Opinión
Vendepatrias

Por Marga Ferré
Presidenta de Transform Europe
Estas semanas la Internacional Reaccionaria ha iniciado una fuga hacia adelante. Ya les da igual todo. En su huida hacia ninguna parte nos arrastran a un lodo de insolidaridad y a una profunda sumisión a los intereses de quienes la han organizado. Que son unos vendeobreros ya lo sabíamos. Ahora ya sabemos que son unos vendepatrias.
Milei, en Argentina, ha intentado aprobar una ley con el ridículo nombre de Ley de la Inviolabilidad de la Propiedad Privada que parece escrita por los Chicago Boys. En su apartado más cuestionado, pretendía vender toda la tierra de la Argentina a propietarios extranjeros. Un lugar tan rico en el que, como me dijo una vez un amigo argentino, “escupís y sale un árbol”, con tierras raras, minerales, agua…en venta. “Argentina no se vende”, gritaron miles en las calles, porque de eso se trataba, de vender el país.
En Colombia van por cerca de 300 muertos en el terremoto y su presidente Espriella se negó a recibir ayuda internacional para atender a las víctimas. Es algo tan inédito que solo tiene una conclusión posible: la gente les importa un bledo. Solo ha pedido ayuda a gobiernos para los que trabaja: EEUU e Israel, además de El Salvador y Ecuador por motivos ideológicos. Una de las primeras medidas que tomó el nuevo Gobierno de Colombia fue reconocer la “soberanía” de Israel en los Altos del Golán, por si alguien tenía alguna duda sobre quién manda en la Internacional Reaccionaria.
Como Abascal, con la cabeza gacha ante los ataques de Marruecos usando a los migrantes como carne de cañón. Calladito cuando atacan a España, pero envalentonado hasta el grito contra los niños y niñas desvalidos en Ceuta. Muy valiente todo. EEUU e Israel lanzan documentos proponiendo la marroquinidad de Ceuta y Melilla y lo hacen con la certeza absoluta de que Vox no dirá ni una palabra. Eso sí, lanzan mensajes para “cazar migrantes”, como ha hecho el secretario general de la bancada de Vox en el Congreso, emulando de forma grotesca a neonazis de la peor calaña. Nuestro país les importa un comino.
Enzo Traverso, deslumbrante, nos cuenta que “en Europa occidental, la negación de los crímenes del colonialismo coexiste con el rechazo a la inmigración y a las minorías poscoloniales que son el objetivo predilecto de la xenofobia, el racismo y la islamofobia. En este contexto, la memoria poscolonial nos lanza a cuestionar las viejas identidades inherentes”. Para esta gente, la patria es una apelación al mito del pasado: el mundo de hoy no les interesa. Tienen, inherentemente, una mentalidad de colonia.
Lo veo, nítido como el cristal, en la histeria reaccionaria cuando a miles de kilómetros de la frontera ceutí, una Europa derechizada hasta el paroxismo exige levantar más muros, más alambradas, más retórica contra los parias de la tierra. Era su oportunidad: instalar el miedo, que es de lo que viven. O, mejor dicho, atemorizando a la gente para vender “esperanza negativa”: que me salve yo, esa apelación que permite a determinadas élites la gestión del miedo en su beneficio.
Una ficción que hasta ahora les ha ido funcionando, pero cuyo llamamiento, por reiterado y neurótico, empieza a fallarles: se están pasando de frenada. Es una huida hacia adelante. Como Ayuso, que intenta, desesperada, el mismo truco que antaño le funcionara tan bien: soltar tweets provocadores que cambien la agenda incómoda que la señala. Cuando no cambian la agenda, se pierden.
Lo dice, mucho mejor que yo, Josep Fontana: “No es probable que los guardianes de nuestra ciudadela toleren cambios que podrían exponerles a perder el control que tienen sobre las temidas masas plebeyas”. En su Europa ante el espejo, de obligada lectura, el historiador anticipa que esos guardianes de la ciudadela se defenderán hasta el final “reforzando la adhesión con el viejo expediente de dirigir el malestar hacia el enemigo, que hoy parece ser el extraeuropeo que se ha instalado en la ciudadela como inmigrante y que amenaza nuestra prosperidad con su intolerable pretensión de acceder a nuestro nivel de vida”.
Coincido, como casi siempre con Fontana, en que no va a ser fácil cambiar esa racista forma de ver y de vernos, pero es perfectamente posible. Histórica y sociológicamente está demostrado que cuando el egoísmo y el miedo son la apelación, la solidaridad actúa como los buenos hechizos: los desvanece.
Y los desarma, sabiendo, como sabemos que la solidaridad consiste, precisamente, no en serlo de forma cercada, sino abierta y que se dirige hacia personas con quienes no tenemos por qué compartir entorno, género, ni etnia.
Así que usémosla, a raudales, porque a la extrema derecha, sus partidos, voceros, influencers y medios de comunicación, este país no les importa. Quisieran hacer con él lo que Milei con la Argentina: venderlo. No olviden ustedes nunca que su agenda, su única agenda, es cambiar la democracia por una oligarquía.
Son unos vendepatrias.
Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.