Opinión
¿Hay motivo de celebración en Gaza?
Por Leila Nachawati
Doctora en comunicación y conflicto, profesora en el departamento de Comunicación de la Universidad Carlos III. Autora de 'Cuando la revolución termine'.
-Actualizado a
Tras el alto al fuego anunciado por el presidente estadounidense Donald Trump, llegan desde Gaza imágenes de celebración. Niños saltando entre los escombros, familias abrazándose, un periodista riendo mientras comunica de viva voz la noticia entre una población a la que se ha privado, también, del acceso a internet. Las celebraciones no suponen que el plan aprobado para el 10 de octubre sea suficiente, justo o fiable, sino que cualquier respiro es bienvenido entre una población asediada.
Más alivio que celebración
"Por primera vez he podido dormir esta noche. Dormí y no tuve miedo", publicaba en sus redes Renad, la niña gazatí que se hizo conocida por compartir recetas de cocina con los pocos ingredientes que entraban en la Franja.
"Hay más alivio que celebración", cuenta en conversación con Público Salma (nombre ficticio a petición suya), gazatí residente en Madrid desde finales de 2023, cuando vino con su familia como turista y no pudo regresar, tras los atentados de Hamás del 7 de octubre y el asedio israelí de la Franja. "Una parte de mí siente alivio, porque cualquier cosa que suponga que paren las bombas es una buena noticia. Pero nuestra opresión no cesará hasta que veamos una Palestina libre de ocupación", asegura.
En la misma línea se expresa Fadi Salfiti, formador gazatí especializado en conflicto y gestión del trauma, residente desde hace más de quince años en Madrid, con quien también hemos hablado para Público. "En Gaza se vive estos días cierta tranquilidad, una pausa momentánea en medio de un sufrimiento infinito. En el momento en que dejen de caer las bombas la gente que está viviendo una hambruna podrá acceder a alimentos y medicinas, los periodistas podrán informar, los médicos atender a sus pacientes... Pero es tanta la pérdida que no puede haber una felicidad real. Es como quien pierde una pierna y agradece a Dios conservar las manos".
Salfiti incide también en el sufrimiento de quienes viven fuera de la Franja, que "solo logramos conciliar el sueño con pastillas y sentimos el peso de la culpa por no poder hacer más por nuestra gente".
El alto al fuego, de hecho, no fue efectivo en el momento de ser anunciado. Durante el 7 y 8 de octubre el ejército israelí continuó atacando a civiles palestinos, entre ellos a un familiar cercano de Salfiti. "Estaba comiendo con su esposa en Jan Yunis cuando un dron impactó en su pecho. Esa es nuestra normalidad".
Según Isabel Pérez, periodista que residió varios años en Gaza, "el acuerdo de cese al fuego entre Israel y Hamás es un respiro para la población civil, una oportunidad para liberar rehenes, reconstrucción, entrada de ayuda humanitaria". Destaca, en conversación con Público, que supone sobre todo poner sobre la mesa el papel de la comunidad internacional, que "ha intervenido mal y tarde y es, al fin y al cabo, la máxima responsable de lo que ha sucedido en estos años y décadas".
Seguir reclamando justicia
Más allá del alivio que pueda proporcionar un alto al fuego a la población gazatí, el acuerdo impuesto por el presidente Trump no cumple los mínimos reclamados internacionalmente desde hace décadas. No aborda la soberanía palestina, ofreciendo una autonomía restringida a bantustanes mientras que mantiene el control israelí sobre las fronteras, el espacio aéreo y los recursos naturales. Se mantiene el proyecto colonial, sin mención a los asentamientos en Cisjordania y Jerusalén Este, en violación del derecho internacional y la resolución 242 del Consejo de Seguridad Naciones Unidas. No se aborda el derecho al retorno ni se garantiza la circulación de la población palestina, manteniendo de facto el asedio y el sistema de apartheid.
Según Salfiti, "todos sabemos, y ha quedado muy claro en estos dos años, que hay un doble rasero que impide una justicia real para la población. También sabemos que Israel tiende a incumplir sistemáticamente los acuerdos, no solo en Palestina sino en toda la región", asegura, y cita como ejemplo los bombardeos e injerencias en Líbano o Siria, países que Israel ha seguido agrediendo en los últimos meses.
Al desaparecer la baza negociadora de los rehenes, no es descabellado pensar que el gobierno de Netanyahu reanude los bombardeos y mantenga su ocupación de la Franja. Así lo señalaba el periodista Raviv Drucke en el diario Haaretz el 8 de octubre: "¿Seguirá Trump pendiente de Gaza después de esta primera fase para asegurarse de que Netanyahu no reanude la guerra? Es razonable pensar que para entonces habrá perdido el interés".
"Un alto al fuego siempre será una buena noticia para una población devastada, pero no es el fin ni la meta", señala Isabel Pérez. "Este es un momento crucial para que la comunidad internacional se implique y evitar el patrón israelí de cese al fuego –operación militar, cese al fuego– operación militar. Hay que ir más allá de la mediación de crisis 'a la occidental' y buscar una solución a largo plazo, acabar con el bloqueo y cumplir el derecho internacional".
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