Opinión
Príncipes y principitos
Por Anibal Malvar
Periodista
Como el discurso y lo programático ya no son esenciales en política, uno tiende a ponerse frívolo, y en la frivolidad no cabe otra cosa que extrañarse de la peculiar puesta en escena que nos está brindando hoy el PSOE. Me refiero a que Zapatero esté de poli malo con sus reformas merkelianas, y Rubalcaba de poli bueno con sus admoniciones a la banca y sus promesas a los desfavorecidos. Ginger Rogers interpreta a la bestia y Boris Karloff a la bella.
Bambi y Rasputín, Saint-Exupéry y Maquiavelo, El Principito y El Príncipe se han travestido, han intercambiado ropajes y corazones, y uno no sabe hasta cuándo podrán Zapatero y Rubalcaba aguantar este equilibrio sin arrojarse los trastos, el puño y la rosa.
Para beneficio de la inteligencia y el progreso humanos, la izquierda, al contrario que la derecha, nunca ha sido unívoca y monocorde, y por eso siempre anda peleada y generalmente solo alcanza poder cuando se trasmuda en dictadura china o cubana o en ese plan. O sea, cuando se encanalla.
Esta nueva versión del socialismo español, con Rubalcaba de indignado y Zapatero de indignante, corre el peligro de acabar simbolizada en un puño que golpea a la rosa, y no resulta fácil de entender para los cinco millones de parados que extienden la cola del INEM de aquí hasta Atenas.
Rubalcaba y Zapatero recuerdan a Vladimir y Estragón esperando a Godot, y Godot es un señor con barbas que va a modelar nuestro futuro con hilillos de plastilina. A los especuladores de vidas y de muertes, que son como niños, la plastilina les encanta.
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