Opinión
Política de kilómetro cero

Por Toni Mejías
Periodista
Mientras miramos con preocupación (y con razón) la nueva aventura bélica de Donald Trump y Netanyahu ante la casi total pasividad internacional, hemos dejado completamente de lado la política cotidiana y cercana que tanto nos parecía preocupar hasta hace poco. Está claro que es más impactante una bomba cayendo en prime time, como también sabemos que, si se alarga y no nos afecta más allá del precio de la gasolina o algún producto básico, pasará a ser una noticia de relleno. En Gaza siguen asesinando personas casi a diario y ya no ocupa ni tres párrafos recónditos en la mayoría de los periódicos. Pero me sorprende que haya sido capaz de hasta eclipsar que en una semana hay unas elecciones autonómicas en Castilla y León y fuera de esa comunidad no se hable prácticamente de ello sino es en clave nacional.
Desde que la política institucional se convirtió en una campaña a las generales continua, los comicios de proximidad han ido perdiendo peso y las responsabilidades de los dirigentes autonómicos pasan más desapercibidas. Las prácticas de caciquismo que antaño despertaban cierto revuelo, ahora se tratan hasta con naturalidad y no despiertan ni indignación ni siquiera interés. Se vota en clave nacional y por eso se exige responsabilidad a Madrid y no a quien gobierna en tu comunidad autónoma. Que el PSOE haya perdido tanto poder territorial se debe más al odio que hay hace Pedro Sánchez por una parte de la población que por la política regional que hayan podido hacer en los últimos años. Igual que los afiliados de partidos a la izquierda del PSOE no han dejado de trabajar en el tejido asociativo de los barrios y municipios, pero el no tener ningún rostro mediático ni un buen pronóstico electoral a nivel nacional les ha penalizado. Ya no hay asambleas en plazas, hay viralidad.
Por esa razón de estar mirando siempre hacia Madrid es por lo que se está hablando tan sorprendentemente poco del escándalo de las VPO en Alicante, por ejemplo. Donde altos cargos del Partido Popular y personas de la élite alicantina con rentas altas se adjudicaron pisos de protección oficial con un concurso hecho a su medida. Además, viviendas más lujosas de lo que suelen ser este tipo de hogares. En un momento en el que la vivienda es el principal problema de la sociedad española, que una inmoralidad de tal calibre pase prácticamente desapercibida habla mucho de los tiempos que vivimos. El de las noticias rápidas, de la política de emociones y de los líderes centralistas. En la misma comunidad donde Mazón sigue aforado, cobrando un buen sueldo público y con los privilegios de ser expresidente. Pero como dio un paso al lado, ya parece no molestar y tampoco importa demasiado a nivel nacional porque su partido piensa que no les afecta.
En una comunidad donde hemos sufrido las Rita, Zaplana o Camps de turno, sabemos que si la derecha quiere el poder no solo es porque piensa que le pertenece, es porque sabe que hace y deshace a su antojo sin demasiadas trabas. Antes al menos sentías que existía un poco de presión, que al menos era conocido y existía una confrontación y una oposición en las calles y en la sociedad valenciana. No fue cuestión de días, pero la caída del Partido Popular valenciano que parecía impensable se debió a múltiples factores, no solo el 15M y la irrupción de nuevos partidos políticos. Existía una movilización cultural y social que, aunque haciendo trabajo de hormiguita, fue ganando terreno hasta que consiguió revertir lo imposible y hacer de nuestra tierra un lugar más respirable. No conseguimos los cielos, pero salimos un poco del infierno.
Me sorprende lo poco que importa la política del día a día. En Castilla y León, el feudo más importante del PP hoy día, se decide su futuro en una semana y parece que importa si saldrá dañado o no Pedro Sánchez o si reforzará a Vox de cara las generales. En una tierra que ha sido arrasada por los incendios con la total negligencia de sus mandatarios pero que, salvo quien respiró las cenizas ya ni recuerda, porque la actualidad te lanza capas y capas de información hasta que hace que olvides qué carajo pasó ayer.
Sigo pensando que hay maneras más importantes y necesarias de hacer política que la institucional, pero en un momento donde el tejido asociativo (salvo en algunas zonas) está tan dañado, no podemos obviar que importa la política institucional cercana. Que no es lo mismo una moratoria anti-desahucios, aunque no sea la panacea, que un reparto a dedo de viviendas de protección oficial. Que no es lo mismo construir carril bici que darle más carriles al vehículo privado. Que no es lo mismo financiar empresas privadas como Quirón para beneficio propio que mejorar los servicios públicos. Nos guste o no, no es lo mismo Sánchez que Trump. No votaría ni a uno ni a otro porque no representan mis intereses ni legislan para los míos, pero negar que un momento de antipolítica hay que ser pragmáticos, no nos hará peores. Porque para unos es el precio de la gasolina, pero para otros es la vida.
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