Opinión
Elon Musk quiere fundar su propio Partido

Por Miguel Urbán
Esta semana se aprobaba en el Senado, tras cuatro días de tensa discusión en el Capitolio y por la mínima, la ley fiscal "grande y hermosa" de Donald Trump. La One Big Beautiful Bill (BBB) necesitó del voto de desempate del vicepresidente JD Vance para salir adelante y ha asumido tantos cambios que ha tenido que volver a ser discutida en la Cámara de Representantes, donde ha sido finalmente aprobada por cuatro votos de diferencia. A pesar de que varios congresistas del ala más dura del Partido Republicano, tradicionalmente contrarios al aumento del gasto público, amenazaran con retirarle su apoyo.
La ley fiscal, una de sus grandes promesas electorales, se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para Trump, y no solo por las maniobras dilatorias de la minoría demócrata en ambas cámaras —en el Senado forzaron la lectura en voz alta de las 940 páginas del texto durante más de quince horas—, sino, sobre todo, por los disensos internos que está generando dentro de sus propias filas. Así, en pocos meses, la BBB ha conseguido erosionar la imagen de apisonadora trumpista que logró no solo moldear el Partido Republicano a su medida, sino también alcanzar un histórico resultado en las elecciones de noviembre, con mayoría en el Congreso y el Senado.
Aunque quizás la ruptura más sonada a raíz de esta ley ha sido la de Trump con Elon Musk. Su hasta hace un mes consejero áulico y número dos del trumpismo se ha convertido, de la noche a la mañana, en su principal rival público. En el primer trámite de la BBB en el Congreso, Musk lanzó una ofensiva desde su red social X, calificando la legislación de "locura", "escándalo" y "abominación repugnante". Llegó incluso a escalar el conflicto atacando directamente a Trump, al insinuar su participación en la "lista Epstein" y sugerir su destitución.
Una semana después del punto álgido del choque en redes —y con las acciones de Tesla en caída libre—, Musk se retractó parcialmente de sus publicaciones más incendiarias y suavizó su tono. No obstante, este pasado lunes, al acercarse la votación en el Senado, volvió a cargar, esta vez contra los senadores republicanos, a quienes amenazó con hacer campaña para que pierdan sus primarias.
Pero la amenaza más llamativa del multimillonario ha sido la posibilidad de fundar un nuevo partido. En sus propias palabras: "Si se aprueba este proyecto de ley de gasto insano, el Partido América se formará al día siguiente. Nuestro país necesita una alternativa al unipartidismo demócrata-republicano para que la gente realmente tenga VOZ". La advertencia de Musk apunta directamente a erosionar la base del trumpismo, rompiendo la unidad del MAGA (Make America Great Again) con las mismas armas y estilo que han caracterizado al propio Trump.
La ruptura ultra entre Trump y Musk no es ni inesperada ni inédita. No es nuevo que Trump rompa con sus colaboradores más cercanos: ningún integrante de su primer gabinete forma parte de su Gobierno actual. Quizá la ruptura más notoria fue con Steve Bannon, quien pasó de ser su estratega jefe a casi ser desterrado a Europa. Aún más significativa, aunque menos mediática, fue la de su hija Ivanka Trump y su yerno Jared Kushner, que pasaron de ser sus principales confidentes a desaparecer tras su falta de apoyo durante la ocupación del Capitolio. Sin embargo, ninguna de estas rupturas, escándalos o polémicas supuso una pérdida de apoyo de su base social como se demostró en las primarias republicanas contra el gobernador de Florida, Ron DeSantis. Empeñado, con su cruzada antiwoke, en arrebatarle a Trump la dirección del MAGA, obtuvo como resultado un rotundo fracaso .
El anuncio de Musk de crear una nueva formación politica que según sus palabras combata el partido único del ¡PORKY PIG PARTY! en referencia a la complicidad entre republicanos y demócratas en la expansión desmedida del gasto público. Se perfila sobre tres ejes clave para distintos sectores del MAGA: primero, un guiño al libertarismo, cargando contra el gasto público y defendiendo el libre mercado frente a la injerencia estatal (como los aranceles de Trump), en sintonía con el presidente argentino Javier Milei; segundo, erigirse como paladín de la "gente común", prometiéndoles "voz real", una narrativa coherente con la compra de Twitter (ahora X) bajo la bandera de la libertad de expresión; y tercero, alimentar la conspiranoia sobre Trump y la "lista Epstein", conectando con sectores del trumpismo abonados a este tipo de relatos.
La ruptura del matrimonio de conveniencia ultra entre Trump y Musk abre un nuevo capítulo con la posibilidad del nacimiento del Partido América. Lejos de ser una simple pugna de egos, estamos ante una disputa política de fondo en el seno de la internacional reaccionaria. Sobre cómo encarar el momento actual de crisis, que muestra intereses divergentes entre diferentes fracciones de mando del capital y sobre cómo utilizar los resortes del Estado en pro de sus intereses. Mostrando la pluralidad de un movimiento reaccionario que a pesar de su apariencia externa dista mucho de estar unificado.
En este sentido, el propio Trump ha contratacado insinuado que las críticas de Musk están motivadas por el recorte a las ayudas públicas aprobadas por Biden para los vehículos eléctricos: "Sin subsidios, Elon probablemente tendría que cerrar la tienda y volver a Sudáfrica". Además, ha amenazado con suprimir todas las subvenciones gubernamentales a sus empresas a través del "Departamento de Eficiencia Gubernamental" (DOGE): "No más lanzamientos de cohetes, satélites ni producción de coches eléctricos, y nuestro país ahorraría una fortuna. ¿Quizá deberíamos hacer que el DOGE le eche un buen vistazo a esto? ¡Se ahorrará mucho dinero!" (…) "El DOGE es el monstruo que podría tener que volver y comerse a Elon. ¿No sería terrible?"
Finalmente Trump se ha salido con la suya, ha conseguido aprobar La One Big Beautiful Bill a tiempo para su firma solemne en la fiesta nacional de este pasado cuatro de Julio junto al presidente de la Cámara, Mike Johnson y del Senado, John Thune. Finalmente Musk ha salido derrotado de esta pelea, incapaz de influir lo suficiente sobre los legisladores republicanos como para impedir la aprobación de la ley de Trump. Pero todo apunta a que esta ha sido la primera batalla de una larga guerra entre los dos antiguos aliados. Hasta el próximo capítulo, el Partido América seguirá siendo, por ahora, una amenaza digital, flotando entre encuestas y posts de X.

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