Opinión
No somos seres de luz

ÚLTIMA HORA! Sufre un ataque de ansiedad tras pegar a su novia delante de sus tres hijos pequeños en Vigo.
Me sé el titular de memoria. Apareció en el Twitter de La Voz de Galicia el 30 de diciembre de 2017, años antes de que Musk le cambiase el nombre. La gente ya se indignó hace casi una década y lo eliminaron a los pocos minutos. Tres meses después tuvieron lugar las históricas manifestaciones por el 8M y la huelga feminista del 2018, con el caso de la Manada muy presente y el juicio recién terminado. La vida "normal" de la chica violada en San Fermín: universidad, viajes y amigas. Este también me lo sé de memoria. Se publicó en noviembre del mismo año. La diferencia es que todavía se puede leer en el periódico online original. Nadie ha considerado eliminarlo o, tan siquiera, modificarlo.
Lo más odioso del titular, aunque seguramente la intención de su autor fuese todo lo contrario, son esas comillas. Por supuesto que las mujeres violadas llevan vidas normales: algunas, incluso, el mismo día después de la agresión. Como Alex, protagonista de La Furia, que pretende actuar como si no hubiese pasado nada. La historia de su violación está basada en una experiencia real vivida por la directora de la película, Gemma Blasco, nominada a mejor dirección novel en los Goya 2026 y que al recibir el Premio Gaudí en la misma categoría dijo en su discurso (traduzco del catalán): "A la Gemma de 18 años que acaba de ser agredida y que soñaba con ser cineasta (…) quiero decirle estas palabras: sé que ahora te duele el cuerpo, y el alma, y todo es muy oscuro, pero créeme, pasarán los años, conocerás a hombres que no verán tu cuerpo como un territorio de conquista, encontrarás el amor de muchas formas (...). Las mujeres de tu vida te sanarán y repararán, y algún día podrás ejecutar a través del cine una venganza poética y respetuosa. No tienes nada de lo que avergonzarte. De hecho, gracias a la lucha de mujeres como tú en 2026 te aseguro que la vergüenza está cambiando de lado". Yo también creo que está cambiando de lado, pero más por parte de las víctimas que de los victimarios. ¿Cuántos violadores avergonzados conocéis? Violadas, todavía demasiadas.
Supongo que en eso pensaba la titular del juzgado de violencia de género de Vitoria, cuando le preguntó a una denunciante de maltrato y abusos sexuales si había cerrado bien las piernas para evitar una violación. Concretamente, la pregunta fue: "¿Cerró bien las piernas, cerró toda la parte de los órganos femeninos?". Me gustaría saber si esa jueza sabe cerrar la vagina, porque la boca está claro que no. Ocurrió en 2016 y la asociación Clara Campoamor la denunció. Un año después, la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial archivó el expediente al considerar que no había cometido ninguna falta de desconsideración o de abuso de autoridad. Imaginen que una mujer pasa por un robo: «¿Cerró bien las puertas, cerró toda la parte de la casa para evitar el robo con violencia? ¿Dejó usted bien claro que no quería ser robado?».
Detenido en Valencia por darle una paliza, que murió después en el hospital. Vete tú a saber si fue una negligencia médica. O Aparece muerta una mujer de 27 años en Tenerife y detienen a su pareja, a lo mejor por tráfico de drogas. Ambos titulares son de 2017 y, como los anteriores, están grabados en mi cabeza porque los repito cuando voy por los institutos hablando de mi novela Senlleiras. Desde 2018, más de un centenar de charlas. Y luego viene la pregunta que ha cobrado especial interés en los últimos años. Lo notas por el movimiento de los y las adolescentes en sus sillas, por el número de cabezas levantadas y sonrisitas de lado: ¿qué pasa cuando somos las mujeres las agresoras? Sí, les confieso que yo misma le pegué una bofetada a un tipo que me tocó el culo en una verbena. Una mujer apuñala a su novio seis veces tras encontrarle desnudo sobre su hija de doce años. Yo no soy periodista, pero había entendido que los titulares tienen que sintetizar la información. No sé cómo se puede sentir la imperiosa necesidad de aclarar que la mujer que se muere de una paliza (ella solita, ¿eh?) no lo hizo en el momento, sino después en el hospital, más tarde, no vaya a ser que el culpable no sea un asesino sino solamente un agresor y, sin embargo, en el caso de la agresora sea necesario ponerse a contar puñaladas (no una, ni dos, sino seis, alevosía y ensañamiento cuanto menos). Además, a mí no se me ocurren muchas actividades lúdico-festivas que se puedan realizar desnudo sobre una niña para evitar con tanto cuidado la expresión "intentando violar", la verdad.
Algo parecido pensaría, supongo ("procedamos con cuidado, no vaya a ser"), la jueza a cargo del juzgado de lo social nº 5 de San Sebastián, apartada de la carrera judicial en 2024 por tener más de 200 sentencias sin dictar. En 2018 había formado parte de la Comisión de Coordinación contra la Violencia de Género de Gipuzkoa y fue la jueza instructora inicial del caso contra el violador y pornógrafo infantil Kote Cabezudo, condenado a más de 28 años de cárcel. Mientras ella investigó la causa sometió a un calvario a las víctimas con sus interrogatorios y se negó a dictar el ingreso en prisión provisional del violador. Esto no lo digo yo, sino que tras una denuncia interpuesta por el abogado Mario Díez en defensa de las víctimas, fue apartada de la instrucción por incumplir su deber. Ella lo demandó por vulneración del derecho al honor y la Audiencia Provincial de Guipúzkoa condenó al abogado a indemnizarla con 40.000 euros más intereses y costas. La misma Audiencia que había dictaminado años antes que una de las mujeres violada, estafada y objeto de pornografía infantil por Cabezudo debía ser indemnizada con 16.000.
Todo esto ha pasado en España desde hace menos de una década. No en la España profunda, no en la España de los burkas, no en la España dominada por la extrema derecha. Está claro que las mujeres no somos seres de luz, aquí traigo varios ejemplos, pero no estaría de más recordar que una supuesta víctima no nos tiene que caer bien para serlo. La furia pone eso sobre la mesa: la víctima perfecta de violencia de género no existe. Cuando decimos Yo sí te creo no estamos exigiendo que se nos crea automáticamente por ser mujeres, sino que tenemos derecho, como mínimo, a que se nos trate como supuestas víctimas. A que el cuestionamiento, el hostigamiento y la duda no aparezca nada más abrir la boca. A ser tratadas como si denunciáramos un robo.
Por eso, viendo el asunto con perspectiva y teniendo el precedente de Elisa Mouliaá, no me extraña que la nueva denunciante de Íñigo Errejón prefiera mantenerse en el anonimato. La cuestión es si podrá, pues ya se han filtrado algunos de sus datos. Que no le pase como la víctima de la Manada. O como con las denunciantes de Julio Iglesias. Porque aunque no seamos seres de luz, los focos siguen apuntándonos a nosotras.
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