Opinión
Vox y el llanto del toro

Por Anibal Malvar
Periodista
Está el toro de España desolado. Hay sangre de macho en la arena. Las toquillas se desmoronan sobre las cabezas de las señoras de antaño. Vox se está quedando sin virilidades patrias. Se conoció esta semana la resolución judicial que certifica que Javier Ortega Smith ha sido definitivamente apartado de la portavocía ultra en el Ayuntamiento de Madrid. Señor, señor, llévame pronto.
Si una cosa tenía el Vox naciente era un casting fabuloso de deuteragonistas de Santiago Abascal y de actores secundarios. Smith era todo machura, dos metros de falocracia andante, empotradora y feroz. Cuando el Ejército español le permitía usar sus fusiles de asalto HK G36, calibre 5,56 mm, los pajarillos fallecían antes de que disparara.
Iván Espinosa de los Monteros, descendiente de un nazi de los de verdad, de los que estrechaban la mano de Adolf Hitler, con su porte de caballero prusiano o austrohúngaro parecía siempre a punto de mandar a mil soldados niños a una batalla mortal. Su esposa, Rocío Monasterio, iba rompiendo espejos con su belleza de madrastra de Blancanieves. Y Macarena Olona, ay, Macarena, hablares viperinos y mirada venenosa como una niña envejecida de la familia Monster, efluía sarcasmo vitriólico cual un Quevedo iletrado. Al lado de todos ellos, Abascal quedaba como un vulgar señorito escopetero buscando santos inocentes a los que humillar y milanas bonitas a las que asesinar.
Cómo se los echa de menos. Todos han sido fulminados. Y, para más escarnio, en su lugar nos han puesto a Ignacio Garriga, dentista y negro (con eso os digo todo), y a José María Figaredo, sobrino del defraudador Rodrigo Rato, voz atiplada, verbo manierista de repelente de la clase, gestualidad melindrosa que avergonzaría hasta a las cabras menos furrielas de la legión. Hay más testosterona en un morrito de Rocío o Macarena que en cinco Figaredos juntos. Y esto de Vox va mucho de testosterona.
Que esta razzia de talentos no descalabre a Vox en las encuestas es algo que me desazona. Me hace sospechar que el votante de nuestros más afamados ultras carece de buen gusto e inteligencia emocional, aparte de la otra. Los nuevos dirigentes meten menos miedo que los danzarines maquillados del Bolshoi. Y lo de Vox también va de meter mucho miedo.
Cuestiones estéticas al margen, es bastante inexplicable que estos notables paradigmas del fascismo moderno no tengan cabida ya en Vox. Por mucho que rebusco en las hemerotecas, no han hecho nada para merecer el ostracismo.
Los pobres, de dolor, han perdido hasta el oremus. Es desternillante que todos los apestados dijeran a toro pasado que la razón de su condena fue el haber criticado la falta de democracia interna del partido. Pero si Vox nació para destruir la democracia, almitas de cántaro. Macarena Olona escaló más altas cimas. De repente, descubrió que Vox era machista. Hay que asumir, sin desmerecer sus muchas virtudes, que Macarena es un poquito despistada y medita con retraso.
Una prueba de la decadencia intelectual de Vox tras la depuración de sus más finos talentos es la mierda de acuerdo de gobierno que han firmado en Andalucía con Juanma Moreno Bonilla, moderado de boquilla.
La mal llamada macroconsejería de turismo, justicia, administración local y desregulación es un sindiós batiburrante. El turismo ya destruye por sí solo, no necesita aportación de Vox. Con la justicia, no serán capaces de superar el golpismo que ya están ejerciendo algunos jueces. En administración local gozarán de carta blanca para descuidar dineros, pero no podrán jactarse de sus latrocinios. Y lo de la desregulación es demasiado papeleo para gente poco afecta a leer y escribir.
Tendrían que haber exigido una consejería de Tauromaquia, Desbandás, Explotación de Migrantes y Cunetas, que es lo que demanda urgentemente Andalucía. Ahí sí podrían desarrollar sus ilimitados talentos.
Como supongo que os ocurre a todos los lectores de Público, España lamenta las ausencias de Iván, Smith, Rocío y Macarena. Y llora el toro español por tanta sangre macho derramada.
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