Opinión
17 años
Por Eugenio García Gascón
Dentro de apenas unas semanas se cumplirá el diecisiete aniversario del asesinato de Yitzhak Rabin. Es mucho tiempo y puede ser el momento de realizar un balance de su legado.
En primer lugar, se trata de un legado que ha estado sujeto a discusión. Es cierto que Rabin firmó los acuerdos de Oslo con Yaser Arafat, y que su discurso pacifista se truncó con su asesinato el 4 de noviembre de 1995 en Tel Aviv, poco después de que cantara frente a miles de israelíes Shir ha-shalom, la 'Canción de la paz'. No obstante, ha habido historiadores, especialmente israelíes, que posteriormente han discutido que el legado de Rabin fuera la búsqueda real de la paz.
Diecisiete años después, la figura de Rabin pasa casi desapercibida en Israel y no constituye un referente moral o político dentro de las élites, ni tampoco dentro del pueblo llano. Y esto tiene perfectamente sentido puesto que el número de israelíes que aspiran a la paz con sus vecinos árabes ha ido disminuyendo paulatinamente hasta reducirse a un número meramente simbólico.
Sin embargo, dos asociaciones israelíes están preparando concentraciones para marcar el aniversario. Será la primera vez que no sea una marcha unitaria, aunque la gente que se manifiesta es cada año menos, y desde luego su peso políticoi es nulo.
La primera asociación llama a los manifestantes con las mismas demandas que se han hecho anualmente desde el magnicidio, es decir en apoyo de los acuerdos de Oslo y del proceso de paz (un proceso inexistente desde hace ya demasiados años), y en recuerdo de la personalidad de Rabin, especialmente la de sus últimos años.
La segunda asociación pasa por encima del proceso de paz y centra sus demandas en cuestiones de actualidad, como es el racismo creciente contra los palestinos, que en los últimos meses se ha traducido en numerosos hechos violentos, incluidos linchamientos.
Son dos maneras de recordar a Rabin, y las dos están justificadas, pero más allá, lo que caracteriza a los israelíes es una radicalización que el conjunto de la sociedad ha asumido en gran parte, que seguramente ya existía en 1995, pero que ahora es más palpable y está más afianzada.