Opinión
'Streaming' policial

Por Anibal Malvar
Periodista
Desde que murió Chuck Norris, los entusiastas del género encontramos consuelo en las redes sociales, donde cotidianamente nos difunden vídeos de violentos abusos policiales que sacian nuestra sed de sangre y traumatología. Hoy estoy enganchado en bucle a unas imágenes (cortesía de El Norte de Castilla) en las que un policía musculoso y protésico empuja en Valladolid a una adolescente que protestaba pacífica contra los desahucios. Tres metros salió despedida la niña. Es de récord olímpico. Qué poderío policial. Cierto que la chavalita era menuda y no pesaría más de cuarenta quilos, pero arrojarla tres metros con un solo empujón a dos manos sobre sus pechos es hazaña que no está al alcance de cualquier antidisturbio. Con súper policías tan preparados como este musculoso agente, la seguridad de nuestras núbiles está garantizada.
Tras Antidisturbios contra Niñas Voladoras, mi segundo vídeo policial preferido de esta semana es Geronto Jason Bourne. Se grabó en Madrid durante una manifestación contra el desahucio de Maricarmen. Un septuagenario se acerca a los manifestantes con cara asombrada, ¿quiénes son estos?, ¿qué gritan? Viste bañador blanco, camisa clara, deportivas, bolso en bandolera y va a la compra. De repente, dos agentes vestidos de Darth Vader se le lanzan encima, 250 kilos de peso, pero no lo derriban. El septuagenario bracea, se defiende, le han hecho creerse Jason Bourne y se lo ha creído, no cae. Solo se derrumba cuando los agentes se derrumban con él. Sin dobles, como Tom Cruise. Casi le revientan la cabeza contra un bordillo. Con súper policías tan preparados como estos musculosos agentes, la seguridad de nuestros abuelos está garantizada.
La brutalidad policial es, como la tauromaquia, parte de nuestra cultura. Y de un tiempo a esta parte se está convirtiendo en consuetudinaria. No pasa día sin que asistamos por streaming a un vídeo de abuso policial en algún lugar de España. Diluvian tarantinos domésticos en las redes. Los antidisturbios no llevan los identificativos reglamentarios y golpean impunemente a un anciano aquí, a un niño acullá, a una maestra jubilada que también salió voladora, a un teólogo de la liberación o a un estudiante de letras, que para la violencia uniformada las facultades de letras siempre han sido panal de rica miel. En resumen: que gracias a esta policía no echamos tanto de menos a Chuck Norris como era de presagiar. Que lleve tanta paz como ha dejado.
En las películas malas, las escenas de amor son todavía más patéticas que las de acción. Y en este streaming policial español que emiten gratis las redes no faltan la ternura, la sensibilidad, la camaradería, la risa compartida, los silencios cómplices, las porras extensibles y los pasamontañas. Qué ricura ver a los fascistas de Ceuta apedrear el coche de una concejala ante la confortable y sonriente pasividad policial. Qué sublimación guerrera del dolce fare niente, señor agente. No constan fachas voladores en la hemeroteca tuitera de nuestros patrulleros. O los fachas no saben volar o a mí me falla algo.
No digo yo que eche de menos o fomente la difusión de imágenes de un policía pegándole a un facha, pero dada su inexistencia gustaríamos que se divulgara alguna, aunque fuera generada por inteligencia artificial. No sea que algún inocente vaya a pensar que los cuarteles han sido tomados sotto voce por los amigos del fascio. Hay gente que piensa unas cosas…
A mí con las escenas de amor entre policías y ultras me pasa como con Memorias de África: que tanto exceso de pastel ya me empalaga. Por suerte al streaming policial aún no le ponen música romántica. Pero dadle tiempo al community manager de Jupol.
Por el bien de la democracia, creo que nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad deberían socializar más nuestro derecho a ser hostiados. Que no siempre nos caigan a los mismos, que no queremos discriminar a la otra parte de la sociedad. Pero creo que es una cuestión demasiado compleja para una peli de Chuck Norris.
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