Opinión
"No, tú no"
Por Varios Autores
-Actualizado a
EL OJO DE LA MOSCA// JULIÁN HERNÁNDEZ
Cuando reinaba en España un fresco general del noroeste (o sea, que hacía tanto frío como estos días) salía en la tele Torrebruno y cantaba con unos niños
este diálogo que tan amablemente me pasa don Eduardo Arroyo:
–¿Voy contigo?
–¡No, tú no!
De la repetición ad nauseam viven la televisión, los cuentos y la vida en general. De la tele quedan cosas como “¡no siento las piernas!”; de los cuentos se repite el final de Titanic (el barco se hunde...); de la vida se nos viene a las meninges Peláez,
el que se postulaba como delegado de curso. Y aquí, en este último supuesto, es donde más duele la postulación o la pústula.
Peláez vociferaba su vocación mientras el resto de la clase bostezaba y le relegaba a la nada en beneficio de Cristobalito Gazmoño, que era nombrado portavoz general de 3ºC de ESO. Pues eso. ¡Decepción! Un alcalde de Madrid empecinado en la Olimpiada de la Carrera de San Jerónimo cae a la cuneta (¡nada que ver con la ETA!); un himno, desafinado por cirios y marcianos, queda descalificado a tenor de la carencia de tenor; un rally en Dakar pasa a mejor vida porque está amenazado de muerte. Peláez, ahora ejecutivo del Todo a Cien de la esquina, se descojona de la risa. ¿Qué pasa con el que quiere entrar en la pandilla y la pandilla le dice que no? Todos (alcaldes, himnos, Dakar y el de la moto) tenemos que asumir el rechazo:
–¿Voy contigo?
–No, tú no!
A llorar, que son dos días.