Opinión
Entre coplas, 'misses' y admirados corruptores

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Alberto Durán es el abogado-jefe de la asesoría jurídica del PP que ha representado en el Tribunal Supremo a la acusación popular en el caso mascarillas que ejerce el partido que preside Alberto Núñez Feijóo. Es cierto que Durán tuvo sus más y sus menos con la dirección que echó a Pablo Casado por la ventana de la calle Génova para colocar en el liderazgo al expresidente gallego, pero todo aquello debió de subsanarse y Durán -que se lió entonces con unas cosillas de Bárcenas y la condena por corrupción del PP como “partícipe a título lucrativo” que no gustó nada a Feijóo- sigue encabezando la estrategia jurídica del principal partido de la oposición parlamentaria. Desde luego, con méritos acreditados.
El acusado Koldo García informó al final del juicio por las mascarillas que Durán le había ofrecido un pacto a cambio de que mintiera y culpara de las diez plagas bíblicas al Gobierno y al PSOE. Si lo hacía y echaba una mano a los intereses de Feijóo, contó Koldo a los magistrados del Supremo, su caso quedaría en nada o en muy poco. El que fue hombre para todo de José Luis Ábalos cuando el exministro de Transportes era la todopoderosa mano derecha de Pedro Sánchez en el Ejecutivo y en el PSOE no aportó prueba alguna de este supuesto chantaje, aunque también dijo que la UCO no le permitía acceder a los dispositivos móviles donde estaba todo probado. De los 27 dispositivos incautados por la UCO en casa de Koldo y en una grandilocuente operación que ya habría querido Pablo Escobar para lo suyo, el ex colaborador de la Guardia Civil -ironías de la vida-, explicó que solo tiene acceso a seis dispositivos para su defensa.
Durán, el abogado del PP en el caso mascarillas, acusación popular, tiene toda mi consideración como letrado creador de relatos sin escrúpulos, que para eso le paga Feijóo, digo yo. Desconozco si es cierto lo que dice él o lo que dice Koldo, éste que me merece la misma credibilidad que el letrado del PP después de dar entrevistas lastimosas en medios de comunicación mintiendo y culpando a su exjefe Ábalos, al PSOE o al Gobierno de sus presuntos delitos y/o inmoralidades y retractándose después ante el Supremo en una clara intención lastimera y hasta plañidera.
Ninguna duda sobre la responsabilidad política de Ábalos y Koldo, incluso de la penal tras las pruebas, constatando que se pegaron la cutrevida padre en sus años de poder y desenfreno durante el primer Gobierno de Pedro Sánchez, subvencionados por un Aldama consciente de la debilidades (un decir) de Ábalos. Por lo mismo, y sin olvidar que en estos mismos momentos se juzga la operación Kitchen y la calaña de quienes buscan el fin del poder institucional que no sea el suyo a costa de los medios que hagan falta, incluidos los nuestros, ¿por qué vamos a descartar que el jefe de la pomposa asesoría jurídica del PP -experto en concursos de belleza femenina, por cierto- ofreciera atenuantes considerables a Koldo a cambio de tumbar a Sánchez? Al fin y al cabo, sean los tiempos de la corrupción de Gürtel, Bárcenas o la Kitchen, el abogado estrella del PP siempre estuvo allí, hoy elogiando al corruptor Aldama, porque nunca se sabe dónde acabará el mártir de Desokupa, entiendo.
Las coplas de Luzón, añejas pero bien traídas (“¿De dónde saca pa’ tanto como destaca?”), nos recuerdan, no obstante, que no es el fiscal-jefe de Anticorrupción -dicen los malpensados que aspirante a fiscal general del Estado- quien debe clamar en su alegato acusatorio por la maltratada ética política e institucional aludiendo a cuestiones fuera de la causa de las mascarillas, por ciertas que sean, sino presentar las pruebas sobre esas millonarias cuentas y contratos adulterados que dicen que nutren esa gran “organización criminal” Aldama-Ábalos-Moldo. Ética al gusto (o disgusto) y delitos penales estrictamente probados casan mal en el esfuerzo por la credibilidad de las instituciones, con copla de Luzón o sin ella.
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