Marco Rubio despunta como la nueva estrella en el horizonte de las presidenciales de 2028
El secretario de Estado de EEUU parece haberse convertido en el hombre resolutivo de Trump y contrasta con el perfil bajo del vicepresidente JD Vance.

Washington D.C--Actualizado a
Para el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, esta ha sido una semana culminante en el impulso político que está construyendo. Las imágenes de la sala de prensa de la Casa Blanca a rebosar de periodistas que querían hacerle preguntas, y la fotografía con el papa León XIV después de los choques de Donald Trump con el Vaticano, han catapultado a Rubio como el rival más probable de JD Vance para ser el candidato presidencial en 2028. La visibilidad del hispano, que parece haberse convertido en el hombre resolutivo de Trump contrasta con el perfil bajo del vicepresidente JD Vance.
Aunque en política los meses son años y las presidenciales de 2028 están lejanas, esta semana se ha dibujado una clara contienda entre Rubio y Vance, sucesor natural debido a su cargo como vicepresidente. La rueda de prensa del pasado miércoles, en la que el hispano asumió su nuevo rol como secretario de prensa en funciones mientras Karoline Leavitt está de baja por maternidad, fue una constatación de la proyección que está ganando dentro de la Administración.
"Chicos, esto es un caos", dijo Rubio a los periodistas que levantaban las manos en una abarrotada sala de prensa. El hispano de 54 años es el único político profesional en esta segunda Administración Trump, y eso se notó durante la rueda de prensa. Respondió límpidamente las preguntas sobre Irán, Cuba y China, a la vez que desvió con clase aquellas cuestiones que no le interesaban. Un contraste notable con las habituales salidas de tono de Leavitt, y otros miembros del Gobierno, que simplemente optan por atacar la prensa directamente si no les gusta la pregunta. Esto no quiere decir que Rubio contestara las preguntas incómodas, pero las desestimó con la clase propia de un político de carrera.
Esa rueda de prensa, que debería haber sido lo más rutinario del mundo, deslumbró a muchos de los seguidores trumpistas. "Rubio acaba de terminar su primera rueda de prensa en la Casa Blanca y lo ha hecho de maravilla. Este hombre es un serio aspirante para 2028. Estoy muy impresionado con su habilidad para manejar la prensa", escribía el influencer conservador Nick Sotor en X.
El secretario de Estado aprovechó el momento creado con la viralización de su rueda de prensa y el debate que había provocado sobre quién debería ser el siguiente presidenciable del partido republicano para lanzar otro clip en su cuenta de X. "Tengo que preguntarte cuál es tu esperanza para América en un momento como este", empieza el vídeo. El tono y las imágenes que aparecen, inevitablemente, tienen un aire de anuncio electoral. No escapa al detalle que en las secuencias solo aparecen Rubio y Trump y no hay ni rastro de Vance.
A pesar de que toda esta especulación podría parecer una simple fiebre de internet propiciada por el momento, lo cierto es que ya hay encuestas y estudios sobre la rivalidad sucesoria entre Rubio y Vance. Y para mala noticia del vicepresidente, el hispano va ganando. Un focus group conducido por The Atlantic señala que, a medida que transcurrían las sesiones, cada vez más trumpistas preferían al secretario de Estado.
Mientras Rubio estaba en el centro del poder, ya fuera en la sala de prensa de la Casa Blanca o en Roma de viaje oficial, Vance estaba en el corazón del país. El vicepresidente había viajado a Iowa para intentar salvar a uno de sus congresistas de perder el escaño en las legislativas de noviembre. Los temas a tocar, sin embargo, no eran Irán o China, sino anécdotas populares sobre sus abuelos y sus orígenes en el Midwest. Vance cumple con todos los requisitos de aquello que debería gustar a los votantes trumpistas: hombre blanco del viejo cinturón industrial, ahora en decadencia por la globalización, que sirvió en el Ejército y se hizo a sí mismo. Pero, aún así, su figura no acaba de cuajar.
No es casual que esta pantalla dividida entre ambos oficiales del Gobierno se cristalice ahora. En los últimos meses, Vance ha mantenido un perfil más bajo y menos agradecido. Ha evitado pronunciarse abiertamente sobre la guerra de Irán, pues cerrar filas con Trump en este tema era contradictorio. El vicepresidente de 41 años ha sido uno de los defensores más firmes del aislacionismo trumpista y de que Estados Unidos no debía meterse en más conflictos exteriores.
A esto se suman dos episodios especialmente desagradables: por un lado, justificar los asesinatos en Minnesota de los dos ciudadanos estadounidenses a manos de ICE. Un episodio que incluso disgustó a las bases trumpistas. Por el otro lado, está el cuestionamiento de la autoridad del papa. Vance, católico converso, le dijo a León XIV que se lo pensara mejor antes de hablar de teología.
En cambio, Rubio vive en una posición más cómoda. A pesar de que la intervención militar en Venezuela generó un rechazo inicial, el contraste con Irán lo ha convertido en algo a celebrar ahora. Algo que le ha dado rédito a Rubio, que empuja la agenda para provocar también un cambio de régimen en Cuba.


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