Opinión
La polarización del calzón quitado

Por Oti Corona
Maestra y escritora
Les enumero lo de la polarización, a ver si ustedes también lo notan. Cuando Gabriel Rufián sale por Madrid, tiene que llevar gorra y mascarilla para que no lo reconozcan porque le agreden físicamente. No digo que exista el riesgo de que eso suceda; digo que ya le han dado de hostias. Alguien ha publicado los datos personales de Rita Maestre para que se le presenten en casa puteros exigiendo sexo a cualquier hora del día o de la noche. Sarah Santaolalla ha necesitado escolta policial ante un acoso que ha llegado hasta su domicilio. Un tipo está en prisión por planificar el asesinato de Pedro Sánchez. "Soy francotirador y con un tiro preciso se acaba el Sánchez", dijo. Y lo decía en serio: poseía un arsenal de armas de guerra. Hay seis chavalotes imputados por colgar de una soga, apalear y vejar un muñeco que representaba la figura de Sánchez durante una manifestación frente a la sede de Ferraz. No sé ustedes, pero yo empiezo a notar algo.
Si nos vamos a los medios y a las redes sociales, nos encontramos con que el cómico catalán Jair Domínguez está a la espera de juicio por una denuncia de VOX por declarar que a los nazis se les combate con un puñetazo en la boca. Tenemos a Vito Quiles y a Ndongo, micro en mano, insultando y agrediendo más o menos de tapadillo a políticos y periodistas que no comulgan con el ideario del PP o de Vox. También están asociaciones y empresas como Desokupa, Hogar Social Madrid, Manos Limpias, Abogados Cristianos o Revuelta. Que si estética de banda paramilitar, que si una esvástica por aquí, que si unas amenazas por acá, que si unos dineros que eran para las víctimas de la dana se extravían en algún punto entre los bolsillos de la chavalada voxera y Alfafar, que si dar de comer al hambriento, pero solo si es un español de bien, que si atosigamos a denuncias a quien no sea de nuestra cuerda.
La loable tarea de estos tentáculos del PP y VOX no sería posible sin la colaboración de la Justicia. Seguro que si escribo juez Peinado, jueza de la Kitchen, Victoria Rosell, Mónica Oltra, Alberto Rodríguez o Álvaro García Ortiz, a todos nos viene la misma idea a la mente. Igual no nos atrevemos a dejarla por escrito, porque lo mismo empapelarían a quien dijese que hay jueces que no disimulan su fervor al eslogan el que pueda hacer, que haga, y que abusan de su poder para que la Justicia se escore tan a menudo hacia el mismo lado. ¿Notan hacia qué lado? Claro que sí…justo ahí, a la altura del hígado.
Luego están los representantes del PP y de Vox. En el PP, además de llamar hijo de puta al Presidente del Gobierno, orquestaron una campaña con esos chistes de bully de patio de instituto que tanto les gustan porque puta rima con fruta. Je. Qué chistosos. Como cuando llaman a Pedro Sánchez “el galgo de Paiporta”. Quienes seguimos las sesiones de control al Gobierno soportamos los insultos y los bulos de Feijóo, Muñoz, Tellado y Abascal en cada una de sus intervenciones. No presentan propuestas, ni siquiera preguntan nada más allá de gilipolleces como “¿cuándo se marcha, señor Sánchez?”, supongo que sorprendidos de que el Gobierno aguante otra semana tras la violencia que mandan desde distintos sectores y en las más diversas formas.
El propio Feijoo se enorgullece de los ataques de los suyos hacia los adversarios políticos; hace unas semanas sacaba pecho en el Congreso mientras le espetaba al Presidente: "Yo puedo salir a la calle. Usted, no". Una declaración así hacia un contrincante al que han agredido en un acto público junto a los Reyes y al que un hombre armado amenazó con asesinar, habría llenado las portadas hace pocos años. Sin embargo, hoy tanto la violencia física como la verbal pasa casi desapercibida porque el chaparrón de agresiones es tal que es imposible responder a todo. Y, si alguien lo hace, si uno de los agredidos intenta defenderse, entonces entra la troupe de periodistas, acosadores, contertulios e influencers a gritar que eso es polarización.
En un país polarizado, habría dirigentes del PP o Vox con gorra y mascarilla por la calle o mujeres de ideología conservadora con miedo a volver a casa por si la agrede un macarra a sueldo de sus oponentes políticos. No ocurre nada de eso, afortunadamente. Lo que sí sucede es que los fascistas campan a sus anchas y, si quieren atacar a quien piensa distinto, sus partidos les arropan y hasta les aplauden. A alguno, hasta le subvencionan. No sé qué notarán ustedes. Lo que noto yo es que lo llaman polarización porque decir "Hola, somos la derecha y vamos a calzón quitao" quedaba muy largo.
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