Opinión
¿Se queda China sola en la lucha contra el cambio climático mientras la UE retrocede?

Por Pedro Barragán
Economista y asesor de la Fundación Cátedra China
-Actualizado a
Los recientes acontecimientos de estos días en Europa han puesto de manifiesto una grieta profunda en el histórico liderazgo climático de la Unión Europea. Y mientras los Estados miembros debaten cómo rebajar sus objetivos, China emerge no solo como el país que mantiene el rumbo, sino que acelera con fuerza su transición ecológica.
La UE acordó unos objetivos de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2040. Sin embargo, esa meta que aspiraba a mantener a Europa en la vanguardia del Acuerdo de París, se ha encontrado con fuertes resistencias de Alemania, Francia, Italia o Polonia. Estos países dicen que ese recorte tan brusco de las emisiones puede poner en riesgo industrias estratégicas, competitividad o bienestar social. Y la votación prevista para este 18 de septiembre se ha retrasado.
El bloqueo no es sólo político, sino también de procedimiento y la decisión sobre los objetivos de 2040 se retrasan. Se está planteando ahora una versión más moderada de los objetivos para 2035.
Además, algunos países de la UE están presionando para permitir el uso de créditos de carbono internacionales, lo que debilita la exigencia de reducción doméstica de emisiones. Las advertencias de los científicos de la UE -que insisten en que para que una acción climática tenga efecto real no puede depender de las compensaciones externas- no están teniendo el peso suficiente para frenar los retrocesos.
En conjunto, la UE, pese a proclamarse verbalmente como líder climática, está poniendo en marcha señales claras de retroceso. Este retroceso tiene graves implicaciones que van desde reducir la presión sobre EEUU y otros grandes emisores, hasta -y esto es lo importante- comprometer la posibilidad de mantener vivo el objetivo de limitar el calentamiento global del planeta a 1,5 °C.
China mantiene el paso e intensifica los esfuerzos
China ha demostrado un compromiso firme con la sostenibilidad ambiental y la lucha contra el cambio climático, poniendo en marcha políticas ambiciosas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y transformar su modelo energético. A pesar de ser el mayor emisor de CO₂ en términos absolutos, es importante considerar que China también es, con India, el país más poblado del mundo, lo que significa que sus emisiones per cápita siguen siendo significativamente más bajas que las de muchas naciones desarrolladas. Mientras que las emisiones anuales por persona en China rondan las 7 toneladas de CO₂, en países como Estados Unidos o Canadá esta cifra supera las 14 toneladas y, en Europa, Alemania o Noruega se sitúan por encima de 8, lo que refleja una distribución desigual de la responsabilidad climática a nivel global.
Frente al retroceso europeo, China está respondiendo con compromisos, acciones reales y una estrategia que, hasta ahora, se mantiene firme.
En primer lugar, China ha logrado anticipar su compromiso con el Acuerdo de París para 2030 al primer trimestre de 2025, anticipando la reducción de sus emisiones de CO₂ en un 1,6% interanual, a pesar de que la demanda eléctrica estaba al alza. Esto representa un muy importante adelanto de 5 años respecto al compromiso de China en París.
Para ello, la expansión de energías limpias -solar, eólica y otras- ha sido decisiva, representando un peso importante en la nueva capacidad instalada en el mundo. Uno de los pilares clave de la estrategia china ha sido la masiva expansión de las energías renovables, donde el país se ha consolidado como líder global a nivel mundial. Actualmente, China posee la mayor capacidad instalada de energía solar y eólica del mundo, con más de 1.408 gigavatios (GW) de capacidad instalada.
La energía eólica
En el terreno de la energía eólica, Europa ha construido 6,8 gigavatios (GW) de nueva potencia eólica en la primera mitad de 2025. Es menos de lo esperado y claramente insuficiente para cumplir los objetivos de seguridad energética y clima de la UE para 2030. Los datos del primer semestre han llevado a WindEurope a rebajar sus perspectivas para el conjunto del año en la UE, pasando de 17 GW previstos al inicio de 2025 a unos 14,5 GW esperados ahora. Esto hace que la proyección para 2030 sea ahora de 344 GW de capacidad (198 GW terrestres y 46 GW marinos), mientras que el objetivo del bloque comunitario es alcanzar los 425 GW en esa fecha, lo que supone un recorte del 19,1 % según lo previsto anteriormente.
China se ha convertido en el líder mundial en la producción y capacidad instalada de energía eólica, dominando tanto el mercado de fabricación de generadores eólicos como la instalación de parques eólicos. China es el líder mundial en capacidad instalada de energía eólica. En 2024, la capacidad instalada de energía eólica en China superó los 520 gigavatios (GW), lo que representa aproximadamente el 40 por ciento de la capacidad eólica total del mundo. Esto incluye tanto parques eólicos onshore (en tierra) como offshore (en el mar). La capacidad instalada de China es mucho mayor que la de Estados Unidos, el segundo mayor productor de energía eólica, que tiene una capacidad instalada de alrededor de 140 GW en 2023. Europa, en su conjunto, también tiene una capacidad considerable, pero sigue siendo mucho menor que la de China. En 2024, China representó más de la mitad de las nuevas instalaciones eólicas offshore a nivel mundial, porcentaje que ha superado el 70 % de las instalaciones mundiales en el primer semestre de 2025, consolidando su liderazgo en este segmento, que es clave para el futuro de la energía eólica debido a su mayor potencial de generación y menor impacto en el uso del suelo.
Los coches eléctricos
China es también el líder mundial en la producción de vehículos eléctricos. En 2024, representa más del 50% del total mundial. Empresas como BYD, NIO y XPeng están a la vanguardia de esta transición hacia la electrificación. El gobierno chino ha implementado políticas para fomentar la descarbonización de la economía y la adopción de vehículos eléctricos, incluyendo incentivos fiscales y restricciones sobre vehículos de combustión interna en algunas ciudades grandes. Esto ha acelerado la producción y adopción de VE en el país.
Mientras tanto en Europa, que había marcado un rumbo claro de prohibir la venta de coches nuevos a gasolina y diésel para 2035, estamos viendo que en los últimos meses, varios países han empezado a echar el freno. Alemania, Italia y otros estados han presionado para mantener una “puerta abierta” a los combustibles sintéticos o retrasar las fechas límite. El consenso que parecía firme ahora está resquebrajado.
Al mismo tiempo que en Europa surgen dudas sobre la viabilidad económica, la posibilidad de deslocalización de industrias o sobre el impacto social de objetivos que hoy se califican de ambiciosos, China está empujando internamente para que esos costes se asuman, con planes estatales, movilización de capitales públicos y privados, y regulación más fuerte.
Tras la salida de los EE.UU. de Trump del Acuerdo de París, esta marcha atrás de la UE deja a China como referencia global de la lucha contra el cambio climático. Si el mundo quiere seguir aspirando al objetivo de 1,5 °C, será clave que la UE siga el ejemplo de China, que no haya fugas de compromiso ni ventanas abiertas para la complacencia.

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