Opinión
Quo vadis, izquierda?

Corría el año 64 d.C. cuando Roma sufría un gran incendio que fue aprovechado por el Emperador Nerón para cargar contra los cristianos y perseguirlos. (Lo de buscar un chivo expiatorio en la desgracia y encontrarlo en los márgenes sociales viene de antiguo). Ante esto, el apóstol Pedro inicia su huida para salvar la vida. Sale de noche por la Vía Apia y ahí se cruza, caminando hacia Roma, con Jesús. Pedro le hace la pregunta: "Quo vadis, Domine?".
España vive en una situación en la que también tenemos que hacernos esa pregunta: ¿adónde vamos? Porque más nos vale tener clara la dirección.
El pacto de gobierno en Andalucía entre el Partido Popular y Vox acelera la vía de salida de la crisis de régimen hacia un modelo autoritario y hacia un proceso deconstituyente que daría carpetazo a las conquistas sociales recogidas en la Constitución y a los avances arrancados por la izquierda transformadora en los últimos gobiernos de coalición. Lo de "quieto todo el mundo" ensordece hoy por doquier. Y en estas no hay PP bueno, ni moderado. Hay un único PP que lo fía todo a subirse a lomos de la ultraderecha y embridarla. Qué puede salir mal.
Esta fase de la crisis de régimen acontece a la par que el mundo entra en un proceso descivilizatorio auspiciado por Trump y en una nueva guerra fría. Como en la otra, España es pieza clave en el terreno geopolítico. No por casualidad en las primeras 24 horas desde su toma de posesión Trump señaló a España: no está alimentando la industria militar norteamericana como debiera ni guardando silencio cómplice ante el genocidio palestino.
Hay un claro entrelazamiento entre la dinámica global y la propia española. La oligarquía española, conformada por esas familias otrora propietarias y ahora manijeras de los fondos de inversión norteamericanos, tiene un plan: proceso deconstituyente dirigido por un bloque conservador/reaccionario y alineamiento sin fisuras de España bajo la égida norteamericana en la nueva guerra fría. El Departamento de Estado y el "algoritmo" ayudan desde fuera.
Insisto, el bloque dominante tiene un plan. ¿Cuál es el nuestro?
La izquierda alternativa, esa que conecta el impulso rupturista de la transición con el 15M y aspira a una salida democratizadora a la crisis de régimen, tiene que estar a la altura de esta coyuntura en la que se está decidiendo mucho más que el futuro gobierno de España. Sánchez ha surfeado cuanto ha podido la crisis de la socialdemocracia. Vio las barbas rasurar en el resto de Europa y puso las suyas a remojar. No dudó en romper el perímetro del régimen pactando con Bildu, conformando gobierno con la izquierda proscrita y guardando posición internacional disonante con los EEUU. Hasta ahí ha llegado gracias a su voluntad de sobrevivir y a que las confluencias de izquierda alternativa han tenido la suficiente fuerza como para mantener abierta la crisis de régimen. Sin nosotras hace tiempo que el plan de las derechas se habría implementado. Pero ya se vislumbra el postsanchismo. Por tanto, hemos de intervenir en la coyuntura con eso en el horizonte, dando una alternativa estratégica a la mayoría social.
Hay tareas inmediatas ineludibles que tienen que servir para revalidar el gobierno de coalición porque este es condición de posibilidad de garantías democráticas básicas y de una posición internacional referenciada en las resoluciones de las Naciones Unidas. Estas tareas se concretan en blindar un frente amplio que dé continuidad a las confluencias, dotarlo de liderazgo e incorporar a la gente al proceso político. Esto último es fundamental porque las próximas generales no podemos disputarlas solo desde una coalición de partidos. La institucionalidad del espacio político, del frente amplio, ha de progresar brindando cauces de participación y pertenencia popular.
En segundo término, hay que proveer de proyecto a este frente amplio, que ya no se enfrenta a la coyuntura de 2023. Hace falta más que un arreglo de chapa y pintura. Un frente amplio es alternativa estratégica si sus objetivos responden a la necesidad histórica y estos expresan los anhelos profundos de la gente. Por tanto, estos se traducen en las dos contradicciones dominantes: la crisis de régimen y la progresiva instauración de una Internacional Reaccionaria de corte fascista.
La respuesta a la crisis de régimen pasa por empujar hacia una democratización del Estado, que destierre lawfare, cloacas y patrimonialización de aparatos del Estado; doblar el pulso al bloque rentista, inmobiliario y turístico, que hoy atrofia nuestro modelo económico; y proteger las libertades, los derechos sociales y la plurinacionalidad del Estado. Este es el programa antagónico al plan de Partido Popular y Vox para las generales.
Evitar que los amigos y referentes en España de Trump y Milei se hagan con el BOE también debe servir para que España juegue un papel decidido en el contexto europeo. Eso significa hablar de soberanía digital para tener un control real sobre la inteligencia artificial, de soberanía alimentaria, de descarbonización y adaptación a la crisis climática, de autonomía estratégica de defensa al margen de la OTAN y bajo principios de seguridad humana, y de alineamiento con el derecho internacional. Europa es un terreno en disputa.
En tiempos de incertidumbre hay que suministrar un proyecto que dé seguridad a la mayoría social ante una ofensiva sin precedentes de quienes no quieren perder sus privilegios. La solución pasa por dar respuestas a las contradicciones de nuestro país y a los grandes retos de la humanidad reivindicando el socialismo como un futuro posible y deseable. Algo que ya está ocurriendo en el corazón del mismo Imperio con el avance de candidaturas socialistas aupadas por un proceso de movilización social, articulación de clase y programa transformador cuya máxima expresión está en la alcaldía de Zohran Mamdani. Esta tarea histórica y titánica requiere de todas las voluntades, organizadas en partidos o no. Que un frente amplio llegue con fuerza a las generales es el primer paso.
La izquierda alternativa, con una real aspiración y vocación transformadora, tiene que asumir su responsabilidad y tomar el liderazgo ante las capas populares de nuestro país. Somos parte de esa clase trabajadora que no se resigna pero que necesita un plan.
Según el texto apócrifo del siglo II, Acta Petri, la respuesta que Jesús dio a Pedro en la Vía Apia fue Romam vado iterum crucifigi (voy a Roma para ser crucificado de nuevo). No abandonó a sus fieles. Y Pedro se dio la vuelta con él.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.