Opinión
Puigdemont, el deseado

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
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Salvo Gabriel Rufián (ERC), cuyo rechazo a Junts es público, indisimulado, ideológica y electoralmente comprensible, todos los socios de investidura de Pedro Sánchez esperan un gesto de distensión hacia el Gobierno de coalición por parte de Carles Puigdemont que permita alargar la legislatura hasta el final sin grandes desencuentros y, por tanto, aprobar los Presupuestos Generales de 2026… a principios de 2026.
Sánchez ha hecho un tour de entrevistas por medios catalanes (Rac1 y RTVE Catalunya) en la mañana del martes nada casual y dispuesto a dejárselo (casi) todo en su “mano tendida” a Junts: ha admitido “incumplimientos” en su acuerdo con los independentistas catalanes, ha llevado varios de estos compromisos al Consejo de Ministros del mismo martes que ha hablado y ha insistido (¿suplicado?) que Junts vuelva a casa por Navidad.
El presidente del Gobierno todavía se guarda la carta -y esa sí que sería la última- de su reunión-foto con Puigdemont, algo que hace mucho tiempo que no descarta (un paso en sí mismo), aunque confía en la amnistía del dirigente independentista, bloqueada por un Tribunal Supremo que ya no sabe qué hacer para visualizar su machacona oposición política al independentismo catalán y al Gobierno de coalición al que, efectivamente, dieron luz verde los mismos a los que condenó el Alto Tribunal, autoerigido garante de la unidad de España en 2017 con la bendición de Mariano Rajoy y su dejación de la política y la democracia, operación Catalunya mediante.
En las próximas horas conoceremos la respuesta solemne de Junts -todo es solemne en Junts desde que PSOE y PP se lo rifan- a la oferta del presidente del Gobierno; lo que no cabe negar es que Sánchez parece más certero en sus tácticas de seducción -resulten o no- que Alberto Núñez Feijóo, que se fue a Barcelona un día a acariciar el lomo de los empresarios catalanes de Foment del Treball, interlocutores reconocidos de Puigdemont y Junts, para recomponer relaciones por la base y en la misma semana se dedicó a insultar a los independentistas catalanes y al PNV por apoyar la corrupción del PSOE, gritó. Dirá él que son los estertores involuntarios de un pasado reciente, hace un año, en el que el PP convocaba manifestaciones para gritar “Puigdemont, a prisión” entre multitudes de enrabietados contra la amnistía, pero hay que taparse un poquito.
“En política se puede hacer de todo menos el ridículo”, dijo un Tarradellas muy lúcido e insisto en ello siempre y ya que andamos con Catalunya otra vez en primera línea de actualidad política. De las muchas versiones de Pedro Sánchez desde que alcanzó la Secretaría General del PSOE, hemos escrito y hablado aquí y en otros medios muchas veces: lo vimos orgulloso y escoltado por una macro bandera rojigualda en campaña, al más puro estilo rey emérito; renegando de Podemos y Bildu, haciendo ojitos a Ciudadanos (¿se acuerdan de Cs?), comprometiéndose a traer a Puigdemont a España, y no amnistiado, sino esposado… Al final, el poder manda y es de humildes admitirlo, entre otras cosas, porque permite hacer muchas otras cuando tienes la vara de mando, salvo que seas Vox en la Comunitat Valenciana, que gobiernas y atizas sin cargo alguno tras lavarte las manos en el barro sanguinolento de una catástrofe con 230 muertos y decenas de miles de damnificados.
Feijóo no se atreve a presentar la moción de censura que le reclama Santiago Abascal y en voz baja otros dirigentes del PP, aunque, como dicen los más avezados, pudiera “ganarla políticamente”, al estilo Felipe González en 1980. Es decir, perderla cuantitativamente pero asegurarse la victoria con su propuesta de alternativa en las elecciones siguientes, que fue arrolladora en el caso de González en 1982. En el sentido opuesto a toda lógica, el presidente del PP se empeña en agasajar a los empresarios pro-Junts para que le echen una mano con Puigdemont mientras, a las pocas horas, insulta y trata de humillar a los nacionalistas en los mítines de Madrid, Ayuso presente y siempre intensamente coreado por su portavoz Miguel Tellado, al que dice conocer tan bien, por cierto, como no conocía a Marcial Dorado. Cuidado, no obstante, con el podriélico ser humano, siempre y en todas partes, pero sobre todo, en política. Ejemplos que invocar nos sobran, y va para todos/as.
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