Opinión
Vox y el Remigration Summit

Por Miguel Urbán
El pasado sábado, en Figueira da Foz, a 135 kilómetros al sur de Oporto, líderes e influencers ultraderechistas de Europa, Estados Unidos y Canadá se encontraban en la segunda edición del Remigration Summit. La convención más racista de los muchos encuentros europeos que suele realizar la extrema derecha, a la que no se atreven a aparecer partidos como Fratelli d’Italia, Reagrupación Nacional o Chega.
Entre los asistentes destacaron el exjefe de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, Gregory Bovino; el supremacista blanco estadounidense Jared Taylor; cargos electos de partidos como Alternativa para Alemania (AfD), así como los portavoces de Vox de Emergencia Demográfica y Políticas Sociales, Rocío de Meer, y el portavoz adjunto en el Congreso de los Diputados, Carlos Hernández Quero.
El propio Bovino, invitado estrella, dejaba claro el objetivo fundamental de la convención en una rueda de prensa improvisada en la entrada: “Estoy muy contento de venir y aportar mi experiencia a los europeos” para hacer frente a “los inmigrantes ilegales que destruyen la cultura europea”. En este mismo sentido, Lena Kotré, miembro del Parlamento de Brandeburgo por AfD y en el punto de mira de las autoridades de su país por sus vínculos con neonazis y por repartir en mítines armas de defensa personal, afirmaba en la convención: “Tenemos derecho a nuestro hogar, no simplemente a sobrevivir frente a la gente de África y Oriente Medio que nos viola y nos asesina”.
El eje de la convención, como su propio nombre indica, es la remigración, un concepto de la sociología moderna que hasta hace poco describía el fenómeno de las personas que regresan a su país de origen tras un periodo viviendo en el extranjero. Pero que una parte de la ultraderecha más neofascista lleva años intentando apropiarse ideológicamente de él y reinterpretándolo en clave etnoidentitaria, con la intención de defender la expulsión de refugiados, peticionarios de asilo, extranjeros y también de ciudadanos con nacionalidad europea y de origen migrante.
El concepto de remigración saltó a la opinión pública a raíz de una reunión secreta en Potsdam, en 2023, destapada por la red periodística Correctiv, en la que dirigentes de Alternativa para Alemania, miembros del grupúsculo neonazi Generación Identitaria y empresarios discutieron un plan de remigración que consistía en la expulsión de millones de personas fuera de Alemania. Así, una palabra que hasta ahora era casi tabú en una Alemania marcada por su pasado nazi se ha convertido rápidamente en uno de los elementos clave del programa electoral de AfD, segunda fuerza en el Parlamento y en crecimiento. Una medida que persigue asegurar la homogeneidad racial y cultural mediante la expulsión del país no solo de las personas migrantes, sino también de ciudadanos con pasaporte alemán y origen migrante. Un concepto hasta hace poco marginal, pero que se está imponiendo en una ultraderecha que radicaliza cada vez más su discurso antiinmigración.
El gran ideólogo del concepto de remigración es el miembro de Generación Identitaria, el austriaco Martin Sellner, que, a pesar de estar vetado en varios países europeos como Alemania, consiguió estar presente en el encuentro de Figueira da Foz, en Portugal, donde afirmó que: “tenemos una relación muy neurótica con nuestra propia etnia, con nuestra propia identidad etnocultural, y creo que debemos superar eso”, haciendo un llamamiento a los europeos para que superen su “complejo de culpa” y su “autodesprecio” derivados del “consenso de la posguerra”.
De hecho, el auge del concepto de la remigración no podría entenderse, en cierta medida, sin la desarticulación de la supuesta idea cívica de Europa creada después de la posguerra y el regreso de elementos étnico-culturales condensados en el concepto de “blanquitud”, donde la inmigración, especialmente la musulmana, aparece como una amenaza para la cultura y el modo de vida europeo. Esta situación ha favorecido que se conforme una propuesta política autoritaria de exclusión y carácter diferencialista, que apela explícitamente a la discriminación de sectores sociales según su origen o pertenencia cultural, y que va penetrando de tal forma en la raíz de la sociedad que contribuye a justificar la expulsión, de manera más o menos explícita, de los sectores que consideran ajenos a su idea de comunidad.
Aquí es donde el concepto de “remigración”, como mecanismo de expulsión de los considerados cuerpos “ajenos” étnica y culturalmente para lograr una supuesta homogeneidad, gana cada vez más fuerza en los discursos y propuestas de una extrema derecha europea cada vez más condicionada por la neurosis identitaria.
Además, es importante señalar que este tipo de encuentros suelen ser espacios privilegiados de coordinación de redes continentales neofascistas, como se demostró en el pogromo de Torre Pacheco, donde la plataforma europea Deport Them Now, nacida después del Remigration Summit 2025 en Milán, fue clave para la difusión de bulos y la organización de las razias en Torre Pacheco a través de sus canales de Telegram.
De hecho, el ultraderechista portugués Afonso Gonçalves, dirigente de Reconquista y organizador del Remigration Summit, expresó su apoyo a las cacerías de migrantes organizadas por la ultraderecha en Torre Pacheco, afirmando desde su cuenta en la red social X: “Quiero dejar un sincero mensaje de ánimo a los españoles que defienden a su pueblo de las consecuencias del multiculturalismo y la inmigración en Torre Pacheco y otras localidades. Hoy, quienes aman a España y a Europa saben que solo aquellos que son des
La presencia destacada de Vox en el Remigration Summit, con dos de sus líderes nacionales más importantes hoy en día, mientras ningún otro de sus aliados europeos de Patriotas por Europa participaba en el encuentro, es una muestra más de la radicalización etnoidentitaria que está atravesando a los de Abascal, empeñados en incorporar su nuevo fetiche, la preferencia nacional, en todos los acuerdos de cogobierno con el Partido Popular.
De esta forma, la preferencia nacional sirve para cuestionar no solo el derecho de las personas a tener derechos, sino también el propio significado de lo que supone ser español. Así, los elementos etnoidentitarios implícitos en la idea de remigración se hacen más explícitos a la hora de determinar quién es español y quién puede “beneficiarse de la preferencia nacional”. Porque la preferencia nacional funciona como la antesala de la expulsión, en donde la ciudadanía se convierte en un privilegio condicionado a una supuesta pertenencia etnocultural.

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