Opinión
Sobre los agresores que permanecen en los partidos

Periodista y escritora
Es triste que haya tenido que ser Alberto Núñez Feijóo quien haya metido el feminismo y los derechos de las mujeres en campaña. No por ello menos previsible. Ahora el PSOE dirá que va a hacer esas cositas que no ha hecho durante los años que lleva gobernando. Pienso que no somos idiotas, que no nos lo vamos a creer, pero quizás hay quien tiene la necesidad de ser un poco idiota para no cortarse la vena, y lo comprendo un poco.
El PP eliminará el ministerio de Igualdad y recortará la Ley del Aborto, para empezar. Esto último significa, por ejemplo, que podrían obligar a gestar a las menores de 18 años. En cuanto al ministerio, lo cierto es que el actual no ha brillado por su audacia, por su actividad ni por sus iniciativas. Vamos, que no han hecho nada. Para eso se lo quedó el PSOE, el de Pedro Sánchez y sus amigos de 50 a quienes molestamos las feministas.
Pero llega el momento de votar, y saben que sin el voto de las mujeres a las izquierdas les resulta imposible conseguir una mayoría necesaria para gobernar. Así que ahora vendrán las promesas y los cantos de sirena, las listas de todo lo que harán pese a no haberlo hecho mientras han podido. Y todo se presenta como la copia lamentable de un viejo programa de televisión de aquellos tiempos en los que éramos inocentes. Sin embargo, se están encontrando con un problema no menor.
Escribo este artículo desde un encuentro internacional (entre la UE y los EEUU) de mujeres activistas en distintos campos referentes a los derechos de las mujeres: derechos sexuales y reproductivos, soberanía digital, violencias machistas, brecha salarial, economía y maternidades… En uno de los ejercicios que nos propusieron, cada una de nosotras tenía que mencionar cuál era, desde su punto de vista, el mayor problema a combatir en este momento histórico, sólo uno. Éramos unas 25, así que surgieron muchos problemas, claro, porque no podíamos repetirnos. Acto seguido, se colgó la lista y tuvimos que votar para debatir cinco de ellos, los que recibieran más apoyos.
Una por una señalamos nuestras urgencias, y el resultado fue sorprendente, aunque creo que no debería de habernos extrañado. El punto más votado, el punto votado por prácticamente la totalidad de las mujeres presentes era “La presencia de agresores en los partidos y las organizaciones de las izquierdas”. Oh.
Digo que no debería extrañarnos porque es algo con lo que lidiamos desde que, hace una década ya, el movimiento testimonial echó a rodar. En nuestro país, tenemos el muy conocido caso de Errejón, pero nos dimos cuenta de que cada territorio, cada partido, cada organización mixta, tiene sus errejones. También me pareció que, bajo cada uno que sale a la luz, se esconden decenas sobre los que no sabemos nada, o sólo un poco. En los partidos de izquierdas, por supuesto, pero también en todos los sindicatos y las organizaciones sociales y humanitarias.
Cada una de esas entidades conoce a sus agresores. Los casos han ido saliendo, se han dado a conocer, unos públicamente, otros en pequeños grupos o chats, algunos en los órganos pertinentes… Y lo que me fascina es que ellos siguen ahí. O sea, que de una manera u otra dichos partidos y organizaciones se las han arreglado para recolocar a esos tipos para que permanezcan sin hacer demasiado ruido, pero dentro al fin y al cabo.
Cuento esto porque creo que explica por qué los partidos de izquierdas —voy a incluir al PSOE como si lo fuera— han ido eliminando el feminismo y, muy particularmente, las violencias machistas de sus idearios y, desde luego, de la campaña. Imagino, por ejemplo, qué respuestas tendría en las redes alguna lideresa o candidata a lo que sea —ellos ni siquiera se atreven— si cargara públicamente contra la violencia sexual. Quizás se iba a llevar un buen chasco.
En algún momento se me ocurrió la idea de organizar una campaña para que las fuerzas progresistas no pudieran presentarse con hombres acusados de violencia a sueldo, bien en el partido, bien en instituciones. Alguien me respondió que, en ese caso, no podría presentarse ninguno de ellos. Puede ser, pero qué triste que sea esa la razón para no intentarlo. Mientras tanto, tendremos que confiar en que Feijóo siga haciendo el trabajo de aflorar nuestros derechos, aunque sea para echárselos a los cerdos.
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