sumaron más memes y noticias que explicaban como la DANA era culpa de Sánchez, desde el principio hasta el final. Subía el número de muertos y se esperan muchos más. Todo era odio y destrucción.
Mientras en Estados Unidos tenían lugar unas elecciones que definitivamente son incomprensibles para nuestras culturas europeas. Nos resulta imposible de entender que una persona con el historial de presunción criminal como el de Trump pueda ganar las elecciones. Un tipo que dice que los migrantes se comen a los perros y los gatos de compañía -como si las personas migrantes no tuvieran perros y gatos ellas mismas- y que tiene un colaborador que define a Puerto Rico como una isla flotante de mierda, consigue el 55% de los votos masculinos latinos. Un hombre que es el epítome del machismo y la misoginia más rancias consigue el 53% de los votos de las mujeres blancas. Da igual que no sepamos cuáles serán las consecuencias prácticas del resultado de estas elecciones para nuestros países y nuestro día a día en términos de aplicación de políticas, las consecuencias narrativas devastadoras. Estas elecciones nos cuentan que el odio y la mentira no solo no tienen consecuencias negativas sino impunemente ganan las elecciones. ¡Alvises Pérez del mundo regocijaros que vuestro momento es ahora!
Pero entre tanto espanto siempre surgen atisbos de luz. A.O.C, la congresista demócrata puertorriqueña, Alexandria Ocasio, daba su receta para soportar el triunfo de Trump: júntense con sus comunidades y trabajen desde ahí para construir el mundo que quieren. Entre tanto caos y tanto miedo las palabras de A.O.C. nos valen a nosotras también. Juntémonos para construir el mundo que queremos. Lo que está sucediendo a nuestro alrededor no es inmutable. Podemos cambiarlo. Y el ruido del debate público tóxico nos ciega y nos hace creer que no tenemos opciones y no es así. Hay que despojarse de lo grande y empezar por lo que es más sencillo y más cercano. Ese está siendo el valor de lo que está sucediendo en València. De repente la catástrofe nos está ofreciendo la posibilidad de hacer cosas, de sentirnos útiles y está sacado lo mejor de nosotras. Y después de una semana tremenda están aflorando las historias reales que son de amor y solidaridad. Y esas historias calientan las almas y nos devuelven la esperanza. No es cierto que el odio sea más fuerte y más potente que el amor. El odio solo es más despiadado y más rápido, pero es mucho menos sostenible en el tiempo y además solo tiene una salida posible que es la destrucción.
Estamos en una transición histórica, donde el modelo social tiene que cambiar porque no es sostenible. La incertidumbre profunda que sentimos tiene que ver con eso. La desconexión con nuestra esencia humana está produciendo un dolor y un vacío sin precedentes. Por eso no hay duda que tenemos que encontrar nuevas formas de crear una espiritualidad sólida, basada en el amor, entendido este como concepto político de unión social. Una espiritualidad que nos permita recuperar la conexión entre nosotras y la naturaleza pero sin renunciar a los avances tecnológicos que hemos conseguido. Asumir los cambios y las innovaciones pero convirtiéndolas en algo sostenible que nos permita vivir con plenitud y equilibrio. Cambiar lo “mucho” por lo “necesario”. Y esto solo lo lograremos si creemos firmemente que lo podemos conseguir. De modo que si, "Love will prevail”, el amor se impondrá.
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