Opinión
Tomar la palabra, coger el testigo

Por Dirigentes de Movimiento Sumar
Llevamos días asistiendo con preocupación y desgarro al cuestionamiento del proyecto político que representamos, en el que militamos y al que dedicamos una parte importante de nuestras vidas. No negamos ni la gravedad de los acontecimientos ni la profundidad de la crisis que atravesamos. Sería un error hacerlo. Pero también creemos que este vapuleo de realidad nos ofrece la oportunidad de reaccionar. Mientras nos hemos estado mirando el ombligo, casi tres de cada diez jóvenes de dieciocho a veinte años elegirían hoy a la ultraderecha como opción política y cientos de miles que un día votaron a la izquierda, se cobijan ahora en quien promete orden y señala a la inmigración o a los impuestos como responsables de sus penurias. Ese es el país y el mundo que viene y lo que toca ahora es debatir cómo y con qué herramientas organizativas y políticas poder afrontarlo.
La singularidad de Sumar explica buena parte de nuestras fortalezas, pero también algunas de nuestras debilidades. La mayoría de las organizaciones políticas construyen primero una estructura capaz de sostener un proyecto y, después, aspiran a conquistar las instituciones. En nuestro caso, recorrimos el camino inverso. Con el liderazgo de Yolanda Díaz y el enorme capital político y social que había logrado acumular, fuimos capaces de articular una coalición que hizo posible la continuidad de un gobierno progresista cuando muchos daban por inevitable su derrota. Teníamos una idea clara del país que queríamos construir, una propuesta política reconocible y un liderazgo capaz de generar confianza. Y alcanzamos el objetivo. Sin Sumar, hoy no existiría un gobierno de coalición progresista.
Sin embargo, aquella conquista electoral dejó al descubierto una carencia fundamental: la construcción del espacio político y organizativo que debía sostener el proyecto más allá de las instituciones. Durante demasiado tiempo nos conformamos con la acción gubernamental y descuidamos la doble tarea de arraigar la organización en el territorio e impulsar una acción de gobierno demasiadas veces bloqueada por nuestro socio mayoritario. Todavía hoy padecemos las consecuencias de aquellos meses de parálisis e inacción y en los que muchas personas que se habían acercado con ilusión terminaron alejándose ante la ausencia de espacios reales de participación, debate y acción.
Porque una organización política no puede sostenerse únicamente sobre la presencia institucional. Necesita vida propia. Necesita participación, debate y capacidad de impulsar la iniciativa política colectiva. Necesita que quienes la integran sientan que su voz cuenta, que sus opiniones son escuchadas y que los avances logrados desde las instituciones también les pertenecen. Sin esa conexión, cualquier proyecto corre el riesgo de convertirse en una estructura vacía, dependiente exclusivamente de sus representantes públicos.
En este contexto de fragilidad organizativa y falta de impulso político, que difícilmente puede sorprender a nadie, se ha desencadenado una crisis interna cuya resolución hemos decidido abordar democráticamente en la Asamblea del próximo 11 de julio. Precisamente por ello, lejos de contemplarla únicamente como un problema, creemos que debemos asumirla como una oportunidad para reorientar todo lo que toca reorientar. La oportunidad de demostrar que seguimos compartiendo un proyecto común, que tenemos las mejores ideas para abordar los problemas del presente y que disponemos de la energía y la fuerza necesaria como organización para impulsar la acción del gobierno en el año que nos queda por delante.
Queremos llegar a las próximas elecciones generales con la sensación de que hemos hecho todo lo que está en nuestra mano para mejorar la vida de la gente, con la confianza de que hoy a la gente le resulte más fácil y no más difícil pagar el alquiler o afrontar los desafíos de la vida. Pero también aspiramos a fortalecer nuestra presencia municipal junto a las fuerzas hermanas con las que compartimos objetivos y valores. Queremos afrontar los retos autonómicos y contribuir a frenar el avance de la extrema derecha allí donde amenaza con consolidarse. Queremos, en definitiva, formar parte de un proyecto que sentimos propio, que sigue representando una esperanza para amplios sectores de la sociedad y que resulta más necesario que nunca en un tiempo marcado por la desigualdad, la incertidumbre y la ofensiva reaccionaria.
Pero para lograrlo deben cambiar muchas cosas.
Necesitamos asumir que España es mucho más que el Congreso de los Diputados. Es una realidad compleja, diversa y plural, compuesta por miles de municipios, barrios y comunidades donde existen personas capaces de identificar los problemas cotidianos y de proponer soluciones valiosas. Personas que pueden amplificar el trabajo realizado por nuestros ministros y ministras, pero que también quieren participar en la definición de las prioridades políticas y en la construcción de las respuestas colectivas.
Más allá del ruido mediático y de las dinámicas que suelen acompañar cualquier crisis interna, lo que realmente nos jugamos el próximo 11 de julio es precisamente eso. No se trata de un simple relevo de nombres ni de una disputa por posiciones orgánicas. Lo que está en cuestión es el modelo de organización que queremos construir y el proyecto político que queremos impulsar. Queremos debatir sobre nuestra relación con un PSOE salpicado por casos de corrupción y por cómo afrontar el hecho de que Vox se haya convertido en el primer partido al que los jóvenes votan por primera vez.
Y para eso, necesitamos una organización profundamente conectada con la sociedad a la que aspira a representar. Una organización capaz de escuchar antes de hablar; de estar presente en los conflictos cotidianos y no solo en los debates parlamentarios; de acompañar a quienes defienden los servicios públicos, participan en las AMPAS, impulsan movimientos vecinales, luchan por el derecho a la vivienda o sostienen redes de solidaridad en sus barrios. Una organización que vuelva a encontrarse con la ciudadanía allí donde se producen los problemas y también las soluciones. Este es el territorio de disputa ante quienes sólo prometen orden y buscan culpables.
Y ese proceso exige cambios profundos. Exige abrir una nueva etapa marcada por la participación, el respeto a la militancia y la voluntad de construir colectivamente. No se trata de señalar responsabilidades individuales, sino de reconocer que los desafíos que tenemos por delante requieren una forma distinta de hacer las cosas. Requieren más organización, más democracia interna y más capacidad de escucha. Y un respeto escrupuloso a los derechos laborales que defendemos, si queremos hacer honor al laborismo que predican nuestros documentos.
Tenemos la oportunidad de iniciar ese camino el próximo 11 de julio. No deberíamos desaprovecharla.
Firman esta tribuna:
Esperanza Gómez Corona, co-coordinadora de Movimiento Sumar Andalucía.
Aurora Ribot Lacosta, co-coordinadora de Moviment Sumar Illes Balears
Marisa Lucas Perpiña, co-coordinadora de Moviment Sumar Illes Balears.
Isabel Rosa Tórralvo, co-coordinadora de Movimiento Sumar Madrid.
Rubén Hernández Sánchez, co-coordinador de Movimiento Sumar Canarias
Marisol Collado Mirabal, co-coordinadora de Movimiento Sumar Canarias
Raúl García Cobos, co-coordinador de Movimiento Sumar Andalucía.
Charo Fernández Campos, co-coordinadora de Movimiento Sumar Castilla y León.
Juan Carlos Pastor, co-coordinador de Movimiento Sumar Región de Murcia.
Lorena Lorca, co-coordinadora de Movimiento Sumar Región de Murcia.
Lucía Siles Vera, co-coordinadora de Movimiento Sumar Castilla La Mancha.
Jesús Plaza Senabre, co-coordinadora de Movimiento Sumar Castilla La Mancha.
Ares Valera Bullit, responsable de Juventud de Movimiento Sumar
Óscar Urralburu, miembro del Grupo Coordinador.
Marta González, Movimiento Sumar Extremadura.
Juan Pedro Yllanes Suárez, miembro del Grupo Coordinador.
Constanza Sánchez, miembro del Grupo Coordinador.
Lucía Arenas Prieto, miembro del Grupo Coordinador.
Víctor Ubierna de las Heras, miembro del Grupo Coordinador.
Roberto Buitrago García, miembro del Grupo Coordinador.
Laura Rodríguez, Movimiento Sumar País Valenciá

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