Opinión
La trampa del espacio plurinacional de Gabriel Rufián

Por Alejandro Solís
Politólogo
-Actualizado a
Hace unos días, Gabriel Rufián habló en el Congreso de los Diputados sobre la necesidad de configurar un espacio de izquierdas con carácter plurinacional, puesto que, según él, se encuentra huérfano por la debilidad de Unidas Podemos y, después, de Sumar. Aunque no es la primera vez que lo ha mencionado, en esta ocasión ha tenido un impacto mediático muy significativo. De hecho, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) pidió respeto a la izquierda del resto de España; un dardo no muy velado a Sumar y a Podemos.
Sobre la fórmula, Rufián no ha dado muchos detalles, pero hizo referencia a la experiencia de las elecciones al Parlamento Europeo: Ahora Repúblicas, una coalición entre ERC, EH Bildu, BNG y Ara Més, que se hizo con la cuarta posición en estos comicios con un 4,93% de los votos, solo por detrás del PP, el PSOE y Vox. Y por delante de Sumar, aunque solo fuera por unos 42.000 votos. Ahí está la clave.
Cuando se habla de esta hipotética coalición, no se tiene en cuenta la principal diferencia entre las elecciones al Parlamento Europeo y a las Cortes Generales: la escala —y el número— de las circunscripciones. En las primeras, hay una única circunscripción que comprende todo el territorio en España, lo que contribuye a una mayor proporcionalidad. Lo que, a su vez, implica que solo haya una única lista electoral. En las segundas, hay tantas circunscripciones como provincias, por lo que hay varias listas —una para cada provincia— y, de la misma manera, un umbral efectivo para cada una de ellas. No cuesta lo mismo obtener un escaño en Madrid, en Sevilla o en Teruel. Y, de la misma manera, un votante en Madrid no puede votar a un candidato en Barcelona, y viceversa. Esa es la cuestión.
La principal razón por la que se busca la unidad a la izquierda del PSOE reside en la aspiración de lograr una mayor eficiencia en el reparto de escaños. En España, el sistema electoral perjudica a las fuerzas políticas más pequeñas, especialmente por debajo del 10% de los votos —que se lo digan a Sumar o Podemos— y, por lo tanto, la unidad de la izquierda es un método para evitar esto. Una creencia que, en muchas ocasiones, es cierta, pero no infalible.
Por eso, la clave de la propuesta de Gabriel Rufián está en quiénes sean los interpelados. La perspectiva de crear una coalición plurinacional que no responda a los intereses de los "despachos de una universidad de Madrid" puede ser ilusionante, pero no deja ver qué hay más allá de la crítica a Sumar y Podemos. Crear un Ahora Repúblicas 2.0 con ERC, EH Bildu, BNG y Ara Més no solo no sería aglutinante, sino que no tendría ningún sentido. Y tampoco lo ganaría con la incorporación de Compromís o Adelante Andalucía. ¿Por qué?
Al no haber una única circunscripción en toda España, como ocurre en las elecciones al Parlamento Europeo, no hay un motivo, más allá de lo simbólico, para construir una coalición entre quienes no compiten entre sí. La unidad no es más que una herramienta para evitar la competición innecesaria entre quienes tienen posiciones similares. Para un votante de Asturias no cambiaría nada: no podría votar a ERC, EH Bildu o Compromís, vayan en coalición o no. Lo mismo ocurriría con los votantes de Madrid, Murcia o Castilla y León. Hay una falsa conciencia respecto al voto en España: votamos a la lista electoral de un partido, pero también de una provincia. Es una obviedad, pero hay que señalarlo más, dadas las circunstancias.
La cosa cambiaría si Gabriel Rufián estuviera hablando de una unión que fuera más allá de, en sus propias palabras, la izquierda "soberanista, independentista, autodeterminista, federal o confederal". Implicaría un reto mayúsculo: aglutinar a quienes compiten entre sí, como ERC y Comuns en Cataluña, Compromís y Esquerra Unida en la Comunidad Valenciana, o las fuerzas que, en estos momentos, componen Por Andalucía, que compite con Adelante Andalucía. Sería una unidad que iría más allá de lo simbólico, con una posibilidad real de ser multiplicadora, pero que supondría enterrar un hacha de guerra que permanece levantada desde hace años. Precisamente, por quienes hoy quieren enterrarla: no es un secreto la animadversión de Gabriel Rufián hacia Yolanda Díaz. Además, ERC y los Comunes mantienen una disputa histórica en Catalunya por un electorado muy semejante.
Así pues, el intento de crear un espacio confederal —pero de verdad, como dice Rufián— en España, haciendo una enmienda a la totalidad sobre la experiencia de Podemos e Izquierda Unida y, ahora, Sumar, parece, más bien, una maniobra del portavoz de ERC para reforzar la presencia de su partido político ante el empuje del PSC de Salvador Illa y, por el otro lado, de un Junts sobre el que Rufián, con mucho acierto, no para de profetizar que apoyará a Feijóo más pronto que tarde. ¿La víctima? Los Comunes y, especialmente, Sumar, que hace un año que ha perdido tanto su impulso como su liderazgo. Una venganza ante el sorpasso de los Comunes en Cataluña el 23J, que superaron a ERC por solo 30.000 votos.
Dicho esto, y aunque pudiera tratarse de una maniobra política, la propuesta de Rufián es innovadora y, sobre todo, valiente. Sin embargo, no cambiaría prácticamente nada. En el 23J, las fuerzas a la izquierda del PSOE obtuvieron un total de 45 escaños: Sumar, 31; ERC, 7; EH Bildu, 6; y 1 del BNG. Con un 16,18% de los votos en toda España, divididos en cuatro candidaturas, se hicieron con un 12,85% de los escaños del Congreso de los Diputados.
¿Y si se hubiera hecho lo que propone Rufián? La coalición de Yolanda Díaz, Sumar, contó con Podemos, Izquierda Unida, Más Madrid o Compromís, así como con la Chunta, En Comú o Ara Més, entre otros muchos. Pero si se les hubieran sumado ERC, EH Bildu y el BNG —que, juntos, contaron con cerca de 1 millón de votos—, habrían obtenido solo cuatro escaños más. Con esa unión, las fuerzas a la izquierda del PSOE habrían escalado a la tercera posición, dejando atrás a Vox, aunque la mayoría absoluta seguiría en manos de Junts, para desgracia de Gabriel Rufián.
En esta ocasión, la unidad de la izquierda no serviría de nada. ¿Por qué? La razón se encuentra en las comunidades autónomas en las que se materializaría esta unión: Cataluña, el País Vasco y Galicia. Precisamente, las que cuentan con algunas de las provincias más proporcionales de España: Barcelona, A Coruña, Pontevedra, Vizcaya… Provincias medianas, como mínimo. La izquierda sufre en las provincias más pequeñas, que se encuentran, en su mayoría, en la España rural: Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón o Extremadura. También en Lugo o Lleida, claro. Aun así, ni con la suma de ERC y el BNG con Sumar habría posibilidad alguna de obtener representación en ellas.
En cambio, en Barcelona, que reparte 32 escaños, y su umbral efectivo se encuentra por debajo del 5% de los votos, no tiene ningún sentido la unidad. En el 23J, Sumar se hizo con 5 escaños por Barcelona, uno más que ERC. Un total de 9 escaños. ¿Y si hubieran ido juntos? Se hubieran llevado 10 escaños, solo uno más. ¿Y en el resto de Cataluña? Ninguna diferencia. Todo ello, en un escenario hipotético en el que esta unión no hubiera supuesto una pérdida de votos por los vetos cruzados entre los diferentes electorados. Unos vetos que se hubieran producido, claro. Si hay diferencias entre los votantes de Sumar y Podemos, también las hay —y mucho más grandes— entre los de ERC y Sumar, o entre los de EH Bildu y Ezker Anitza, la federación vasca de Izquierda Unida. Sutiles, quizás, pero significativas.
En definitiva, la propuesta de Gabriel Rufián resulta poco consistente. Si lo que plantea es una reedición de un Ahora Repúblicas 2.0, incluso con la incorporación de Compromís o Adelante Andalucía, carecería de utilidad práctica. Por otro lado, si lo que está buscando es un frente amplio de las fuerzas a la izquierda del PSOE, incluyendo a las de carácter soberanista: ERC, EH Bildu y el BNG, su impacto electoral sería muy limitado, incluso asumiendo que no se perderían votantes. Una unidad a la desesperada no es garantía de éxito: importa quiénes se unen, con qué objetivo y, sobre todo, dónde se produce esa unidad. Y, en estos momentos, la unidad de la izquierda que podría garantizar un resultado tangible es la que tiene que darse entre Sumar y Podemos —o entre sus votantes—, pero a lo largo de todas las provincias de España. Todo lo demás es una trampa; una distracción.

Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.