Opinión
Recurrir hasta aburrir y evitar la prisión

Periodista
El futbolista Rafa Mir ha sido condenado a ocho años y medio de cárcel por un delito de agresión sexual y un delito de lesiones en una sentencia ejemplar en donde por fin se ha aplicado la perspectiva de género y se ha escuchado con empatía a las víctimas. Algo bastante poco habitual en este tipo de delitos que suelen ocurrir en la intimidad y sin la presencia de testigos directos. Por otra parte, cuando hay testigos estos no siempre son de fiar, ya que pueden estar salpicados por estereotipos de género hacia las mujeres que hacen que apliquen la presunción de la mentira con las víctimas, o que directamente las silencien. Precisamente, esto fue lo que hicieron los tres policías locales de Bétera que acudieron al lugar de los hechos después de ser alertados por un vecino. Las declaraciones de los agentes en el juicio fueron absolutamente contradictorias con la declaración de las denunciantes “convincente, consistente y coherente”, según la propia sentencia. Por este hecho, la sala ha pedido investigar a los tres policías, para comprobar si sus declaraciones en sede judicial son constitutivas de un delito de falso testimonio. Por si fuera poco, las jóvenes manifestaron que no se sintieron protegidas por los agentes en ningún momento, y que estos incluso se rieron de ellas junto a los acusados.
¿Casualidad? En absoluto. El descrédito hacia las víctimas no es una excepción y la complicidad entre policías, agresores y jueces es la tónica con la que muchas mujeres se encuentran cada día en los juzgados de este país. No está de más recordar las recientes declaraciones del magistrado David Maman, que retiró la protección a una de las víctimas del exDAO de la Policía Nacional y a su hija, arguyendo que las mujeres tenían “ventajas” en los juzgados y que la forma de expresarse del agresor reflejaba “amor” y no agresión, a pesar de que en los mensajes aportados por la víctima el acusado reconocía intentos de violación. Por eso, el 95% de las víctimas no denuncian nunca, y por eso, tipos como Rafa Mir se sienten impunes para ejercer la violencia.
Y aunque la condena a Rafa Mir es justa, el futbolista no entrará de momento en prisión, ya que ha anunciado que la recurrirá. Durante el tiempo que esté esperando la resolución del recurso el futbolista puede hacer muchas cosas, más ahora que a la vuelta de la temporada ya no jugará con el Elche, que ha rescindido su contrato de cesión condenando cualquier acto de violencia. Sin embargo, su contrato con el Sevilla continúa activo hasta junio de 2027 y aunque el club no se ha pronunciado sobre su futuro laboral, parece poco probable que Mir vuelva a pisar un terreno de juego en lo que resta de temporada. A no ser que lo manden cedido a algún país en donde los derechos de las mujeres importan bien poco, tal como le pasó al exjugador del Celta, Santi Mina, quien tres años después de haber sido condenado por una agresión sexual, continúa sin entrar en prisión. Conviene recordar que los hechos por los que Mina fue juzgado ocurrieron en el año 2017, que fue condenado inicialmente en mayo de 2022 y que, en julio de 2023, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ratificó la pena. El agresor recurrió al Tribunal Supremo, igual que se espera que haga Rafa Mir. Y el alto tribunal aún no ha emitido una sentencia. Así que, entre pitos y flautas, ya han pasado casi 10 años del delito, el delincuente sigue libre y la víctima sin reparación.
En el tiempo que Rafa Mir esté esperando la resolución definitiva puede ir a la playa o puede cogerse un avión, más teniendo en cuenta que la jueza le ha devuelto su pasaporte para que pueda usarlo “de manera puntual” y “por motivos laborales”. Lo que haga con él, lo veremos próximamente. Si El Yoyas pudo esconderse de la Justicia durante casi dos años en una casa a 60 kilómetros de Barcelona, estoy segura de que un futbolista que cobra millones, también. ¿Alguien sabe dónde está Santi Mina?
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