Opinión
La sonrisa de Lourdes Maldonado

Periodista
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Allá por 2018, cuando el procés catalán aún burbujeaba y el PP regentaba La Moncloa, me invitaron a participar en un programa de TV3 sobre la disolución de ETA. El asunto estaba de plena actualidad. Un día antes, varias personalidades internacionales habían celebrado en Kanbo un encuentro con agentes de la sociedad civil vasca. Tras una entrega simbólica de armas a las autoridades francesas, ETA emitió un comunicado de punto final. Ahora llegaba el tiempo de los balances y las recapitulaciones.
El programa de Laura Rosel en TV3 fue de lo más nutritivo. Empezó con unas palabras de Xabier Lapitz desde ETB y sentó en la misma mesa a Karmen Galdeano, hija de una víctima de los GAL, y a Rosa Rodero, viuda de una víctima de ETA. También tuvimos la suerte de conocer a Xavi Valls y Rosa Maria Cabré, que perdieron a sus padres en el atentado de ETA en Hipercor. Vimos una entrevista con Gerry Adams celebrada en Dublín y Rosel entrevistó en el plató a Josean Fernández, un exmiembro de ETA que había participado en encuentros restaurativos con algunas víctimas.
No era la primera vez que Fernández se sinceraba ante la prensa. En 2014, contó a ETB su primer encuentro con Rosa Rodero. Las imágenes de archivo muestran a la viuda de Joseba Goikoetxea pasándole una mano confortante por la espalda mientras él llora superado por las emociones del evento. La iniciativa era tan jugosa que Cuatro tardó pocos meses en invitar a los protagonistas al programa Diario de… Mercedes Milá recibió a Fernández con un apretón de manos. "Llevo cuarenta años trabajando de periodista y hoy es la primera vez que me encuentro ante una persona como tú".
Pese a su aparente originalidad, el programa pasó sin pena ni gloria por la parrilla televisiva. Los periódicos le dedicaron unas líneas de consolación y santas pascuas. Pero TV3 no era Cuatro y en 2018 había una guerra declarada contra las instituciones catalanas. La Guardia Civil acababa de arrestar a la activista Tamara Carrasco con una delirante acusación de terrorismo y el panorama mediático español, con muy dignas excepciones, estaba consagrado a la misión de criminalizar el independentismo. La entrevista de Laura Rosel con un exmiembro de ETA era la excusa perfecta para clavar la puntilla.
"Apología de ETA en TV3", dijo Libertad Digital. "TV3 da voz a un etarra para 'blanquear' a la banda", dijo Okdiario. "TV3 se pega el tiro de gracia", dijo Periodista Digital. "El etarra que se paseó por TV3", dijo El Español. "La presentadora de TV3 sólo habla en castellano con etarras", dijo La Razón. "Asesinos en TV3", dijo Jiménez Losantos en las páginas de El Mundo. El chaparrón de odio obedecía a la lógica cavernaria de las instituciones del PP. Sin novedad en el frente. El clímax de la degradación, sin embargo, llegó desde las páginas del ABC.
En una columna anónima titulada "La factoría del odio", el periódico dirigido entonces por Bieito Rubido explicaba a sus lectores que Laura Rosel había estado de cachondeo con un miembro de ETA en TV3. "El nacionalismo etnicista y sectario sigue al pie del cañón y no ha tardado en prestarle las cámaras de TV3 a un asesino etarra". Dice el ABC que fue una "entrevista-alfombra" en la que la presentadora "se limitaba a sonreír y asentir complaciente ante el asesino". Para corroborar sus palabras, la cabecera conservadora recuperaba un fotograma de la entrevista en que Rosel dejaba al descubierto sus dientes.
El jefe de redacción del programa, Pere Mas, denunció la manipulación. Daba igual. Para entonces el PP ya había hecho suyo el relato y Andrea Levy cargaba contra la presentadora que "compartió risas con un ex etarra". Los conservadores reclamaron la comparecencia del presidente de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals. "No se puede permitir que la televisión pública que pagamos todos los catalanes se dedique a reírles las gracias a miembros de la banda terrorista ETA". El bulo cumplió su cometido: ya nadie mencionaba los encuentros restaurativos porque la prensa de Génova había centrado el debate en la "batasunización de Cataluña".
De todo esto me he acordado cuando he visto los coletazos de la campaña orquestada contra Lourdes Maldonado. Distintos personajes de la derecha mostrenca han congelado un fotograma de la presentadora intentando que parezca una sonrisa burlona hacia las víctimas del accidente de Adamuz. La sincronización del bulo es tan perfecta que cuesta interpretarlo como una travesura aislada. De hecho, entre los desinformadores destaca el nombre de Alfonso Rojo, que lejos de ser un apestado en el ámbito del periodismo, ha trabajado como tertuliano de guardia en La Sexta y dirige un panfleto financiado por los gobiernos de Almeida y Ayuso mediante contratos publicitarios.
Es la industria del odio en su forma más pura, el cálculo político envenenando el debate social y tratando de parasitar el dolor de las víctimas. Buceo en las hemerotecas y encuentro que la maquinaria trumpista ha recurrido una y otra vez a este viejo truco en Estados Unidos: un fotograma sonriente sacado de contexto y envuelto en un contexto fabricado para la ocasión. Han pasado casi ocho años desde que la tomaron con Laura Rosel. Yo estaba a pocos metros de ella y lo vi todo. Ahora estoy lejos de Lourdes Maldonado pero de alguna manera la siento cerca. Ojalá podamos verla sonreír el día en que por fin paguen los intoxicadores.
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