Opinión
La victoria de Mamdani contra el cine sobre los EEUU de hoy

Por Guillermo Zapata
Escritor y guionista
En los últimos meses se han estrenado tres películas que han nacido con la vocación inequívoca de hablarnos de los EEUU hoy. Eddginton, de Ari Aster, Una Batalla Tras Otra de Paul Thomas Anderson y Bugonia, de Yorgos Lánthimos. Son tres películas distintas en muchas cosas, pero todas comparten algunos elementos. Son representaciones de la decadencia de los Estados Unidos y su espiral hacia el fascismo trumpista. Son intentos de lidiar con diferentes formas de conspiranoia y de disolución de la noción de verdad. Son películas que dan cuenta de una derrota profunda. Las tres comparten (con sus matices) el tono. Tienden a jugar con la comedia y la violencia. De esa mezcla concreta la que sale mejor parada es Bugonia y seguramente la más exitosa en el conjunto es Una Batalla Tras Otra, que consigue mantener, dentro de la evidente decadencia, una tensión con el presente, con las nuevas generaciones y con las luchas que no la despeña por la pendiente del conformismo y el cinismo, algo en lo que por desgracia acampa Eddington, que seguramente sea la apuesta más reaccionaria de las tres. Reaccionaria no en el sentido de que sea una película pro Trump, pero si que en su búsqueda constante de una suerte de paralelismo entre opuestos termina por quedarse en una especie de centrismo muy poco atinado.
Es difícil no ver las llamadas entre unas y otras habiéndose producido de manera muy distinta en procesos ajenos entre sí que han cristalizado este año, pero que en algunos casos como la película de Paul Thomas Anderson o la de Aster llevan mucho tiempo en desarrollo y siendo Bugonia un remake de una película surcoreana. Uno de los elementos que las hermana es la crisis de los EEUU cómo la crisis del hombre blanco heterosexual absolutamente incapaz de relacionarse con el mundo si no es a través de ficciones épicas totalmente ensimismadas, en Bugonia añadiendo además un sugerente punto de vista de clase y en Una Batalla Tras Otra situando esa crisis con eficacia tanto al lado izquierdo (con el personaje de Leonardo Dicaprio) como al derecho (con el personaje de Sean Penn). El otro elemento que hermana a las tres películas son personajes femeninos incomprensibles para los protagonistas masculinos, extrañadas del mundo y en fuga.
La cultura de la decadencia, la sobredosis de distopías, la disolución de la realidad, la incapacidad de encontrar un "nosotros" en un mundo en crisis, son las señas también del cine de prestigio actual, especialmente en los Estados Unidos. Que no se me malinterprete. No hablo de malas películas. De hecho Una Batalla Tras Otra y Bugonia son de mis películas favoritas de este año. Hablo de que a veces, a quienes levantamos en los mayores altares porque nos hablan de "lo real" y lo problematizan están teniendo una mirada parcial sobre la realidad.
La noche que Zohran Mamdani ganó las elecciones a la alcaldía de Nueva York vi muchos memes con lemas tipo "Woke is back", "Woke 2: La venganza". La campaña de Mamdani no puede existir en el interior de la tres películas que supuestamente nos hablan de la América de hoy. Aunque algo así pueda estar en Una Batalla Tras Otra y su idea de herencia de luchas, uno al verla tiene más la sensación de que habla de la relación entre un padre y su hija que de ninguna revolución realmente existente.
Es una campaña y una propuesta que no parece existir en el interior de esos universos y, sin embargo, irradia esperanza y se construye mostrando unos EEUU tan reales y tan ocultos como los que estas ficciones querrían representar.
Las pasiones que llenan la campaña también son las contrarias a las de las películas. Al aislamiento, comunidad, a la disolución de los lazos, universalidad y derechos sociales. Al machismo decadente y violento, alegría feminista y decolonial. A los EEUU blancos y violentos, los EEUU diversos construidos por migrantes que viven en y por la paz. Al aislamiento, encuentro. A la tristeza, alegría. Al todos contra todos como pesadilla, lo común fundado en derechos. Al bulo, no la verdad objetiva, sino la historia en primera persona.
La campaña de Mamdani es así, porque las revoluciones se hacen siempre con los mismos materiales. Hace unas semanas escuché al activista contra el cambio climático y responsable de salud y cambio climático del Ministerio de Sanidad una frase que me parece fundamental en este momento: "Prefiero esperanza sin utopía, que utopía sin esperanza".
Quizás lo que más echo de menos de la cultura actual es que, utópica o distópica, carece de esperanza. Y la esperanza ya está aquí.
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