Opinión
Pujalte, otro caso aislado
Por David Torres
Escritor
No recuerdo en qué película de gángsters uno de los personajes comentaba que era la mafia la que había dado mala fama a los italoamericanos. Por la misma regla de tres puede decirse que la prensa está haciendo mucho daño al PP. Raro es el día en que no nos levantamos con un corrupto más en la populosa cofradía de la podredumbre política, una dieta de mierda que ha eclipsado aquel célebre eslógan publicitario de los plátanos de Canarias. En la derecha española esta enfermedad de trincar dinero público resulta más contagiosa que el ébola. Si en vez de corruptos, fuesen zombis babeando y tropezando por las diputaciones, los ayuntamientos y los peldaños del Congreso, el PP no duraba ni un café con leche. Las seis temporadas de The Walking Dead reducidas al último video de campaña de Mariano. No es extraño que lo rodara en La Moncloa, con la de muertos vivientes que pululan ahí fuera; lo extraño es que no salieran por detrás, golpeando las ventanas.
Con todo, buena parte de la ciudadanía sigue confiando en ellos por diversas razones, entre las cuales cabe destacar la desconfianza innata hacia unos advenedizos sin experiencia que no tienen ni la menor idea de robar, perdón, quiero decir, de gobernar. Al votante español medio ya no le cabe en la cabeza otra posibilidad que acudir a las urnas como quien va a un atraco, y puestos en faena, mejor confiar en los profesionales. Así, se da la paradoja de que cada nuevo fichaje de la lista negra (Matas, Rato, Fabra, Granados, Barberá, etc.) la intención de voto de los populares aumenta en vez de disminuir. Es lógico que no los expulsen y que prefieran reservarlos para reforzar el ministerio de Economía. Mariano ha entendido lo que no entendió el alcalde de Corleone, cuando se quejó de que la saga de El Padrino había dado mala fama al pueblo. Esa glorificación del crimen llenó las calles de turistas y puso a rebosar las arcas municipales. Si no fuese por El Padrino, a Corleone no lo conocía ni Dios.
Se ve que a la gente hasta empieza a hacerle gracia la cosa, más aun cuando el afortunado es Martínez Pujalte, un humorista del parlamento del que se recuerdan grandes momentos en el hemiciclo. En especial aquel en que se puso a hacer gimnasia sueca, tocándose los tobillos con la nariz antes de que le sacaran tarjeta roja, un momento histórico que mi querido y añorado Rafael Martínez-Simancas bautizó como "Pilates Pujalte". El penúltimo caso aislado del PP ha salpicado incluso a su cadena amiga, Intereconomía, donde el presentador Javier Algarra ha ampliado un famoso principio de la física cuántica: ahora no es sólo el observador quien influye en lo observado, sino que lo observado también influye en el observador. La noticia, sin embargo, sabe a poco porque ya la sabíamos. Es como leer que la lluvia moja, que los leopardos tienen manchas o que en Tordesillas sortean el graduado escolar. Al paso que va, de caso aislado en caso aislado, el caso aislado lleva camino de eclipsar el aniversario de la gripe española. Pronto la noticia será encontrar políticos del PP honestos, y esos sí que son casos aislados.
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