Opinión
Terror a 2x

Por Pablo Crespo
Periodista musical
Hay escenas aparentemente insignificantes que, si te detienes a mirarlas, funcionan como una radiografía bastante precisa de quién eres y de en qué te estás convirtiendo. Esta está ocurriendo ahora mismo, en el metro. Vienes de pasar el día en los bosques de Cercedilla, te has escapado buscando justo lo contrario de lo que te rodea a diario: silencio frente a ruido, calma frente a prisa, presencia frente a distracción. Vuelves tranquilo, sin móvil, simplemente mirando. Algo que, a estas alturas, empieza a parecer casi un gesto radical.
Y entonces lo ves. A tu lado, un adolescente consume contenido en su teléfono. Nada fuera de lo común. Pero hay algo raro en el ritmo, un leve desfase, una aceleración que no encaja. Te fijas mejor: está viendo The Boys. Y lo está haciendo a velocidad 2x. Una serie, a doble velocidad.
Y ahí, sin previo aviso, te recorre un auténtico terror. No una exageración, no una metáfora: un escalofrío físico, inmediato, incómodo. Algo que te contrae el estómago. Porque intuyes que no estás simplemente ante una manía absurda o una anécdota curiosa. Lo que estás viendo es otra cosa. Es la sensación de que algo se ha roto. De que hay una línea que se ha cruzado sin que nadie se dé cuenta.
Porque no estás viendo a alguien disfrutar de una historia, sino a alguien quitársela de encima. No es ocio, es gestión.
Las preguntas aparecen casi sin darte cuenta: ¿qué sentido tiene esperar meses, años incluso, para ver una temporada y luego devorarla como si fuera un trámite? ¿Qué prisa hay? ¿A quién le estás ganando exactamente? ¿Es por evitar spoilers? ¿Es porque ya no eres capaz de sostener la atención? ¿O es simplemente que te has acostumbrado a vivir así, acelerándolo todo? Te gustaría pensar que no va contigo, pero no es tan sencillo, porque tú también lo haces. A tu manera, pero lo haces: aceleras audios, saltas fragmentos, lees en diagonal, cambias de vídeo antes de que termine, te cuesta terminar una película sin mirar el móvil, te incomoda el silencio, te desespera lo que tarda en arrancar algo. No eres muy distinto de ese chaval, solo un poco más sofisticado en la forma de justificarlo.
Vives en la era del 2x. Todo está diseñado para que consumas más en menos tiempo: vídeos más cortos, canciones que no llegan a los dos minutos, plataformas que te recomiendan contenido “rápido de ver” no vaya a ser que algo largo interfiera en tu agenda. Incluso los libros vienen ya con el tiempo estimado de lectura, como si fueran trayectos que hay que optimizar. Y tú entras en el juego. Dices que no tienes tiempo, que vas siempre justo, que no llegas, pero luego aparece ese dato incómodo: cinco, seis, siete horas diarias frente a una pantalla. Así que no, no es que no tengas tiempo. Es que ya no sabes qué hacer con él si no es llenarlo.
Has convertido el tiempo en algo que hay que rentabilizar, incluso el ocio, incluso aquello que, en teoría, está para lo contrario: para perderlo sin culpa. Por eso ver una serie a 2x no es una anécdota, es un síntoma. El problema no es que lo hagas alguna vez, el problema es que empiece a tener sentido hacerlo, que te parezca lógico, que incluso lo prefieras. Porque ahí es cuando deja de ser una cuestión de eficiencia y pasa a ser otra cosa: incapacidad. Incapacidad para sostener la atención, para demorarte, para aburrirte, para dejar que algo ocurra sin la necesidad de que ocurra ya. Incapacidad, en el fondo, para estar.
Y entonces la pregunta ya no es qué estás viendo ni a qué velocidad, sino qué tipo de relación tienes con el tiempo y qué estás perdiendo por el camino. Porque si todo lo consumes más rápido, las series, la música, las conversaciones o la información, lo único que queda claro es que tú también te estás acelerando. Y quizá el problema no es llegar antes, sino no saber ya cómo quedarse.
Por eso, visto lo visto, los superhéroes de The Boys se quedan cortos. Los verdaderos héroes son los que este fin de semana se sientan en una sala de cine y se atreven a ver Kill Bill, de 4 horas y media, del tirón, sin mirar el móvil, sin acelerar nada, sin escapar. En estos tiempos, eso sí que es un superpoder.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.