Opinión
Un retrato de los mismos pijos de toda la vida

Periodista y escritora
Ante la Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados y Diputadas de España se junta media docena de periodistas y tres cámaras de televisión. Irene Montero va a hacer unas declaraciones sobre la campaña de odio que VOX ha iniciado contra mí por una columna que, por lo visto, no les gustó. El grupo de periodistas y políticas de Podemos, además de nosotras —me han acompañado varias mujeres—, está rodeado por policías para garantizar la seguridad. Algunos van de paisano, otros de uniforme. Son las 12 del mediodía y el carillón de la Plaza de las Cortes llama al baile goyesco.
En cuanto nos situamos ante los medios empiezan a aparecer chicos jóvenes con pinta de estudiantes de universidad privada. Mucho fachaleco, mucho polo de marca, mucho flequillo largo sobre la frente, ese aroma al clásico niño pera de antaño redivivo. Uno grita “Comunistas”, y el resto corea. La policía los ha enviado a la acera de enfrente y, desde allí, van gritando idioteces comunes y consignas ininteligibles. Todos ellos son iguales, como salidos del mismo molde antiguo. No se trata de rapados del entorno Desokupa ni de los neonazis de Núcleo Nacional, aunque quizás cuando se desenfundan el chalequito alguno guarda la camiseta negra con las siglas NN. Son los clásicos niños de papá, los de toda la vida. Soy lo suficientemente mayor como para haberlos visto de varias épocas. Resulta pasmoso que se reencarnen exactamente generación tras generación. Casi puedo ver la cara de sus padres, machos de mi quinta que en aquel entonces lucían ese mismo pelo pegado con gomina hacia la nuca.
Son carne de colegio privado y universidad privada, son una veintena, son varones. Todos ellos son varones, no hay ni una chica en la pandilla vocinglera de pijos, creo que ahora se les llama “cayetanos”. Eso es lo único que me interesa de ellos, que están solos. En ese estar solos hay, no un retrato, sino varios. Un retrato de la extrema derecha. Un retrato de los que gritan. Un retrato de los violentos. Un retrato de los nuevos fascismos. Un retrato de la parte de la sociedad racista, misógina y ultra.
Cada vez tengo más claro que tendrán enfrente a las mujeres, a las veteranas y a las chavalas, a las que tienen curro y a las paradas, a las madres y a las que deciden no parir. Nos tendrán enfrente a todas. Por supuesto que, en los núcleos más duros del neofascismo, de los nuevos nazis, hay mujeres jóvenes. Pero son las menos. Nadie me va a convencer de lo contrario. Lo vemos en las encuestas, en los análisis de voto, en las redes… Pero sobre todo, este viernes lo pude volver a ver en la calle. Ese grupo de machitos pijos, niños de papá, consiguió el efecto contrario al que buscaban: me llenó de tranquilidad.
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