Opinión
El rey irá "cuando toque"

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
A la (ultra)derecha le ha entrado tal pataleta con Felipe VI que, si yo fuera Felipe VI, me preocuparía. Cada vez que Vox y el PP sacan la figura del rey a pasear en sus exquisitos discursos de oposición y éste no cumple sus expectativas -o sea, que haga la política que la Constitución no le permite hacer, además, en el sentido partidista único, o sea, contra Pedro Sánchez-, a continuación, siempre aflora una masa de exaltados de esa misma ultraderecha dirigente que los espolea para llamarle cobarde y otras lindezas similares. ¿Han olvidado ya la ley de amnistía y las manifestaciones de fachas y frikis con rosario frente a la sede socialista de la calle Ferraz? Les refresco un poco la memoria: "Los borbones, a los tiburones", "Felipe, masón, defiende tu nación" o "¡Échale huevos, Felipe, échale huevos!". Y si eso ocurría en la vida real, imaginen al tiempo lo que vomitaban las redes sociales contra el rey por no dar un golpe de Estado bien dado y mandar a Sánchez a la guillotina con todo su Consejo de Ministros. Así se las gastan los fascistas: o conmigo o contra mí; o me obedeces o "a los tiburones". Y el PP, jaleando la jugada, por supuesto.
El rey vuelve a ser el ariete de PP y Vox contra Sánchez: que si tiene que ir a Ceuta, que si no va es porque el presidente le tiene manía y no le deja, que si el jefe del Ejecutivo quiere más a Mohamed VI que a Felipe ídem,... Si la crisis de la ciudad autónoma no fuera tan grave, tan cruel y tan ilustrativa del momento que atraviesan España, la Unión Europea y las democracias en general, por más que las instituciones de Bruselas traten de escaquearse, habría que reírse del guiñol que la ultraderecha ha montado con la marioneta de un monarca cuyos hilos tiene cortados por la Constitución.
¿Qué solución proponen PP y Vox para resolver la emergencia en Ceuta? Devolver a todos los inmigrantes a Marruecos saltándose las leyes, los derechos humanos y la decencia misma y que Felipe VI plante su trono en la frontera y, de paso, en el Consejo de Ministros... hasta que lleguen Feijóo y Abascal, que entonces, olvídese el rey de paseíllos por España. Solo hay que recordar a José María Aznar en 1998 para saber cómo se las gasta la (ultra)derecha con cualquiera que pretenda hacerle sombra en la toma de decisiones -y eso que entonces el hoy presidente de FAES no tenía el empaque autoritario de la mayoría absoluta-. Durante una entrevista en la COPE, preguntado por la posibilidad de un viaje a Cuba que quería hacer Juan Carlos I -que sigue siendo rey y rico gracias al dinero de usted y el de esta plumilla-, Aznar respondió que el jefe del Estado iría "cuando toque", y añadió: "Hay muchas personas que tienen deseo de ir a Cuba, pero este tipo de viajes no se realizan por razones de deseo, sino de oportunidad política. El rey irá cuando se den las circunstancias propicias para que su desplazamiento se produzca con todo tipo de garantías". Y qué cosas, que a Juan Carlos nunca le tocó ir a La Habana en visita de Estado, sino a una Cumbre Iberoamericana -con Aznar vigilante en 1999- y al funeral de Fidel Castro en 2016, cuando el rey ejecutivo ya era Felipe VI, quien sí hizo ese viaje de Estado en 2019 por el quinto centenario de la fundación de la capital cubana. Con Pedro Sánchez en La Moncloa y todo.
Aznar estuvo muy antipático en la COPE con el rey campechano, es verdad, pero tenía razón y al PP le pareció muy bien la contundencia de su líder con un jefe de Estado acostumbrado a ser el perejil (con perdón) de todas las salsas políticas sin que nadie pusiera freno a tantos desmanes y corrupción. Otra cosa eran los motivos de Aznar para dejar constancia del papel de un rey en España y que pasaban más por la antipatía que le generaba un Juan Carlos que lo despreciaba sin disimulo que por una defensa de la Constitución o, no digamos, el interés general, como demostró al meternos en una guerra ilegal en Irak o intentar mentirnos sobre la autoría de los atentados del 11-M.
La cuestión no es si el rey va a Ceuta o no, un asunto anecdótico con el que PP y Vox pretenden distraernos de la crisis humanitaria y de acoso a la democracia que ha estallado en la frontera sur europea (eu-ro-pe-a). La cuestión de fondo es la capacidad e impunidad de la que hace gala la ultraderecha para mentir, tergiversar, inventar y utilizar todas las instituciones posibles para avivar el miedo, el malestar, la tensión, la provocación o la xenofobia en Ceuta y el resto de España para acabar con el Gobierno: que reviente todo que ya lo arreglan ellos. A su manera, claro, la peor de todas.

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