Opinión
18 céntimos de euro
Por El Mapa Del Mundo
Escaleras sobre el muro de Gaza. La inocencia de los objetos denuncia el tamaño de la destrucción. Los palestinos salen, compran y regresan a su prisión, ciegos como hormigas huyendo de la catástrofe. Dicen que tras un bombardeo los supervivientes no revuelven entre los restos del hogar sino que regresan a donde se sintieron a salvo una vez, a esa casa de la infancia que abandonaron mucho tiempo atrás, por ejemplo. Perdidos. Del retrato de las cosas, el shekel (18 céntimos de euro) que los jóvenes cobran a quien sube la escalera. Las palestinas que acuden a las bodas de los que se quedaron en el otro lado del muro, pagan. Se precipitan las celebraciones. Una marea humana engulló el zoco de Rafah. Los palestinos someten su hambre a las leyes del mercado, quizás sienten que así la trascienden, del mismo modo que el precio trasciende la singularidad de la mercancía. La moneda denuncia la ceguera. Víctimas posmodernas. Tras semanas de bloqueo, años de aislamiento y bombardeos, Olmert aseguró que no permitirá una crisis humanitaria en Gaza. ¿Quedó Abás atónito?. El perverso goza viendo dudar a la gente entre la ley y la transgresión. Su máxima aspiración: que las víctimas nunca acaben de morir. A miles de kilómetros del shekel, en Davos, otros critican la falta de espiritualidad de esta crisis y la del mercado aunque, materialmente, son una tuerca más. Nuevos cínicos. Ya escribió Solszhenitzin: “La violencia sólo pide de nosotros una cosa: participar diariamente de la mentira”.
Martha Zein