Opinión
Violencia en quirófanos o consultas

Periodista
-Actualizado a
Entrar a un quirófano, que te anestesien… y que el cirujano te viole. No es una pesadilla ni una exageración: es lo que le ha ocurrido a una mujer en Murcia. Él está detenido, pero porque dos enfermeras decidieron grabarlo todo en un móvil. Sin ese vídeo, probablemente hoy estaríamos hablando de "presunción de inocencia" y de "dudas razonables", no de una agresión sexual.
Esto vuelve a poner sobre la mesa dos verdades incómodas. La primera: por qué a algunos hombres siempre les molestó tanto el debate sobre el consentimiento. Se burlaban porque sabían que tenían un atajo. Aprendieron a saltarse la voluntad, a anularla. Ya no hace falta forzar: basta con sedar, medicar, echar droga en una bebida, aprovechar un estado de indefensión. Ahí están los casos de mujeres a las que les borraron la conciencia o a Gisèle Pelicot. Cuando tienes poder, información y control sobre el cuerpo de otra persona, el consentimiento deja de importarles.
La segunda verdad es aún más brutal: ¿qué habría pasado si esas enfermeras no hubieran grabado la violación? Exactamente lo mismo que en tantos otros casos. El testimonio de la víctima, o incluso de testigos, habría sido puesto en duda. Porque nuestra palabra no tiene el mismo valor que la de ellos. Porque siempre está el: "Se lo inventa". "Exagera". "Quiere llamar la atención". El mantra reciclado de siempre: las denuncias falsas, las brujas, las mujeres que supuestamente denuncian para arruinar vidas y ganar dinero.
Lo espeluznante es que esto no ha sido ocasional. Y que, cambiando procedimientos, muchas mujeres han visto cómo machistas sin escrúpulos (porque a esos no se les pueden llamar ni profesionales) han utilizado tener el poder de la información más vulnerable de sus pacientes, siempre mujeres, y tener el poder de acceder a su cuerpo para agredirlo. Insisto, eso no es ocasional, y es injusto citar aquí sólo unos cuantos. Pero pongan en Google "médico" y "agresión sexual", y no les pararán de salir noticias. Prácticamente, a varias por año. Enero de 2025: "Un médico de un centro público de Las Palmas admite que abusó sexualmente de 26 pacientes". Marzo de 2025: "El juez ordena el ingreso en prisión de un médico por agredir sexualmente y grabar a siete mujeres en Valladolid". Diciembre de 2022: "Un médico reconoce que abusó de 32 mujeres en la consulta de un centro de salud de Zaragoza". Julio de 2022: "Condena de 48 años de prisión a un médico por abusos sexuales a 10 pacientes en Canarias"
Por supuesto esto no va a generar una ola de pánico donde la inmensa mayoría son profesionales, pero sí que esta noticia remueve por vivencias anteriores. ¿Cuántas podemos contar revisiones, gestos o frases violentas o desagradables mientras estábamos en una consulta, aún más cuando estamos completamente expuestas en nuestra intimidad? Comentarios fuera de lugar, manos que se alargan, silencios que pesan, frases que te hacen dudar si exageras o que "así es la medicina". ¿Cuántas mujeres que hayan pasado antes por este cirujano estarán dudando ahora de si fueron violadas? Eso es terrorífico.
A los de las denuncia falsas y los del not all men (pero siempre men) si tuvieran decencia se les debería de caer la cara de vergüenza. Negacionistas que, en cambio, pueden ir muchos más tranquilos a consulta que nosotras. De la misma manera que están tranquilos en el trabajo, en la calle o en el gimnasio. Esto no es mala suerte, ni excepciones, ni monstruos sueltos: es machismo estructural. Pero esto apenas saldrá de aquí porque hay medios que se han dedicado a hacer estos días espacios para hablar de denuncias falsas. Y mientras se siga dudando de la palabra de las víctimas y deshumanizando nuestros cuerpos, la violencia contra las mujeres seguirá entrando en quirófanos y en casas.
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