Opinión
El reflujo ultra

Por Joan Losa
Periodista
Cuenta F. que a veces se siente como una de esas farolas averiadas que se mantienen erguidas y parpadeantes incluso cuando ya ha amanecido. Una imagen de cierta hondura poética que F., renuente por lo general a este tipo de florituras, ha deslizado en la conversación con fingida indiferencia mientras se afanaba en aplacar, sin mucho éxito, la acometida del enésimo reflujo gastroesofágico de la noche, acaso propiciado por la media ración de torreznos de Soria que, con afán devorador, ha tenido a bien despachar casi en exclusiva ante la mirada azorada del resto de comensales.
La voracidad de su ingesta, el aparatoso trasiego de su tracto digestivo y esa inesperada descarga poética, ajena como decimos a la sobriedad que profesa el concernido tanto en su vida cotidiana como en sus escritos —F. es periodista, cubre la ultraderecha—, podrían ser síntomas de un desajuste interno. No olvidemos que los problemas de uno, contrariamente a lo que algunos piensan, no están escritos en el cielo, tampoco en las estrellas; guardan, en cambio, una estrecha vinculación con el temblor involuntario de un ojo, la calentura en el labio o las pasiones irresueltas. Es ahí donde se dirimen los contratiempos y, también, donde se intuyen los anhelos. Quizá la repentina pulsión poética de F. y su inestabilidad gástrica tengan algo que ver con esto.
Nos consta, de hecho, que F. ha solicitado un cambio en el periódico que le permita abandonar los rigores de la información política, concretamente de la ultraderecha, cuya desapacible retórica le está pasando factura. Por esta razón, le ha pedido a su director incorporarse al suplemento Ocio y Estilo de vida, una sección más proclive a la adjetivación y por tanto más receptiva al reflujo poético que le ha nacido dentro, reflujo que ahora, obligado a reprimir por motivos profesionales, quién sabe si el bueno de F. busca exorcizar a base de torreznos, si bien esto último es mera conjetura. La petición, por cierto, ha sido formalmente denegada por parte de su superior bajo el razonable pretexto de que no existe tal sección en el diario.
El caso es que lo del reflujo ha ido a más y F. se ha puesto en manos de un especialista en el aparato digestivo. Así, tras la preceptiva gastroscopia, le ha sido realizada una biopsia del tejido interno esofágico, cuyo examen histológico revela áreas focales de autoritarismo crónico en el epitelio escamoso, compatibles con una exposición prolongada a ácidos reaccionarios. Pese a que no se han registrado displasias de alto grado, sí hay evidencia de microorganismos retrógrados que podrían estar generando un cuadro clínico neofascista, lo que explicaría los episodios cada vez más frecuentes de regurgitación ideológica.
Por último, en determinadas áreas del epitelio se observan cambios de un cierto radicalismo, agravado por el fortalecimiento de la dicotomía nosotros/ellos, que podría derivar, en el peor de los escenarios, en un carcinoma golpista. Se prescribe reposo y buenos alimentos. También la lectura diaria de 50 páginas de Simone Weil, que deberá alternar con un poema de Francisco Brines cada cuatro horas. Se aconseja al paciente que evite, en la medida de lo posible, el consumo de filósofos post-heideggerianos y el cine de autor ante el riesgo de coágulos. No se descarta la conveniencia de establecer contacto físico sostenido o, en su defecto, la adopción de un cánido de pequeño tamaño. Por último, se recomienda el abandono definitivo del torrezno.
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