Opinión
No se puede violar a una mujer que no existe

Periodista y escritora
El asunto es el que sigue: Un hombre sale a pasear a su perro. En el trayecto ve cómo otros dos tipos están violando a una mujer dentro de un coche abandonado. Llama a la policía. La policía acude y detiene a los violadores —entiendo que no son presuntos, porque los detienen in fraganti—. Ella está inconsciente y la llevan al hospital. Como está inconsciente, los tiempos se van un poco de madre y tardan ocho horas en ofrecerle la posibilidad de denunciar. Además, el forense no acude. Fin.
Y entonces viene la destrucción: La mujer vive en la calle; la mujer es alcohólica; la mujer ha estado en redes de trata; la mujer ya había pasado por Urgencias en estado de inconsciencia etílica; la mujer estaba completamente inconsciente en el momento de los hechos… ¿Y qué?
Aquí lo relvante es que dos hombres, hermanos, violaron esa mujer dentro del coche en el que viven en un descampado de Valencia, y ahí siguen tan tranquilos, dentro de ese mismo vehículo, porque la jueza ha decidido archivar la causa contra ellos. La noticia lo cuenta exactamente: “la víctima renunció a presentar denuncia, ya que se le ofreció hacerlo ocho horas después de los hechos”, y “el forense no acudió a la exploración en el hospital, tal como figura en el auto de sobreseimiento firmado por la magistrada”.
No es que ella diga que la violaron. Fueron los agentes de la policía quienes detuvieron la violación en el momento en el que se estaba produciendo. Sin embargo, a los criminales no se les impondrá ninguna sanción por dicha agresión sexual. ¿Por qué? Porque ella no ha puesto la denuncia.
Algunos asuntos resulta abrumadoramente incomprensibles. Además de la agresión sexual, la mujer presentaba heridas por los golpes que le habían dado para meterla en el coche. A todos los efectos, es como si esa violación y esos golpes no hubieran sucedido. Sin embargo, no sólo presenció la violación el hombre del perro, sino también los agentes de la policía.
Hay mil razones por las que dicha mujer puede no ratificar la denuncia de agresión sexual. A saber el cúmulo de violencias que carga a la espalda. Qué poquísimo sabemos de las mujeres que sobreviven en las calles, sin techo, o en chabolas precarias de extrarradio, tiendas de campaña, tenderetes, cartonajes. La aporofobia de esta sociedad opulenta nos ha impedido manejar los datos que serían necesarios en este caso, hasta el punto de tener que acudir a los que nos brinda la Iglesia católica.
Algo falla muy profundamente cuando esa violación no sólo queda impune, sino que pasa a no existir. Algo que no debería extrañarnos, porque para esta sociedad, esa mujer tampoco existe. Y no se puede violar a una mujer que no existe.
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