Opinión
Una actitud irracional
Por Jesús Maraña
Desde la racionalidad, caben dos actitudes ante una misma realidad: aceptarla como es o intentar transformarla si a uno no le gusta. Es posible, por supuesto, negar la realidad, aunque esa actitud no es racional ni lleva a ninguna parte. La mayoría de los catalanes aceptó que el Estado autonómico podía tener un desarrollo federal a través de la reforma estatutaria que permitiría un encaje cómodo de Catalunya en una España plural. El fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut ha supuesto una profunda decepción para esa mayoría de catalanes (y españoles) que apostaron por la transformación de una realidad que no les gustaba. Quienes se declaran satisfechos con lo ocurrido quizás piensen que han frenado las ambiciones del independentismo y que con el tiempo las aguas de la “conllevancia” volverán a su cauce. Lo cierto es que los representantes de la sociedad civil catalana advierten de unas consecuencias mucho más trascendentes, porque esa mayoría de ciudadanos parece concluir que la España plural es inviable y que no cabe otra actitud que darle la espalda. Que los independentistas se alegren no debe sorprender a nadie. Lo que cuesta entender es la ceguera de quienes pretenden imponer una visión arcaica y reaccionaria de España, convirtiéndose en principales benefactores de sus supuestos enemigos “separatistas” en lugar de intentar atraerlos hacia un proyecto común. No aceptan la realidad ni se esfuerzan por transformarla.