Vuelta al colonialismo y legitimación del uso de la fuerza: qué dice la Estrategia de Seguridad de Trump
"La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, con muchísima diferencia", declaró este fin de semana el mandatario, después de agredir ilegalmente Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro.
Estados Unidos no plantea compromisos ni alianzas con otros países, sino que busca relaciones de interés y teledirigidas, además de rechazar abiertamente cualquier influencia de los "competidores" que no estén alineados con el trumpismo.

Madrid--Actualizado a
"Los continentes americanos, por la condición libre e independiente que han asumido y mantienen, no deben ser considerados en adelante como objeto de futura colonización por ninguna potencia europea". James Monroe presentó con estas palabras su hoja de ruta en materia de política exterior como presidente de los Estados Unidos. Lo que más tarde se conocería como la Doctrina Monroe. Washington utilizó este documento para justificar sus intervenciones en América Latina ("los continentes americanos"). El plan acaba de cumplir doscientos cincuenta años. Y Donald Trump le ha querido rendir su particular homenaje. "Estados Unidos hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental [donde engloba todos los países latinoamericanos] y para proteger nuestro territorio y nuestro acceso a zonas clave en toda la región", sostiene la Casa Blanca en su Plan de seguridad nacional, presentado a finales de 2025. Las treinta y tres páginas del documento parecen cobrar ahora todo el sentido, tras la agresión ilegal del 3 de enero contra Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro.
La Doctrina Monroe marcó el intervencionismo de Estados Unidos en América Latina durante el siglo XIX y parte del XX, un intervencionismo que afectó sobre todo a los gobiernos de izquierdas. Las excusas fueron entonces las mismas: narcotráfico, terrorismo y seguridad nacional. América para los americanos. El continente entero, supeditado a los intereses de Washington. "La Doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces, con muchísima diferencia", declaró este fin de semana el propio Trump. ¿Qué dice exactamente su estrategia de seguridad nacional? ¿Cuáles son sus planes para América Latina? ¿De qué manera anticipaba este documento su intervención en Venezuela? ¿Y qué planes contempla para Europa, África o Asia?
La estrategia de seguridad nacional
Estados Unidos no plantea compromisos ni alianzas con otros países, sino que busca relaciones de interés y teledirigidas, además de rechazar abiertamente cualquier influencia de los "competidores no hemisféricos". Trump se presenta como un defensor de la paz a través de la guerra. El texto supone una vuelta manifiesta a la ley del más fuerte. El triunfo de la lógica colonialista. La medicina para acabar con las disidencias en el "hemisferio occidental", es decir, en América Latina. "Este documento es una hoja de ruta para garantizar que sigamos siendo la nación más grande y exitosa de la historia humana", indica en la primera página el propio magnate. Trump se compromete además a "proteger" el país de "ataques militares" y "prácticas comerciales depredadoras", así como de los tentáculos del "tráfico de drogas" y la "propaganda destructiva". El dirigente menciona hasta en ocho ocasiones el narcotráfico y los cárteles en su programa.
La estrategia tiene como elemento vertebrador la hegemonía de Estados Unidos en América Latina, pero también en el resto del planeta. Trump no oculta sus intenciones, busca un continente que "valore sus glorias pasadas y a sus héroes, que mire hacia una nueva edad de oro". Las glorias pasadas se entiende que son los salvadores blancos y estadounidenses de siglos pasados. La nueva edad de oro, todo lo que el trumpismo tiene entre manos. Los medios que quiere utilizar para cumplir sus amenazas tampoco son ningún secreto. "Queremos desplegar la fuerza militar más poderosa, letal y tecnológicamente avanzada para proteger nuestros intereses", insiste el documento.
"La fuerza es el mejor elemento disuasorio. Los países u otros actores suficientemente disuadidos de amenazar nuestros intereses no lo harán (...). Estados Unidos no puede permitir que ninguna nación llegue a ser tan dominante como para amenazar nuestros intereses", se advierte en el documento. Los "acuerdos de paz" los buscará el propio presidente, serán "iniciativa" de Trump, también en "regiones y países periféricos" a los "intereses fundamentales" de Washington. La estrategia de seguridad nacional consolida la regla del todo vale para "reforzar la influencia global" de Estados Unidos y asegurar su "acceso independiente y fiable" a "minerales y materiales críticos" para "defenderse" de los supuestos peligros. El texto se hizo público dos meses después de los primeros ataques de la Casa Blanca contra buques venezolanos. Y un mes antes de la agresión ilegal contra Venezuela.

Los planes para América Latina
América Latina se vuelve a situar en el centro de la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca. Lo hace por encima de otras regiones como Asia-Pacífico y Europa. Trump se refiere a los países latinoamericanos como los países del "hemisferio occidental" y se compromete a "hacer cumplir" la Doctrina Monroe en la región para que sea "lo suficientemente estable" y esté "bien gobernada". Esta es la lógica que ha utilizado para defender sus ataques contra Venezuela, más allá de los intereses petroleros. "Tenemos que arreglar el país primero [antes de convocar elecciones], tenemos que devolverle la salud", declaró el magnate, antes de asegurar que él y su entorno serían los encargados de "gobernar" durante este período de "recuperación" y "transición" el país latinoamericano.
Trump también busca incorporar como aliados en su estrategia a los "campeones regionales", sin definirlos –de momento– sobre el papel. Argentina, Bolivia, El Salvador, Paraguay, Costa Rica, Guatemala o Ecuador no ocultan su proximidad con el trumpismo. Es diferente la situación de Colombia, México y Cuba. "Lo que le ha pasado a Maduro, puede pasarles a ellos [los dirigentes de estos tres países]", ha reiterado, tras lanzar una serie de amenazas durante la última semana. El plan de seguridad nacional abre la puerta precisamente a la confrontación con otras capitales por desacuerdos ideológicos. "Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos (...) que estén ampliamente alineados con nuestros principios y nuestra estrategia", se propone en el documento.
Washington reconoce además que es imposible "prestar la misma atención" a todos los territorios del "hemisferio occidental", porque, dice la propia administración, no todos importan de la misma manera. Estados Unidos y sus intereses encabezan la lista de prioridades. Venezuela merece la atención del trumpismo por sus reservas naturales y los vínculos con China o Rusia. ¿Cómo justifica su despliegue militar Estados Unidos? Trump lleva meses hablando de Maduro como líder de una "narcodictadura" y vinculándolo al cártel fantasma sobre el que pesa la sombra del "terrorismo". El plan que presentó en diciembre le allanaba el terreno para utilizar esta terminología. "La actividad terrorista en una zona que de otro modo tendría menos relevancia puede exigir nuestra atención urgente", recoge el documento difundido por la Casa Blanca.
¿Qué dice la estrategia sobre China y Europa?
China y el Indo-Pacífico dejan de ser zonas prioritarias en la "estrategia de la política exterior" de Estados Unidos, tras dos gobiernos consecutivos en los que acaparaban todos los focos. El planteamiento aquí se reduce fundamentalmente a una cuestión de competitividad y desarrollo económico. "Trump está construyendo alianzas y fortaleciendo asociaciones [en la región] que serán la base de la seguridad y la prosperidad durante mucho tiempo", recalca el documento. Washington destaca el refuerzo de sus lazos con la India, donde sigue como primer ministro el ultraderechista Narendra Modi. Y pide a Japón y Corea del Sur más gasto militar y "políticas comerciales" conjuntas que permitan hacer frente a la "economía china", todo ello en un tono ligeramente amable, sobre todo si lo comparamos con el que utiliza para dirigirse a las capitales europeas.
Trump también sienta las bases para presionar a las autoridades chinas y pedirles que abandonen las "prácticas económicas desleales", así como el "espionaje industrial" y las "amenazas" contra las "cadenas de suministro" que, a ojos de la administración estadounidense, son de su pertenencia. Washington no presta especial atención a la inestabilidad en Asia-Pacífico, de hecho, reduce el tema a las maniobras militares de Pekín en torno a Taiwán. "Estados Unidos no apoya ningún cambio unilateral del statu quo en el estrecho de Taiwán", se subraya en el documento.
Europa no sale tan bien parada en la estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca. Trump muestra en su agenda cierto desinterés hacia los países del viejo continente y habla de "problemas" derivados de la regulación comunitaria, unas normas básicas que, según el líder republicano, "minan la libertad política y la soberanía, (...) la libertad de expresión (...) y la pérdida de identidades nacionales". Estados Unidos quiere que "Europa se sostenga por si misma", también en términos de Defensa, incluso de manera fragmentada, no como una alianza de capitales. Trump ganaría así peso en los mercados internacionales y podría quitarse de encima un posible competidor. El magnate abre además la puerta a inadmitir en la OTAN a aquellos países europeos que, "a largo plazo", tengan una población "mayoritariamente no europea".
Con respecto al genocidio en Gaza y la situación en Oriente Medio, Trump insiste en presentarse como el artífice de los supuestos "avances hacia una paz más permanente". Y recalca, en un documento oficial: "El problema es menor de lo que los titulares pueden hacer creer". El mandatario también sugiere aceptar a los líderes y gobiernos de los países de la zona, sin presionar ni imponer cambios desde fuera, como sí está haciendo en Venezuela. "Debemos alentar y aplaudir la reforma cuando y donde surja de manera orgánica, sin intentar imponerla", puntualiza en uno de los apartados del plan, haciendo referencia a las monarquías del Golfo Pérsico.
África queda relegada a los tres últimos párrafos del documento. Trump pide "pasar de una relación basada en la ayuda" a otra "centrada en el comercio y la inversión", sin mucha más concreción ni grandes detalles. Los lazos que se establezcan, eso sí, han de cumplir con una de las máximas del magnate: "Los Estados deben estar comprometidos con la apertura de sus mercados a los bienes estadounidenses".

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