Opinión

03 de enero

Por Rafael Reig

-Actualizado a

En la capital del reino vive una princesa encantada que responde al nombre de Esperanza Aguirre. Nuestra princesa ha realizado un diagnóstico certero para que la ministra Bibiana Aído tome nota: los males y las causas de la violencia de género están en los inmigrantes. Apoyamos la iniciativa de erigirle un monumento, pero nos gustaría que figurase en él la inscripción “Esperanza, la princesa que vive del cuento”. Del cuento en el que los fantasmas y los diablillos son los que, con sus opiniones desacertadas, pretenden generar crispación y odio hacia unos colectivos como los inmigrantes, cuya única diferencia substancial con nosotros es no haber tenido la suerte de nacer y vivir en un país democrático. Aunque con líderes políticos como nuestra princesa, comenzamos a dudarlo muy seriamente.

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