Opinión
Rajoy, los nazis y la ventana de Overton

Por Miquel Ramos
Periodista
Los negros no pueden ser franceses. Es lo que vino a decir el expresidente Mariano Rajoy en una columna de opinión sobre el mundial de fútbol en un periódico de la Asociación Católica de Propagandistas. La racistada ha causado un gran revuelo en España y más todavía en Francia, donde hasta los ultraderechistas de Reagrupamiento Nacional salieron a criticar sus palabras, usando el caso para situarse hábilmente al margen de un racismo que no les es ajeno ni extraño, pero que con el tiempo han sabido capear y disfrazar. El racista es Rajoy. Ellos son patriotas franceses, antes que nada. Pasaron esa pantalla hace años, y ahora buscan el voto también en las segundas y terceras generaciones de ciudadanos de origen migrante.
Se sumó a las críticas Alejo Vidal-Quadras, fundador de Vox, hoy fuera del partido, y más listo que Mariano. Demasiado nazi para él lo de Rajoy, negando que un negro pueda tener nacionalidad de cualquier país de Europa. El portavoz nacional del PP, Borja Sémper, salió al rescate para quitar hierro al asunto, enmarcando su racismo en un supuesto sarcasmo "sin mala intención". Es todo una broma, jaja. El racismo es divertido. Esa misma tarde, el portavoz del grupo neonazi Noviembre Nacional respondía a una periodista que él identificaba lo que es ser español viendo a cada persona. No hizo falta decir más para decir lo mismo que Rajoy. Fue incluso más elegante, pero ambos discursos son igual de nazis. Si no eres blanco, no puedes ser español, ni francés, ni europeo.
El Debate, el panfleto ultra que publicó la patraña del expresidente, redobla la apuesta y publica tres días después otra vomitiva columna en la que habla de "simios" y "bárbaros" para definir a algunos los ciudadanos franceses (adivinen a quiénes), y les atribuye, además de una propensión al crimen y a la algarada, un bajo coeficiente intelectual. No es algo que nos venga de nuevo, solo que, hasta ahora, tan solo los nazis y cuñados habituales eran los únicos que se atrevían a defender este racismo biológico acientífico y genocida. Eh negro, vuelve a la selva, Europa es blanca y no es tu tierra, gritaba un grupo nazi en una canción de los años 90. El artículo citado se llama "Paris, el planeta de los simios". Del casete de aquel grupo nazi, a las páginas de un periódico regado con dinero público. Ni tan mal. Han conseguido reventar la ventana de Overton, celebran hoy los nazis, haciendo aceptables y parte del debate público sus ideas. Tan populares ya, que hasta Rajoy las exhibe sin pudor.
"Debería haber en los colegios una clase de sentido común y de ser buena persona", dijo Carlos Baute a Paz Padilla en una entrevista en Telecinco esta semana. El cantante venezolano que llamó "mona" a Delcy Rodríguez, celebró los bombardeos sobre su país y el secuestro de su presidente por parte de Estados Unidos, hoy nos da lecciones de humanidad y sentido común. Es precisamente esa apelación a su sentido común la trampa de esta batalla. Para la ultraderecha, el sentido común está secuestrado por lo que llaman marxismo cultural, esas ideas impuestas de igualdad, solidaridad y derechos humanos que entorpecen el desarrollo del ser humano, su virtud y la de su nación. Baute fue agraciado con la medalla de oro de Madrid, que le entregó la presidenta Isabel Díaz-Ayuso. El ejemplo de buena persona que reivindica el cantante.
Vox observa el espectáculo y se fuma un puro. Nada que objetar, precioso lo que sucede mientras ellos siguen con su agenda, marcando el paso al PP, que ya baila al son de su música allá donde sea necesario para gobernar. El viento sopla a favor y son múltiples los frentes en los que se libra la batalla cultural de la extrema derecha por normalizar sus odios y derribar todo consenso. Por eso Abascal usa reiteradamente la apelación al "sentido común". A su sentido común. Tan solo han tenido que insistir, poner condiciones y mantenerse firmes, y así todo les vino rodado. Hoy nos entretenemos con Rajoy, con los panfletos y artefactos de la fachosfera, con los nazis encapuchados que, a pesar de ser insignificantes, siempre tienen una cámara delante para promocionarlos.
Estas últimas semanas, Vox ha rescatado al negacionista del Holocausto Fernando Paz, que fue defenestrado en 2019 tras el toque de atención de las comunidades judías. Hoy, esto ya no es un problema. Vox es el aliado del Likud en España, del partido de Netanyahu, y puede a la vez arrogarse la defensa de los judíos (de Israel en realidad) e invitar a sus chiringuitos a un filonazi. De hecho, ni la Federación de Comunidades Judías ni el observatorio del Antisemitismo, ambos abiertamente sionistas, no han dicho ni mu.
Hay todavía quien nos acusa de ver nazis y fascistas por todas partes. Hasta en la taquilla de un policía municipal de Madrid, solo por tener pegatinas de Hitler Fans y calaveras de las SS. "Se está investigando", dice la consejera de seguridad del Ayuntamiento, sin dar más información. Y no pasará nada, igual que sucedió hace unos años cuando en un chat del mismo cuerpo municipal circulaban imágenes de Hitler y se deseaba la muerte de varios políticos. El caso se archivó porque todo sucedió en un "ámbito privado" y el juez consideró que no tenía carácter amenazante. Ya no se puede decir nada, y ya están de nuevo estos wokes cancelando a quien no piensa como ellos.
Pero la peste no es nueva, ni es solo cosa de nazis. Hoy, saliendo del metro, subo las escaleras junto a un par de chavales latinos. La patrulla de la policía que estaba en la salida observa a todos los que subimos las escaleras. Adivinen a quien pide los papeles. Porque ellos, igual que los nazis de NN, también a simple vista saben quién es español.


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