Opinión
De Sagunt a Washington, la ruta del negacionismo cavernícola

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Esta plumilla no esperaría nada de una cofradía católica, teniendo en cuenta cómo ha tratado el Vaticano a las mujeres a su servicio, seres humanos de segunda que no sirven para ser papisas ni obispas ni nada comparable a un liderazgo en esa gran empresa que ha intercambiado acciones intangibles de fe por mucho dinero y poder a lo largo y ancho del mundo.
Con todo y pese a las bajas expectativas igualitarias que me generan los grupos religiosos, a estas alturas del “después de Cristo, dC”, podría pensarse que en 2026 entraría algo de aire fresco en la Cofradía de la Purísima Sangre de Sagunt (València) que votó por la inclusión de las mujeres en los rituales de Semana Santa y emitió un “no” rotundo. Es la “tradición” decían esos cofrades viejóvenes y mayores para justificar el rechazo a que las mujeres tengan la misma participación que ellos y que no se limiten únicamente a limpiar, planchar la ropa de los varones o vestirlos. Digo “varones”, además, porque las mujeres de Sagunt nada más que pedían sustituir este término por “personas” y hacer así inclusivas las normas, pero no hubo manera: un tsunami de testosterona rancia y cerebros congelados desde el Medievo tumbaron la pretensión no tanto feminista como racional. Y eso es lo que falla, parece, porque lo celebraron a gritos los muy primitivos y sin complejo alguno; cada vez con mayor frecuencia y en más sitios, cuanto más machista seas y parezcas en esta España nuestra, más te aplauden.
La negación de un progreso que se supone inherente al ser humano es exactamente el único argumento de chichinabo y gritón que sostiene y aúpa a una ultraderecha excluyente: no a la igualdad de derechos y oportunidades, da igual si son mujeres, gente racializada o inmigrante (pobres sobre todo); no a homosexuales, transexuales y colectivo LGTBIQ+ en general; no a la ciencia que permite avanzar tanto en prevención de enfermedades y pandemias como en evolución energética sostenible que impida la degradación de un medioambiente ya muy maltratado, pero que sigue sosteniendo a nuestra ingrata especie a duras penas; no a la razón, sí a la ignorancia y el bulo…
El negacionismo de estos cerebros de cromañón avanza imponiendo sus postulados mohosos con la complicidad de quienes callan en tiempos de injusticia radical, “la indiferencia de la gente buena”… o la cobarde, con permiso de Luther King, porque ya no estamos para muchas contemplaciones. Han impuesto un ataque ilegal contra una potencia como Irán dos de esos cerebros corruptos y criminales ante la indiferencia de un mundo pusilánime, otro impotente y el aplauso de los suyos; me apuesto el flequillo a que algunos de esos “suyos” viven en Sagunt y pertenecen a la cofradía sangrienta que celebra la misoginia como “tradición”.
Con esta guerra ilegal de dimensiones aún desconocidas, pero que ya está golpeando, sobre todo, los precios de la energía -que lo es todo en nuestras vidas-, EE.UU. e Israel nos han recordado a muchas que, entre su negacionismo violento, figura el rechazo visceral a aquello que da a España esa pizca de alivio que son las energías renovables dentro del mercado feroz de los combustibles fósiles. Sí, lo woke de la demonizada Agenda 2030 es, por ejemplo, la apuesta por unas energías renovables que ya no tiene marcha atrás y que debe alejarnos para siempre de las guerras por el gas y el petróleo, y vamos tarde. Pero los de Sagunt, de la Casa Blanca y sus intelectuales de cabecera te dirán que te pongas al fuego para calentarte, que no hay mayor “tradición” en esa España suya que unos palos ardiendo y una mujer cocinando sobre ellos mientras reza y sangra molida a palos.
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