Opinión
¡Viva mi libertad, carajo!

Por Toni Mejías
Periodista
“Es curioso porque yo solía decir: hey, si vas a Gaza siendo gay, te tirarán de lo alto de algún edificio, pero ahora no les queda ningún edificio alto". Esta frase tan deleznable, pronunciada entre risas y vítores, no forma parte de un especial de comedia de Netflix ni nada de eso. Es parte de uno de los debates/charlas que ofrecía el influencer ultraderechista Charlie Kirk antes de ser asesinado el pasado 10 de septiembre en Utah. Su historial de odio es largo. Defendía que incluso la muerte violenta de niños en escuelas valía la pena por su derecho a portar armas. Difundía su desprecio hacia todo el que no pensara como él a lo largo y ancho de Estado Unidos. Pero tras su muerte se nos pide al resto que tengamos empatía. Un sentimiento que, según sus palabras, era un invento woke.
No vengo a justificar su muerte. No creo que para nadie sea agradable ver un vídeo como el de su asesinato. Ni pienso que sea positivo para el clima político actual y menos para la gente de izquierdas, ya que no somos ni quienes tenemos el poder ni las armas en su gran mayoría y a ese nivel tenemos todas las de perder. Pero sí pienso reivindicar el derecho a no sentir pena o incluso poder hacer bromas o memes sobre este hecho. Porque, de repente, aquellos que nos llaman “subcampeones del 36”, que agreden mientras se graban a periodistas o cómicos, que amenazan impunemente por redes sociales, que hablan de que van a enterrarnos en cunetas, … De repente esas personas que coreaban “a por ellos” cuando la policía salía camino a Catalunya tienen la piel muy fina y se ofenden por unas bromas sobre un asesinato a miles de kilómetros de casa de una persona que no conocían hace dos días.
Ahora es su referente moral e ideológico. Abascal, Tellado y cualquier nazi hablan de él como si no fuera un completo desconocido para ellos hasta que recibió un disparo y vieron que podían sacar rédito político de ello. Solo hay que buscar cuántas menciones hicieron en sus redes sociales sobre Charlie Kirk antes del pasado 10 de septiembre. Spoiler: ninguna. Pero parece ser más ofensivo un meme que aprovecharse de él para hacer campaña política sin que te importe ni lo más mínimo. “¡Era un padre de familia!” gritan como si eso justificara todo su odio. Como si la familia fuera de su propiedad y solo se entendiera como ellos la ven. También George Floyd era un padre de familia y Charlie Kirk no tuvo ningún reparo en llamarlo escoria, en decir que no merecía la atención mediática que estaba recibiendo y en decir que murió de sobredosis sin prueba alguna, cuando las imágenes y la autopsia dejan claro que falleció asfixiado por la policía. Pero ahora debemos callar, guardar respeto y rezar dos padrenuestros.
Resulta que aquellos que manosean la palabra libertad y la hacen un eslogan de sus campañas electorales son los que menos libertades conceden a los que no piensen como ellos. Esta semana vimos cómo Donald Trump censuraba al presentador y cómico Jimmy Kimmel por hablar en su programa de Charlie Kirk. No hizo ninguna broma sobre él ni nada de eso. De hecho, lo único que dijo fue que los seguidores de Trump (MAGA) están buscando sacar provecho de su muerte. Obvio que eso para ellos es peor que una dosis de humor negro. Así que la tierra de las libertades ha decidido censurar al cómico y apartarlo. Que sirva como aviso al resto: ellos pueden hacer y deshacer a su antojo y el único relato y la única verdad es la que ellos impongan, también desde medios privados.
Otra garante de la libertad ante el malvado comunismo es Isabel Díaz Ayuso. En cambio, esta semana ha prohibido a las escuelas que cuelguen banderas palestinas. Esto sucede pocos días después de condenar hasta extremos absurdos las protestas en la etapa final de la vuelta ciclista a España que terminaba en la comunidad que preside. Dice que no quiere adoctrinamiento en el aula y podría ser una razón de peso sino fuera porque hace poco tiempo impuso que en los centros educativos se colgaran banderas y eslóganes de apoyo a Ucrania. Pero qué esperar de quien duerme con un defraudador confeso, pero ve detrás de todo ello una persecución de los aparatos del Estado. Y hay quien le compra este discurso.
Por último, quien más hizo de la libertad su bandera fue el presidente argentino Javier Milei, pero no ha tenido reparos en pedir al juez que se prohibiera la difusión de audios de su hermana (y mano derecha) donde se demostraba la corrupción en su Gobierno y en su familia. Es el enésimo intento de censura a quien vaya en su contra por parte del mandatario que tanto habla de libertad en su discurso.
Hay algo que tienen en común los tres presidentes. Charlie Kirk solo les importa para su causa. Les da igual su familia, su muerte y todo lo que le rodea. Han de politizar el dolor, señalar a la izquierda y pintarnos a nosotros de violentos cuando somos los que sufrimos mayoritariamente esa crueldad. Al igual que la única libertad que les interesa es la suya. La de sus ideas, la de su religión, la de su economía. Todo lo demás es censurable y perseguible. Ríe cuando ellos quieran, llora cuando ellos quieran, pero vótales porque te van a salvar de las garras opresoras y censoras del comunismo. Acabarán sin reparos y gritarán: ¡Viva mi libertad, carajo! Y todavía quedará quien aplauda.
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