Opinión
Semana romana y santa

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
En Murcia, en Lorca concretamente, el emperador López Miras el Grande está decidido a montar una franquicia de Cinecittà cada Semana Santa. Para ello, se disfraza de romano, se sube a una cuadriga y se pone a desfilar en plan drag-king tirado por cuatro caballos entre los aplausos de la plebe. Anda que no tiene mérito haber hecho del Viernes Santo el Día del Orgullo Mostrenco. Hace poco leí a un pobre hombre que decía -completamente en serio- que el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces es un claro ejemplo de capitalismo evangélico. Como si Cristo vendiera bocadillos de anchoa a los hambrientos con un interés del veinte por ciento. López Miras lo demuestra al convertir el momento más trágico y solemne del cristianismo en una patochada circense donde el único milagro es que hayan logrado embutirle todas las arrobas en una armadura de plástico.
Hablando de espectáculos circenses, hay que reconocer que el PP no descansa en su infatigable tarea de hacer el ridículo ni siquiera en domingos y fiestas de guardar. No hace falta contemplar el lamentable peplum rural de López Miras para comprender que no celebran tanto la resurrección de Cristo como la del imperio romano. El imperio romano versión brazo en alto, se entiende. Más que con la Virgen y los apóstoles, ellos están con el Sanedrín juzgando a Cristo por sedición, con Poncio Pilatos lavándose las manos con agua bendita, con la chusma que lanzaba escupitajos al paso de la cruz y con la soldadesca que la escoltaba hasta el Calvario. Imagina la gracia que le haría al Cristo de la Buena Muerte abrir los ojos y ver a un montón de legionarios transportando su cadáver veinte siglos y pico después: todo un déjà vu con cabra y barbas. En cuanto a lo de Ayuso canturreando "Soy el novio de la muerte" al paso de la Legión ni siquiera necesitaba subtítulos. El novio será en Málaga porque en Madrid es la apoderada, la financiera, la hincha número uno y la esposa legítima. Llega a rodar Ingmar Bergman El séptimo sello con Ayuso y la Muerte, en vez de al ajedrez, tendría que jugar al monopoly.
Que Ayuso confundiera la madrugá entre el Jueves Santo y el Viernes Santo es un despiste similar al de López Miras travestido de Teodosio I el Grande en lugar de Ben Hur a lomos de Charlton Heston. Así, del mismo modo que el espíritu navideño se ha reducido a operaciones mercantiles, belenes, arbolitos y despilfarros lumínicos, la Semana Santa en manos del PP se va quedando en una película de romanos bien cutre. De ésas en las que los legionarios se jugaban la túnica de Cristo a los dados. En Sevilla, Córdoba y Málaga han privatizado la Semana Santa sólo para el que pueda pagarla, aunque los devotos con falta de liquidez siempre tendrán la libertad de verla por la tele, tomando una cerveza.
El alcalde de Málaga, por cierto, sigue siendo el mismo munícipe que, ante el problema de la vivienda en el centro de la ciudad, sugería a los malagueños descontentos que se mudaran a la periferia o mejor a algún pueblo más o menos cercano. "Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me recogisteis". Esas son, según Mateo 24, las palabras de Cristo en referencia a los pobres y, en especial, a los migrantes, aunque en el PP prefieren guiarse por la frase inmortal de Andrea Fabra cuando Mariano Rajoy anunció el recorte a los parados: que se jodan. Una cruz por persona, gracias.
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