Opinión
Un sujeto político y social que reaccione a la deriva de Trump

Por Sato Díaz
Coordinador de Política.
Donald Trump, la injerencia constante. Año nuevo, mundo nuevo. Las relaciones internacionales han dado un giro en los primeros diez días del año. De las palabras, a los hechos; del papel, a la realidad. De la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de Trump, al bombardeo de Venezuela por el ejército norteamericano y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, para su posterior y espectacular traslado a Nueva York. De Caracas, a Groenlandia, Colombia, Cuba, México...
El histórico y violento imperialismo yanqui se ha acelerado, ha adoptado un ritmo espídico y aprieta el pedal para convertir América Latina en su patio trasero, sin tapujos ni maquillajes. Está escrito. Se está llevando a cabo. Antes de la intervención militar en la república bolivariana, Trump participó en las elecciones legislativas de Argentina y en las generales de Honduras tomando partido por los candidatos ultras y amenazando con represalias si no resultaban vencedores.
Al mismo tiempo, tal y como reflejaba el Gobierno Trump en su documento estratégico, Estados Unidos se divorcia de la Unión Europea como aliada en el mundo. A ojos de la Casa Blanca, la migración y las políticas liberales han convertido al Viejo Continente en un ente irreconocible. Los valores democráticos que sobre el papel se nos presuponen a los europeos son el enemigo a batir del MAGA. Europa, para Trump, es un objetivo a recuperar dopando a los partidos "patrióticos", ultraderechistas, en las elecciones venideras. Apoyando a los Vox, Reform UK, Chega o Rassemblement National de turno, el neoyorkino aspira retomar la relación emocional con una Europa con la que compartiría valores.
Ante la evidente injerencia anunciada por Estados Unidos, los jefes de Estado y de Gobierno de los países europeos poco más que han conseguido articular algún balbuceo y las instituciones comunitarias han actuado según su metodología: tarde y mal. La UE parece haber comprado en el último año un pasaporte hacia su desaparición, cediendo cada vez más protagonismo en el tablero internacional hasta convertir sus posiciones en casi insignificantes. Ante las advertencias de la Casa Blanca sobre la anexión de Groenlandia, tierra perteneciente a Dinamarca, país integrado en la UE y en la propia OTAN, la UE poco más que enmudece.
Pedro Sánchez es, ciertamente, uno de los líderes que, aunque tibiamente y sin confrontar directamente, han plantado cara a la deriva autoritaria de Trump en las relaciones internacionales. Junto a los dirigentes Lula da Silva, Gustavo Petro, Gabriel Boric y Claudia Sheinbaum, el español condenó en un comunicado conjunto la agresión a Venezuela del 3 de enero. Junto al presidente de Francia, Emmanuel Macron, el canciller de Alemania, Friedrich Merz, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni y sus homólogos polaco, Donald Tusk, británico, Keir Starmer y danesa, Mette Frederiksen, respaldó a Groenlandia frente a las amenazas de Washington. Todavía es pronto para medir los efectos que esta posición del presidente español contraria a Trump puede tener en clave de apoyo o rechazo social.
Están por ver las consecuencias que en los distintos pueblos del mundo puede tener esta deriva espídica de Trump. Si la intervención directa y la injerencia en la política doméstica de otros países tiene consecuencias en sus sociedades. Está por ver si se generará un sujeto político y social de reacción a Trump, por ejemplo, en España; si puede surgir un polo democrático que defienda la soberanía frente a la injerencia norteamericana, los derechos frente al totalitarismo, la diplomacia frente a la amenaza y la guerra, la dignidad frente a la intervención extranjera.
En política siempre operan distintos ejes, y de la combinación de estos derivan los resultados en las elecciones. Por supuesto, el eje izquierda-derecha es el más influyente a la hora de elegir una papeleta y otra. El 15M y los partidos y candidaturas de la "nueva política" que surgieron al calor de este movimiento plantearon el eje arriba-abajo. También influye la dicotomía viejo-nuevo. Además, de la contraposición entre el establishment y el antisistema.
¿Puede existir un eje soberanista ante la intervención yanqui que mueva el voto en unas próximas elecciones generales? En el año 2003 el No a la guerra inundó las calles de las principales ciudades del Estado español para condenar la invasión norteamericana de Irak con la complicidad española impulsada por José María Aznar. ¿Tiene cabida un movimiento político y social en clave soberanista frente a la anunciada injerencia de Trump?
Trump estará presente en las próximas elecciones generales españolas, eso es algo seguro. Es una responsabilidad democrática de la sociedad y los partidos políticos anular tal injerencia extranjera. Será llamativo ver cómo se posicionan ante tal realidad algunos partidos que alardean de patriotismo. Si la deriva autoritaria y violenta de Trump en las relaciones internacionales se consolida y se cronifica, se asimilará como uno de los temas principales sobre los que verse el diálogo político de los próximos años.
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