Opinión
El sacrificio por España

Periodista
Dicen Vox y PP que bajarán los impuestos. Vox se saca una calculadora que promete dejarnos más dinero en el bolsillo. Menos IRPF, menos IVA, menos impuestos para las empresas. Y, para sorpresa de nadie, todo es humo. Aún más en una España que va a crecer más que EE.UU y el triple que Francia e Italia, según el FMI.
Usemos esa calculadora de Vox. Y vemos que quienes cobran salarios mínimos y sueldos bajos obtendrían de entre 300 a 0 euros al mes. El tema está en que si bajas impuestos, pierdes financiación pública. Y entonces, ¿cómo pagas con 300 euros si caes enfermo y te sale a 1000 euros cada noche en el hospital? ¿Cómo pagas a 500 la visita a urgencias? ¿Cómo pagas los 2000 euros de una sesión de quimioterapia de tu madre? Con los 300 no te llega ni para medicamentos. Sí, te van a arruinar.
Te dirán que quitarán “subvenciones” y “paguitas”, pero tampoco. No lo digo yo, lo dice una entidad neoliberal como el Institut Ostrom. Sostiene que incluso quitando el ingreso mínimo vital, las becas, la cooperación internacional o las ayudas a partidos y sindicatos, apenas cubre. Es más, indican que para financiar sin endeudarnos, el Estado tendría que recortar el equivalente a la mitad del gasto en pensiones, a la totalidad de la sanidad pública o a una cifra superior a todo el coste de la educación pública. No basta con preguntarse cuánto dinero nos devuelven. Hay que preguntarse cuánto nos cuesta después vivir. La calculadora de Vox solo es rentable para quienes son ricos.
A esto, más leña. Feijóo nos pide esfuerzo y sacrificio. Dos palabras que suenan mucho a pasado. A Rajoy. Si el FMI confirma a España como la líder de las economías avanzadas con un sistema del bienestar, ¿para qué hacer sacrificios? Está el problema de la vivienda, sueldos bajos y desigualdad, aumentada ante una inflación ocasionada por Trump y Netanyahu; pero la economía no está en aquella crisis. El empleo ha alcanzado cifras históricas y varias empresas han registrado beneficios extraordinarios. Nada justificaría recortes.
Para quienes lo vivimos aquella etapa fue un infierno. No vamos a pagar una factura que no nos corresponde. Ni vamos a ver a nuestros padres y madres empobrecidos, ni vamos a sacrificar nuestros derechos para nadie, por mucho que sugiera Cayetana Álvarez de Toledo. Ni vamos a permitir privatizar las pensiones, porque la pensión no es un regalo, es trabajo.
No es lo mismo un sistema público de reparto, basado en la solidaridad entre generaciones, que otro donde una parte de la jubilación dependa del ahorro individual y de invertir en mercados financieros a riesgo. No todo el mundo puede ahorrar lo mismo ni todo el mundo llega a la jubilación después de una carrera laboral estable. Más aún las mujeres, con más interrupciones laborales por cuidados y con dependencias.
Ya fuimos las cobayas de una austeridad que casi acaba con nuestra vida. Y ahora, que hemos tardado años en comenzar a respirar y a vivir, habiendo destrozado años de sueños por vuestra culpa, escuchamos el mismo cuento.
No salen las cuentas con sus ideas y propuestas. Porque en el fondo la verdad es que esto no va de hacer cuentas. Esto va de querer hacer caja, de nuevo, a nuestra costa.

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